Lunes, 31 de agosto de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Tecnología /

Bill Gates quiere meter a la IA bajo un megáfono global: organismo nuevo, controles al estilo nuclear y a las empresas que reemplacen gente

El cofundador de Microsoft publicó un plan que mezcla los regímenes de inspección nuclear, la aviación civil y el protocolo de ozono para regular la inteligencia artificial en todo el planeta. Mientras tanto, mueve hilos para sentarse con Xi Jinping y empujar restricciones conjuntas, sobre todo en modelos capaces de diseñar amenazas biológicas. Lo que propone, lo que deja afuera y los puntos que a mí me generan ruido.

Por Camila GaunaTecnología y ciencia · 30 de agosto de 2026 · hace 2 h

Lo de Bill Gates ya quedó claro: no le alcanza con donar plata y dar charlas sobre cambio climático. Ahora metió la mano en otro tema caliente y publicó un plan bastante ambicioso para regular la inteligencia artificial a escala global. La idea madre es simple de explicar y difícil de ejecutar: crear un organismo supranacional con poder real de auditoría sobre los sistemas de IA, tomando como espejo tres marcos regulatorios que ya existen y que, cada uno en su rubro, funcionan.

Tres modelos, un solo organismo

La inspiración llega de tres lugares distintos. El primero es el régimen de inspecciones nucleares, con sus acuerdos de no proliferación y sus organismos de control. El segundo son los estándares de seguridad de la aviación civil, esos que hacen que un avión de Aerolíneas Argentinas y uno de cualquier otra línea cumplan reglas parecidas en cualquier aeropuerto del mundo. El tercero, y a mí me parece el más interesante, son los acuerdos internacionales que frenaron el deterioro de la capa de ozono. Gates no especificó si este nuevo ente debería nacer de cero o salir de ampliar alguna institución ya existente, como la ONU o algún organismo técnico. Esa indefinición no es un detalle menor: definir quién pone la plata y quién firma los reglamentos es la parte más espinosa de cualquier acuerdo global.

Hay una condición que el propio Gates repite como un mantra: sin Estados Unidos y China sentados en la misma mesa, esto no va a ningún lado. No es un capricho. Las dos potencias son las que más avanzan en el desarrollo de modelos de IA, y cualquier regulación que quede afuera de una de las dos queda a mitad de camino. Por eso el equipo del cofundador de Microsoft viene trabajando para concretar un encuentro con Xi Jinping, previsto de manera provisoria para noviembre. Todavía no está confirmado.

  • Cooperación directa entre Estados Unidos y China como condición sine qua non.
  • Restricciones específicas para modelos capaces de diseñar agentes biológicos o moléculas peligrosas.
  • Impuesto a empresas que reemplacen trabajadores con resultados generados por IA.
  • Reserva de hasta el 40 por ciento de los puestos de trabajo para personas en sectores donde el vínculo humano sea clave.
  • No bloquear aplicaciones médicas o científicas: la vigilancia apunta a los usos de mayor riesgo.

Sobre la idea de gravar a las empresas, Gates tira un número concreto: el impuesto recaería sobre los ingresos generados por reemplazos de personal con IA, y la plata se usaría para financiar redes de protección social. La otra pata de su propuesta suena más ética que económica: reservar hasta un 40 por ciento de los puestos laborales actuales para personas, en rubros donde el contacto humano no se pueda reemplazar. Para ilustrarlo, usó algo bien personal: la atención que recibió su padre durante el Alzheimer. Ahí, según él, ninguna máquina reemplaza a una enfermera, a un médico o a un cuidador.

Ojo con esto: la autorregulación no alcanza

Gates fue bastante directo sobre un punto que en la industria se discute todo el tiempo. Cito textual su postura, porque no tiene sentido suavizarla. Es positivo que algunas empresas de IA estén proponiendo soluciones a los desafíos provocados por su propia tecnología, pero no deberíamos esperar que sean ellas quienes lideren el proceso. La frase es clave. Reconoce el esfuerzo de las compañías que ya están publicando compromisos voluntarios y marcos de seguridad, pero deja claro que el problema excede lo que cualquier empresa puede resolver sola.

Desde mi lugar, lo veo así: el plan tiene buenas intenciones y un diagnóstico bastante acertado. La IA avanza más rápido que cualquier regulación nacional, y la fragmentación actual entre bloques hace que las reglas más duras terminen ahogando a los países chicos mientras las potencias siguen compitiendo. La idea de un organismo global no es nueva, pero el hecho de que la plantee alguien con el peso institucional de Gates le da otra relevancia. ¿Vale la pena tomarlo en serio? Sí, pero con los pies sobre la tierra: del dicho al hecho hay muchísimo trecho, y la reunión con Xi Jinping de noviembre va a ser la primera prueba real para saber si esto termina en un acuerdo concreto o en otro documento más firmado por compromiso.

CG
Camila GaunaTecnología y ciencia

Te puede interesar