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Sábado, 10 de octubre de 2026
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Chacarita, vinilo y silencio: el templo de Roseti 93 donde la música se escucha con el cuerpo

Artlab cumple una década en el barrio de la mano de Gonzalo Solimano. Este domingo cierra allí la octava edición porteña de MUTEK, con una idea simple y por eso mismo rara en estos tiempos: apagar la pantalla, sentarse y dejarse llevar por un álbum entero.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · · hace 1 h
Chacarita, vinilo y silencio: el templo de Roseti 93 donde la música se escucha con el cuerpo

Abrí la puerta de Roseti 93 una mañana de semana y me encontré con Gonzalo, que estaba acomodando una bandeja sobre uno de los equipos de sonido como si fuera un altar. En esa cuadra de Chacarita, a metros de la Costanera y del ruido permanente de la ciudad, funciona desde 2015 Artlab, un espacio de 540 metros cuadrados dedicado a algo que parece de otro siglo: escuchar música como se escuchaba antes, sin que un celular nos interrumpa cada dos minutos.

Gonzalo Solimano tiene 46 años, nació en Villa Urquiza, es DJ y productor, y armó este proyecto alrededor de una obsesión muy concreta: una colección de ocho sistemas de parlantes Altec modelo A7, fabricados en 1954, con los que reproduce vinilos, CD y archivos sin compresión. Solimano cuenta que hay indicios de que esos equipos salieron de un cine porteño emblemático, aunque todavía no pudo confirmar el dato. Lo que sí confirma es que el sonido que sale de ahí es otra cosa.

Dos ciclos para volver a prestar atención

El corazón del lugar son dos propuestas regulares. Audiófilos es para los que se animan a lo que hoy suena casi transgresor: escuchar un álbum completo, de principio a fin, sin distracciones. El programa puede ir de Miles Davis a Pink Floyd, de Invisible a Massive Attack, y el formato cambia según la obra: vinilo cuando conviene, CD cuando conviene, archivo lossless cuando conviene. Círculo de Sonido, en cambio, mantiene viva la tradición bailable del house, con Solimano y otros DJs en consola.

A eso se le suma programación de jazz y muestras de arte visual, aunque el eje sigue siendo la música electrónica en sus distintas variantes. La idea de fondo, me dijo Gonzalo mientras cebaba un mate, es construir un ritual alrededor del sonido. Y por ahora le viene funcionando.

La nueva vida del vinilo y la discusión sobre la inteligencia artificial

  • Solimano asegura que las nuevas generaciones vuelven a buscar objetos físicos y que esos formatos ayudan a recuperar rituales de escucha.
  • Junto con el vinilo, observa un crecimiento del interés por el CD, un formato que muchos daban por muerto y que empieza a tener público propio.
  • Sobre la inteligencia artificial en la música, su postura es clara: puede asistir y simplificar procesos, pero no puede hacer la obra por el artista.

Esas dos cosas, el regreso del objeto y el debate sobre la herramienta, me parece que resumen bastante bien el momento que vive la música. De un lado, pibes de veinte años peleándose por una primera edición en vinilo. Del otro, productores discutiendo si la inteligencia artificial les resuelve una hora de laburo o les vacía el oficio. Artlab se planta en el medio de las dos discusiones, sin gritar ni dar cátedra.

MUTEK cierra su octava edición en Chacarita

Este domingo, el espacio recibe el cierre de la octava edición porteña de MUTEK, un festival nacido en Canadá en el año 2000 y que Solimano trajo al país en 2018. La propuesta apunta a la música electrónica experimental, el arte audiovisual y las nuevas tecnologías, con un perfil muy distinto al de los festivales masivos: scale chica, cabezas pensando, parlantes analógicos de hace setenta años haciendo el resto.

“Veo a las nuevas generaciones con muchas ganas de volver a tener objetos físicos y creo que estos formatos ayudan a construir rituales alrededor de la música.”Gonzalo Solimano, director de Artlab

Me fui de Roseti 93 con una sensación rara, de las que uno casi no tiene en esta ciudad. Con la cabeza más ordenada y la tentación de volver el domingo a la noche, con un vinilo bajo el brazo. Para los que quieran, la dirección es Roseti 93, en Chacarita, y la idea es bien simple: dejar el teléfono en el bolsillo, elegir un álbum y dejarse llevar.

Desde acá le pido al Gobierno de la Ciudad que mire lo que pasa en lugares como Artlab. No hace falta poner plata en grandes shows al aire libre para sostener una escena cultural. A veces alcanza con cuidar un galpón de Chacarita, dejarlo laburar y entender que una ciudad que sabe escuchar, también sabe convivir. Para los lectores, la pregunta queda picando: ¿se animarían a escuchar un álbum entero, de tapa a tapa, sin mirar el celular? Yo, después de esta nota, creo que sí.

RA
Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

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