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A 2.700 metros, sin un solo cartel en la ruta: el museo de fotografía que la Puna jujeña esconde entre los cerros

El Museo Entre los Cerros funciona en una casa de adobe frente a Tilcara y, pese a no tener señalización ni publicidad, hoy recibe visitantes de todo el país y de afuera. Conversamos con su fundador, Lucio Boschi, y recorrimos un lugar que se propone como un refugio para los ojos y para los fotógrafos jóvenes del norte argentino.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · 27 de agosto de 2026 · hace 1 h

Llegué a la Quebrada de Huichaira una mañana de julio, con ese frío seco que corta la cara y un sol que ya pega fuerte a las diez de la mañana. En la puerta del museo me esperaba Lucio, un porteño de sesenta años que hace casi dos décadas eligió estos cerros como paisaje propio. Me dijo, mientras abría la tranquera con la misma naturalidad con la que uno abre la de su casa, que la primera visita que tuvo el lugar fue la de unos pibes de la escuela rural de al lado. Y que eso, para él, valía más que cualquier folleto de promoción.

El Museo Entre los Cerros —conocido como MEC— está enclavado sobre la ruta 9, a la altura de Tilcara, en la quebrada jujeña. Lo primero que llama la atención es lo segundo que uno advierte: no hay un solo cartel que lo anuncie desde el camino. No es un descuido ni un olvido. Es una decisión tomada a conciencia por su fundador, el fotógrafo Lucio Boschi, que sostiene una idea tan simple como disruptiva en tiempos de cartelería digital y publicidades en cada esquina: que el público tiene que encontrar el museo por sus propios medios. Y, contra lo que uno pueda imaginar, la fórmula funciona.

Una casa de barro que se hizo museo

Boschi llegó a la zona siguiendo el curso del río Huichaira, atraído por una formación natural del paisaje que lo dejó literalmente parado. Compró un terreno, levantó primero una casa de adobe y, con el correr de los años, fue dándole forma al museo. Inaugurado en 2012, el edificio es de barro, como manda la arquitectura del lugar: paredes gruesas, techos que regulan la temperatura y aberturas calculadas para que la luz del norte entre filtrada y se pose sobre las fotografías colgadas.

La decisión de no señalizar el museo desde la ruta fue, según me cuenta Boschi mientras tomamos un mate en uno de los bancos del patio, casi un gesto filosófico. Considera que la señalización excesiva empaña el encuentro con el arte: lo vuelve trámite en vez de descubrimiento. Por eso, durante los primeros años, casi nadie llegaba. Después aparecieron los guías locales, después los grupos de fotógrafos, y finalmente curadores y directores de museos internacionales que se fueron corriendo la voz en circuitos especializados.

Una colección que se armó a base de cartas y de gestos

  • La colección permanente reúne obras donadas por fotógrafos argentinos y latinoamericanos de primer nivel: Marcos López, Graciela Iturbide, Martín Chambi, Alessandra Sanguinetti, Irina Werning y Rodrigo Abd, entre otros.
  • Para conseguir las donaciones, Boschi escribió cartas a colegas y apeló a los contactos que había cosechado durante años de trabajo internacional en galerías y bienales.
  • El criterio fue siempre el mismo: imágenes que dialogaran con lo andino, con la identidad latinoamericana o con la mirada sobre los propios paisajes.
  • Las obras se exponen de manera rotativa y se renuevan periódicamente, lo que convierte cada visita en una experiencia distinta.

Más allá de la colección, el MEC funciona hoy como un verdadero centro cultural de la Puna. Tiene biblioteca especializada en fotografía, ofrece talleres, recibe artistas en residencia y sostiene un programa gratuito de formación destinado a jóvenes fotógrafos de las provincias del norte. Para una zona donde las oportunidades de formación artística suelen ser escasas, este punto de encuentro es mucho más que un museo: es una plataforma de lanzamiento.

“Los primeros que vinieron fueron los chicos de la escuela de al lado. Después se corrió la voz entre los guías, entre los fotógrafos, y hoy viene gente de todo el país y del exterior. Prefiero que el museo se encuentre, a que se consuma.”Lucio Boschi, fundador del Museo Entre los Cerros

Para quien quiera visitarlo, la referencia más práctica es la ruta 9, pasando Tilcara en dirección a la quebrada. Conviene ir con tiempo: las salas invitan a detenerse, los bancos están puestos para mirar despacio y la luz natural cambia el aspecto de las fotos según la hora. Un dato útil para no perderse: los GPS no siempre están actualizados en los tramos finales de los caminos de ripio del cerro, así que lo mejor es preguntar en Tilcara antes de tomar el desvío. Yo, en lo personal, recomiendo llegar al mediodía, cuando el sol entra justo y se pueden abrir las ventanas de adobe para que entre la brisa de la quebrada.

Cierro la nota con la misma sensación con la que me fui del museo, esa mezcla de asombro y de bronca tibia. Asombro porque todavía existen lugares así en la Argentina: silenciosos, serios, profundamente generosos, sostenidos por gente que cree en lo que hace sin pedir permiso. Bronca tibia porque un espacio cultural de esta jerarquía, que recibe visitantes internacionales y forma jóvenes artistas del norte, siga sin un cartel en la ruta y sin un mínimo apoyo logístico del municipio de Tilcara o del gobierno de Jujuy. La decisión estética de no promocionarse es de Boschi y la respeto; lo que no puede ser es que el Estado tampoco haga nada para que la gente lo encuentre. Le pido al municipio de Tilcara, con el respeto del caso, que garantice al menos la señalización vial mínima sobre la ruta 9 y el mantenimiento del camino de acceso. Es una inversión chica para un atractivo enorme: este museo merece que cualquiera que pase por la Quebrada pueda decidir, con un simple cartel a la vista, desviarse y entrar.

RA
Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

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