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A los 49 años y con cinco ascensos en el lomo: Mario Sepúlveda vuelve a la cancha en el Prefederal de Neuquén

El histórico jugador, que había anunciado su retiro en 2023, se sumó a Centro Español de Plottier casi por casualidad y empujado por la emoción de sus hijas. La noticia sacudió al básquet argentino y reabre el debate sobre los límites del cuerpo y la vigencia de los ídolos.

Por Tomás GalarzaDeportes · 31 de agosto de 2026 · hace 1 h

Plottier, la ciudad neuquina que desde hace décadas se acostumbró a ver a su Torito deambulando por las canchas de la Patagonia, es el escenario de una historia que no termina de sorprender a nadie y, al mismo tiempo, deja boquiabierto a más de uno. Mario Sepúlveda, uno de esos basquetbolistas forjados en el rigor del ascenso y curtido en mil batallas, volverá a calzarse zapatillas competitivas a los 49 años, con un currículum que incluye cinco ascensos a la Liga Nacional y un retiro formal anunciado en 2023, cuando finalizó su último paso por el Federal. Lo hará en el Prefederal de Neuquén, con la camiseta de Centro Español, un club que conoce de memoria porque también allí se formó como jugador y al que regresó hace tiempo para empezar a transitar el costado dirigencial y formativo.

Un regreso que arrancó "sin querer queriendo"

El propio Sepúlveda se encargó de desactivar cualquier épica anticipada y describir el origen del retorno con una frase que, en el habla rioplatense, resume mejor que cualquier título la cadena de casualidades: "Fue sin querer queriendo", reconoce, como si la decisión se le hubiera ido armando de a pedazos, casi sin que él mismo se diera cuenta. Después de colgar los botines, intentó sostener una rutina física por su cuenta, pero el gimnasio solitario no le alcanzaba: iba cuando podía, salteaba semanas, perdía continuidad. La rutina cambió el día que empezó a sumarse a los entrenamientos de la Sub 21 del club los lunes, miércoles y viernes. Esa regularidad le devolvió algo que creía haber dejado en 2023: el ritmo de competencia. "Me propuse jugar la segunda parte del año con los chicos y me encontré que había Prefederal. La responsabilidad y la exigencia escaló mucho más de lo que pensaba", admite sobre el salto que terminó dando.

Como decía un viejo dirigente de barrio cuando un jugador de experiencia se sumaba a un plantel joven: lo que empieza como una presencia simbólica, si la pretemporada se hace bien, se termina transformando en una referencia cotidiana. En el caso de Sepúlveda, la transformación fue todavía más profunda porque la decisión la empujaron sus propias hijas. Juana, de 17 años, futbolista en Talleres, y Charo, de 14, basquetbolista en el mismo Centro Español, le venían reclamando que volviera a competir. Cuando el padre les soltó la noticia casi en tono de broma, se encontraron con una reacción que no esperaban: "Cuando les dije en broma que volvía encontré en sus caras una felicidad que no lo podía creer. Se largaron a llorar de la felicidad", recuerda. También nombra a Naty, su compañera de vida, como parte del respaldo cotidiano que hizo posible dar el paso.

Cinco ascensos, dos décadas de ruta y un cuerpo que ya avisa

  • Comisión de Fomento de Cinco Saltos (1999): el primer ascenso a la Liga Nacional, con apenas 24 años y el sello de un base que empezaba a hacerse nombre.
  • Independiente de Santiago del Estero (2003): el segundo salto a la máxima categoría, ya con pergaminos de conductor.
  • Adepsur de Neuquén (2006): la consolidación como referente de la región y el tercer ascenso en el lomo.
  • Acción de Bahía Blanca y un paso posterior con Italiano (2016): dos escalas que volvieron a llevarlo a la Liga y ratificaron su vigencia.
  • Lanús (2022): el quinto y último ascenso, a los 46 años, antesala del retiro anunciado al año siguiente en el Federal.

El historial entre el jugador y la Liga Nacional es, en los papeles, de los más extensos del básquet argentino reciente. Cinco ascensos repartidos en más de dos décadas hablan de un atleta que construyó su carrera en el Ascenso, ese circuito áspero, con viajes largos, canchas desparejas y planteles donde el más experimentado termina marcando el pulso del vestuario. Sepúlveda lo sabe y, a la hora de hablar de su presente, no se hace ilusiones: "El básquet ha evolucionado mucho en la parte física, que es en la que más ventajas voy a dar, sobre todo en la recuperación después de jugar", asume, con la franqueza de quien prefiere no vender humo. La lectura es clara: la velocidad y la intensidad del juego moderno lo van a castigar, y la diferencia se va a notar sobre todo cuando haya que levantar piernas al día siguiente de un partido.

El impacto en la comunidad del básquet y la pregunta que queda flotando

“Esta hermosa comunidad del básquet recibió la noticia como una enorme alegría y me la transmite todo el tiempo.”Mario Sepúlveda

El regreso no tardó en transformarse en tema de conversación en pasillos de clubes, grupos de WhatsApp de entrenadores y mesas de café de regiones enteras que alguna vez vieron a Sepúlveda manejar un partido desde la base. El propio jugador atribuye la repercusin al vínculo que construyó durante décadas con técnicos, utileros, dirigentes y rivales. Lo cierto es que, más allá del ruido mediático, el interrogante que sobrevuela a la noticia es de orden estrictamente deportivo: ¿puede un jugador de casi medio siglo aportar algo concreto en un torneo de ascenso, o la vuelta es más simbólica que competitiva? En el Prefederal, donde se mezclan proyectos formativos con planteles amateurs y semi profesionales, la presencia de un referente de su trayectoria puede traducirse en minutos de claridad táctica, lectura de juego y descarga anímica en los momentos cerrados, incluso cuando las piernas ya no acompañen como hace veinte años.

Para el hincha del Torito de Plottier, y para el del básquet patagónico en general, el regreso de Sepúlveda excede cualquier planilla de y se inscribe en esa galería de historias donde el deporte se cruza con la vida cotidiana. Es la imagen de un padre que vuelve a jugar porque sus hijas se largaron a llorar de la alegría, de un veterano que se deja tentar por una pretemporada y termina firmando un contrato, y de una comunidad que entiende que, a veces, la mejor manera de cuidar a un club es ver a sus hijos más representativos vestidos otra vez con la camiseta. Como en aquellas épocas en que el club del pueblo era casi una extensión del hogar, la de Sepúlveda no es sólo la vuelta de un jugador: es la confirmación de que, en el Ascenso, la frontera entre el profesional y el vecino sigue siendo, muchas veces, una línea muy delgada.

TG

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