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Domingo, 11 de octubre de 2026
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Cinco movimientos que pueden cambiar cómo caminan los mayores de 50 en Buenos Aires

Sentarse y pararse de una silla, elevar los talones, caminar en tándem, abrir el pecho contra la pared y separar la pierna hacia el costado forman una rutina breve y al alcance de cualquiera. Especialistas de Estados Unidos coinciden en que la constancia y el ajuste personal hacen la diferencia para sostener la autonomía cotidiana.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · · hace 1 h
Cinco movimientos que pueden cambiar cómo caminan los mayores de 50 en Buenos Aires

Estoy en la plaza Roca, en Caballito, charlando con Marta, que tiene 58 años y me cuenta que hace unos meses empezó a tener miedo de bajarse del colectivo. No es la primera vez que escucho algo así en el barrio. Y la verdad es que da pena, porque la movilidad de todos los días, esa que damos por sentado hasta que empieza a fallar, se entrena. Literalmente se entrena.

Un grupo de fisioterapeutas y dos organismos de salud de Estados Unidos vienen insistiendo con lo mismo: a partir de los 50, dedicar unos minutos por día a ciertos ejercicios funcionales puede cambiarle la vida a una persona. No hablo de cruzar un maratón ni de levantar pesas en el gym, sino de movimientos simples, de los que se hacen en la cocina o mirando televisión, y que apuntan a algo muy concreto: levantarte de una silla sin hacer fuerza, mantener el equilibrio en una vereda rota y moverte con seguridad por la ciudad.

La rutina que recomiendan quienes saben

Teresa Liu-Ambrose y Julie Na, dos fisioterapeutas con trayectoria en el trabajo con adultos mayores, propusieron cinco movimientos que se pueden hacer en cualquier casa. La idea es que cada uno los adapte a su ritmo y a su estado, sin copiar la intensidad del vecino ni la del video de turno.

  • Sentarse y levantarse de una silla, con control, para entrenar fuerza de piernas y coordinación. La Sociedad Americana de Geriatría la recomienda a partir de los 55 y sugiere empezar con pocas repeticiones e ir sumando de a poco.
  • Elevaciones de talones y después de la punta de los pies, con una mesada o una silla firme como apoyo. Sirven para activar tobillos y músculos que estabilizan la marcha, especialmente cuando hay dudas con el equilibrio.
  • Caminata en tándem, un pie delante del otro como en una cuerda floja. Reduce la base de apoyo y obliga al cuerpo a reaccionar. Conviene practicarla cerca de una pared y, ante cualquier duda, consultar a un profesional.
  • Apertura del pecho contra la pared, con los brazos apoyados, para mejorar la postura y la movilidad de los hombros, una zona que se va cerrando con los años y que después cuesta estirar.
  • Elevación lateral de una pierna estando de pie, sosteniéndose de un respaldo firme, para trabajar glúteos y la estabilidad de la cadera al caminar.

El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos, que depende de los Institutos Nacionales de Salud, es claro al respecto: la actividad física después de los 50 no puede quedarse solo en caminar. Tiene que combinar aire, fuerza y equilibrio, y sobre todo tiene que graduarse. Lo que le sirve a una persona de 55 puede ser demasiado para alguien de 72 con artrosis, y al revés. No hay receta única.

A esto se suma un estudio publicado en marzo de 2026 en la revista PLOS One, que siguió durante doce semanas a 97 adultos de 65 años o más con dificultades previas para caminar. Una secuencia diaria dio resultados concretos en la marcha, lo que refuerza algo que los kinesiólogos argentinos repetimos hace rato: la constancia le gana al esfuerzo aislado.

Lo que le pido al municipio

Hablo con Marta y con otros vecinos y vecinas de Caballito todas las semanas, y siempre aparece la misma queja: no hay dónde aprender estos movimientos sin pagar un gimnasio o una consulta privada. Por eso lo repito, como lo vengo haciendo hace tiempo: le pido al Ministerio de Salud de la Ciudad y a cada comuna que sumen talleres gratuitos de prevención de caídas en los centros de salud y en las plazas, con kinesiólogos matriculados, para que la autonomía no dependa de la obra social ni de la suerte. Envejecer bien no es un privilegio, debería ser un derecho.

RA
Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

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