Adiós al Negro Rada: la música que todavía le debemos
Su hija Lucila contó cómo fueron los últimos instantes junto al músico uruguayo, el velatorio en el Palacio Legislativo y el cortejo popular que volvió a poner su voz en las calles de Montevideo. Adelantó, además, que hay más de diez discos inéditos que la familia piensa ir sacando a la luz de a poco, como quien destapa un baúl con cariño.
El primer acorde que me quedó sonando cuando empecé a leer el mensaje de Lucila Rada fue ese silencio espeso que se arma alrededor de una cama cuando alguien querido empieza a despedirse. Ella lo contó con una palabra que me pareció exacta: el instante 0. Un instante que después, dice, se estiró hacia el km 0, como si el cariño de un pueblo entero hubiera corrido el arranque del duelo para convertirlo en algo colectivo, algo mucho más grande que una familia reunida en una sala. Y la verdad, mientras iba leyendo, no pude dejar de pensar en cómo el chamamé también conoce ese truco de transformar el dolor en compañía, en mesa larga, en guitarreada que sigue hasta que sale el sol.
Porque el Negro Rada, hay que decirlo de una vez, no era un músico más del Río de la Plata: era un tipo que le había puesto cuerpo y sonrisa a la mezcla entre jazz, candombe, murga y rock, y que había cruzado generaciones como pocos. Por eso duele de este lado del charco también, y por eso su familia sintió que el dolor era generalizado, como un campo magnético que iba sumando abrazos en lugar de restar fuerzas.
Los últimos días y el instante 0
El miércoles 26 de agosto, la familia estaba reunida alrededor de Rubén cuando llegó el momento. Lucila, su hija mayor, contó que antes de ese instante final lo vieron con una expresión que ella describió como pacífica y satisfecha. Le hablaron, le dijeron lo que iban a sentir con su ausencia y repasaron, uno por uno, todo lo que les había dejado. Y la frase que más me golpeó, porque la escribió ella y la tengo que repetir, es esta: no le quedó pendiente ni un solo gesto de amor, de generosidad, de humor ni de talento. Mba'eichapa, diríamos los que mestizamos el castellano con el guaraní: cómo se puede estar tan entero al final del camino. Esa palabra guaraní, mba'eichapa, significa algo así como "qué tal" o "cómo va eso", y la uso acá porque el chamamé también entiende esa mezcla de cercanía y filosofía simple que tenía el Negro.
“Ni un solo gesto de amor, de generosidad, de humor o de talento le quedó pendiente.”Lucila Rada
El velatorio en el Palacio Legislativo
Cuando la familia salió de la sala, los teléfonos ya estaban explotando de mensajes. El velatorio se hizo en el Palacio Legislativo y, por lo que contó Lucila, fue mucho más que una fila de gente despidiendo: fue un encuentro de generaciones, de estilos, de procedencias. Ella destacó los rostros atravesados por una tristeza sin amargura, y eso me parece una definición enorme: tristeza sin amargura, o sea, dolor que no envenena. Hubo abrazos, ofrendas, llanto compartido y también risas, porque al Negro le hubiera gustado eso, seguro. Su voz sonó en el salón y hasta hubo baile. La familia agradeció a las autoridades del Legislativo por haber entendido la dimensión del homenaje y por ceder el espacio sin chistar, que no es poca cosa en estos tiempos.
El cortejo por Isla de Flores
Después, el cortejo salió por Isla de Flores rumbo al Cementerio del Norte, y lo que pasó en el camino fue, para mí, de las imágenes más potentes que dejó la despedida. Lucila destacó detalles que a una periodista como yo le sirven para explicar de qué hablamos cuando hablamos de Rada: dos pibes que siguieron la caravana en monopatín con un parlante, personas que llevaron prendas rojas como las que él usaba, y un círculo de tambores que sonó durante buena parte del recorrido. Candombe, música, gestos. Todo en línea con lo que el propio Rada había dejado dicho en su disco Muriendo de plena, como pidiendo que el final se viviera así, de pie y con sonido. Uno lee eso y vuelve a pensar que el Negro tenía escrita hasta la propia despedida, con la misma elegancia con la que escribía un riff.
Más de diez discos inéditos, la herencia que viene
Y acá viene la parte que me deja con los pelos de punta, porque como periodista cultural siempre que se muere un grande uno piensa qué se perdió que ya no vamos a poder escuchar. Bueno, en este caso la respuesta es buena: poco. La familia confirmó que Rubén Rada dejó más de diez discos sin publicar y que tienen la intención de ir sacándolos gradualmente, para que esa música vaya llegando al público de a poco, como quien va abriendo un arcón con cuidado. El mensaje de Lucila, que se cortó en la frase "toda la música que", deja entrever que hay bastante más por contar y que la producción inédita es voluminosa.
A quién ir a escuchar mientras tanto
Mientras esos discos ven la luz, mi recomendación para quienes quieran entender de qué hablamos cuando nombramos a Rubén Rada es simple: vuelvan a poner Muriendo de plena de punta a punta, déjense llevar por su voz ronca y piola, y después, si les queda el bichito, busquen a los artistas rioplatenses que él formó o influyó. Del lado del chamamé, yo les diría que escuchen a Monchito Merlo o a Los Carabajal, que son de los que mejor entendieron eso de mezclar raíz con pulso moderno, que era exactamente lo que hacía el Negro. Y a los más jóvenes, que se acerquen sin miedo: el Rada no caduca, se sigue escuchando como si lo hubieran grabado ayer a la mañana.
