"Boiúna: La leyenda del Amazonas" se anima a lo que muchas no se atreven: tomar en serio a su propia serpiente
La película brasileña de monstruo gigante rompe el pacto irónico del subgénero y construye tensión con paciencia, criaturas en su punto justo y personajes que se toman la vida en serio. Una rareza honesta dentro de la serie B.
Levanta el telón del cine de monstruos gigantes y aparece la misma trampa de siempre: el guiño cómplice a la butaca, el personaje que se sabe dentro de una ridiculez, el slapstick que aplaude cada mandíbula fuera de escala. Pero "Boiúna: La leyenda del Amazonas" entra a la sala con otra actitud, y eso ya es una declaración de principios. No hay ironía en sus diálogos ni acting de payaso en las escenas de acción, ni un solo personaje que actúe como si estuviera en una broma compartida con el público. La película se toma en serio a sí misma, y en un género acostumbrado a reírse de sí mismo, eso es casi un acto de valentía.
Antes de arrastrar a sus protagonistas al barro de la jungla, el filme se da el tiempo que casi nunca se permite en esta clase de cintas. Presenta la mitología de la criatura, desarrolla a sus personajes, deja que se entiendan las razones por las que cada uno termina metido hasta el cuello en esa selva. Para quien busque vértigo desde el minuto cero, esa pausa puede resultar incómoda; para los que bancamos otra cadencia, es un capital narrativo que rinde cuando llega la acción. Las secuencias de acecho son sucias, físicas, con tensión de la que se siente en el estómago: la serpiente comparte el peligro con cocodrilos, arenas movedizas y una vegetación que no perdona un paso en falso.
Una dirección consciente de sus limitaciones
La dirección no es perfecta, pero es coherente con lo que busca: muestra a la criatura en dosis medidas, estrategia que disimula los ajustes de producción y sostiene el misterio. Los conflictos entre personajes son funcionales, aunque no queden grabados en la memoria; las actuaciones sostienen el registro de serie B sin pasarse de rosca, y las muertes cumplen su papel sin pretender convertirse en escena de culto. La moraleja es la esperable y la estructura no sorprende a nadie, pero la ejecución corre varios casilleros arriba de lo que el papel parecía prometer.
- Un pacto con el espectador que no es el habitual: nada de ironía barata ni slapstick.
- Una construcción de personajes previa a la jungla que paga dividendos en las escenas de tensión.
- La criatura aparece lo justo: el misterio trabaja más que los efectos.
- Honestidad declarada: no pretende ser más que una película de bajo presupuesto bien resuelta.
- Un estreno pensado para la noche de Halloween, ideal para quien quiere pasar miedo sin renunciar a cierto rigor narrativo.
Decime una cosa, che: ¿le suma o le resta a una película de terror animarse a lo que muchas evitan, que es tomarse en serio a sí misma? Mientras lo discutís en la sala, yo te dejo una recomendación para esta semana: andá a ver a Los Carabajal en cualquier peña del Litoral. Después de una jornada con boas brasileñas en la pantalla, nada mejor que volver a las raíces con música que se toma en serio su propia leyenda. Como dice un viejo verso que me acompaña desde chico: "chamamé y cigarras, bajo el cielo azul". Y ahora volvamos al cine.
