Boca se acomoda en la Copa Argentina y se aferra a cuatro senderos para llegar a la Libertadores 2027
Tras eliminar a Racing, el conjunto de Rodolfo Arruabarrena quedó entre los cuatro semifinalistas del torneo federal y sostiene al menos cuatro caminos para asegurar la clasificación al máximo certamen continental: la propia Copa Argentina, el Torneo Clausura, la Copa Sudamericana y la tabla anual, donde figura en el tercer puesto. En el horizonte inmediato aparecen Banfield y una serie decisiva ante Vasco da Gama.
Boca Juniors resolvió con remontada su cruce ante Racing en la Copa Argentina y se instaló entre los cuatro semifinalistas del torneo federal, resultado que le permite sostener vivas sus aspiraciones internacionales en un tramo del calendario en el que se juegan, en simultáneo, el presente doméstico y la chance de regresar a la Libertadores. El equipo que dirige Rodolfo Arruabarrena encadena competiciones y, según el desenlace de cada una, podría obtener el pasaje al máximo torneo continental por más de una vía.
Como decía un viejo dirigente del club, en la Ribera las urgencias suelen medirse por copas: las que se ganan y las que se negocian. En esta oportunidad la negociación pasa por administrar un calendario que, entre el final del Clausura, los cruces internacionales y la Copa Argentina, reúne al menos ocho partidos en treinta días, con un promedio cercano a un encuentro cada tres días y medio. La pulseada entre competiciones obliga a distribuir cargas y a decidir qué frentes proteger con la formación habitual y cuáles puedense con rotaciones.
Los cuatro caminos hacia la Libertadores 2027
Boca dispone de cuatro senderos para asegurarse un lugar en la próxima edición de la Libertadores. Tres de ellos dependen de consagrarse campeón: la Copa Argentina, el Torneo Clausura y la Copa Sudamericana. El restante se sostiene con la ubicación en la tabla anual, que acumula los puntos obtenidos en el Apertura y en el Clausura, y donde el equipo de la Ribera figura en el tercer puesto.
Terminar entre los tres primeros de esa clasificación anual le abrirá la puerta del torneo continental aun sin levantar un trofeo, lo que convierte a cada fecha del campeonato local en una doble disputa: por un lado, el objetivo inmediato de avanzar en la Zona A y asegurarse un lugar en los octavos de final; por el otro, sostener la posición en la acumulada que, como en otros ciclos del club, suele definir buena parte de la planificación europea del año siguiente.
El calendario inmediato
En la Copa Argentina, el próximo rival será Banfield, en un cruce programado de manera tentativa para el martes 6 de octubre en cancha neutral. Si supera esa instancia, accederá a la final, donde podría cruzarse con Atlético Tucumán, Estudiantes de La Plata o Platense, los tres candidatos que sobreviven en el cuadro. Obtener ese título le garantiza una plaza directa en la fase de grupos de la Libertadores.
- Copa Argentina: semifinal ante Banfield, tentativa para el 6 de octubre en sede neutral; el vencedor disputará la final.
- Copa Sudamericana: semifinal ante Vasco da Gama, con el primer cruce el 13 de octubre en La Bombonera y la revancha el 20 de octubre en Brasil; la final sería ante Atlético Mineiro o Montevideo City Torque.
- Torneo Clausura: pelea en la Zona A con el objetivo de asegurar el pase a octavos de final y, desde allí, avanzar en el cuadro de eliminación directa.
- Tabla anual: Boca figura tercero y busca sostener ese puesto para acceder a la Libertadores sin necesidad de consagrarse en alguno de los tres certámenes anteriores.
El historial entre Boca y Banfield en la Copa Argentina es de los más repetidos del torneo: se midieron en múltiples ediciones con resultados que favorecen al conjunto de la Ribera en los cruces decisivos, aunque el conjunto del Sur supo sacarlo en más de una oportunidad, lo que convierte la semifinal en un partido abierto, sin favorito claro en los papeles y con la obligación que suelen imponer los certámenes por eliminación directa. Frente a Vasco da Gama, en tanto, el antecedente inmediato es favorable al elenco argentino en el ámbito internacional, con una serie ya disputada en la que sacó adelante la clasificación con solvencia en La Bombonera, aunque el escenario ahora se repite del lado de la Sudamericana y con el desafío de sostener esa supremacía en Brasil.
En lo estrictamente numérico, el cuadro de la Copa Argentina coloca a Boca con tres victorias en sus últimos cuatro cruces por el torneo federal, incluido el reciente éxito ante Racing, mientras que en la tabla anual el tercer puesto se sostiene con un promedio de puntos por partido que lo ubica por detrás de dos de sus rivales directos. La Sudamericana, por su parte, lo dejó como semifinalista tras dejar en el camino a un rival de peso, lo que le permitió llegar a la antesala del título con la confianza que suelen dar las series internacionales resueltas en condición de local.
La pregunta que sobrevuela el tramo final del año es, como en cada cierre de temporada en la Ribera, a qué competencia otorgarle prioridad. La Sudamericana aparece como el camino más corto hacia un título, pero exige una serie compleja ante un club brasileño en su estadio; el Clausura ofrece la regularidad del torneo largo, aunque requiere sostener el nivel fecha tras fecha; la Copa Argentina entrega el pasaje directo a la fase de grupos, pero con la imprevisibilidad de los cruces por eliminación directa; y la tabla anual funciona como una red de seguridad que, por ahora, mantiene al equipo en zona de clasificación. La decisión de cómo dosificar esfuerzos en estos treinta días será, en definitiva, la que termine de ordenar el futuro inmediato del club y la que dirá qué Libertadores, por mérito deportivo o por acumulado, terminará jugando Boca en 2027.
Mientras el cuerpo técnico define prioridades, el hincha de Boca transita ese tramo del año que reconoce de memoria: el de los balances pendientes, las finales a la vuelta de la esquina y la ilusión intacta de cerrar el calendario con una Copa más en las vitrinas. Como en cada ciclo, la diferencia entre el cierre feliz y la frustración se medirá en cómo se administren los próximos ocho partidos, en los que la Libertadores asoma como horizonte común a las cuatro competencias que aún tiene abiertas el equipo de Arruabarrena.
