Bublik, la mano vendada y un triunfo que lo deposita otra vez entre los grandes del Masters chino
El kazajo Alexander Bublik superó al estadounidense Brandon Nakashima por 6-7 (7), 6-3 y 7-6 (5) en el Masters 1000 de Shanghai, pese a cortarse la mano derecha tras destrozar su raqueta y golpear una heladera durante el primer set. En octavos lo espera Alexander Zverev.
En un circuito cada vez más profesionalizado, donde cada detalle se mide al milímetro, todavía quedan jugadores capaces de convertir un partido de rutina en un espectáculo paralelo. Alexander Bublik, kazajo de 29 años, volvió a confirmarlo en el Masters 1000 de Shanghai, donde selló su pase a los octavos de final con una victoria tan trabajada como extravagante sobre el estadounidense Brandon Nakashima, por 6-7 (7), 6-3 y 7-6 (5), en poco menos de dos horas y media de juego.
El historial reciente entre ambos era, hasta anoche, prácticamente nulo en partidos oficiales del circuito ATP, y el cruce en China tomó desde el primer game un cariz dramático que desbordó cualquier plan táctico. Bublik, ubicado en el puesto 22 del ranking mundial, desperdició dos oportunidades de quedarse con el primer set y terminó cediéndolo en el tie-break, definido por un revés paralelo de Nakashima (19°). El golpe anímico fue evidente, y la reacción del europeo no se hizo esperar: destrozó su raqueta contra el suelo y, al dirigirse al banco, descargó un puñetazo contra una heladera que le provocó un corte en la mano derecha y demandó la inmediata intervención del cuerpo médico del torneo.
De la venda al tenis de élite
Como decía un viejo dirigente de los vestuarios, hay partidos que se ganan cuando el cuerpo deja de responder y la cabeza decide hacerse cargo. Con la mano derecha vendada, Bublik reorganizó su servicio, modificó la velocidad de sus drives y se refugió en un tenis más ordenado, con el saque como escudo y los dropshots como recurso sorpresa. En el segundo set se adueñó del tramo central del encuentro, quebró en los momentos clave y niveló el marcador con un 6-3 que devolvió la lógica al partido.
El tercer set devolvió a la cancha la paridad inicial, con dos jugadores que se conocen de memoria, Nakashima midiendo cada cambio de ritmo y Bublik apelando a sus famosos saque y media. La definición llegó otra vez en el tie-break, esta vez favorable al kazajo por 7-5, en un cierre con varios puntos largos que estiraron la duración del encuentro hasta cerca de las dos horas y media.
El resultado tiene un valor adicional en la trayectoria de Bublik en Shanghai. Sus tres presentaciones previas en el Masters 1000 chino se habían cerrado en la primera ronda: 2019, 2024 y 2025 fueron ediciones de despedida temprana. Esta vez, además, llegaba tras una eliminación rápida en el ATP 500 de Beijing, por lo que la victoria ante Nakashima se construyó desde la resiliencia más que desde el impulso. En la ronda inicial, el kazajo ya había vencido al checo Tomas Machac (75°), en otro cruce que confirmó su gran momento con el servicio.
La prueba de Zverev y la pregunta sobre la mano
El próximo desafío de Bublik no admite especulaciones. Del otro lado de la red estará Alexander Zverev, segundo del ranking y máximo favorito al título en Shanghai, que atraviesa un cierre de temporada con consistencia notable y suma a su favor un antecedente claro en el historial entre ambos. El alemán llega además sin ceder sets con comodidad ante Halys, lo que anticipa una exigencia física y mental muy superior a la que debió sortear el kazajo frente a Nakashima.
La gran incógnita pasa, justamente, por la mano derecha de Bublik. Un corte profundo en esa zona suele comprometer el agarre, la rotación de la muñeca y, sobre todo, la confianza en el saque, que es la herramienta central del kazajo. Si la herida evoluciona bien y la venda no limita la movilidad, Bublik tiene con qué incomodar a Zverev; si la molestia persiste, el alemán dispondrá de una ventaja táctica que no necesita grandes argucias para aprovecharla.
El historial entre Bublik y Zverev en el circuito mayor es, hasta aquí, favorable al alemán en la mayoría de los cruces por superficies rápidas, aunque el kazajo ya le ha arrebatado sets en condiciones similares. Para el público argentino, acostumbrado a ver a jugadores de todo el mundo reinventarse en los Masters 1000 asiáticos, queda la imagen de un tenista que, como tantas figuras del circuito, transforma la frustración en combustible: una raqueta rota, una heladera golpeada y, al final, una clasificación que lo devuelve a la conversación de los grandes. La reflexión de la noche, para el hincha neutral, es que en el tenis actual las heridas se curan rápido y los partidos, en cambio, tardan en olvidarse.
