Cinco recetas de la abuela, validadas por el INTA, para salvar el jardín de plagas sin química
Ortiga fermentada, ajo con alcohol y cáscaras de naranja: preparados simples que recomiendan los técnicos para llegar al verano sin pulgones, ácaros ni hongos en las plantas de casa.
Vine temprano a la Costanera, antes de que el calor se volviera insoportable, y me crucé con Don Hugo, un jubilado de toda la vida del barrio de Belgrano que cada mañana se sienta en su banco preferido con la mochila llena de recortes de diario. Hablamos de los tomates de su huerta, de las ganas que le da la primavera, y de un tema que lo desvela: cómo hacer frente a las plagas sin tener que salir corriendo a comprar un producto químico. La charla terminó en una pregunta que vale para todos los vecinos y las vecinas de la ciudad: ¿se puede cuidar el jardín con lo que hay en la cocina?
Por qué la primavera y el verano complican a las plantas
Con la llegada de los meses templados se juntan calor y humedad, y aparecen los hongos. Cuando llega el verano, el ambiente se seca y proliferan los insectos y los ácaros, que además encuentran más frutos para alimentarse. Esa combinación de temperatura y comida es la que vuelve inseparables a las plagas de la estación.
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, el INTA, reconoce que en muchos casos alcanza con preparados caseros para mantener las poblaciones a raya. No reemplazan a los agroquímicos cuando el ataque es severo, pero sirven como prevención y en los primeros estadios del problema. La clave está en aplicarlos a tiempo y con regularidad.
Tres reglas básicas antes de mezclar cualquier cosa
Antes de ponerse a macerar ortigas en la cocina, hay que tener en cuenta tres cuidados que son los que evitan accidentes y quemaduras en las plantas. Siempre hay que usar recipientes de plástico, vidrio o cerámica, porque los metálicos pueden liberar sustancias tóxicas. Los macerados se preparan en un lugar ventilado y sin sol directo. Y antes de pulverizar, se cuela bien el líquido para no tapar la boquilla del rociador.
- Purín de ortiga: un kilo de ortiga fresca, o entre 100 y 200 gramos si está seca, en diez litros de agua. Se deja fermentar a la sombra entre 7 y 12 días, revolviendo a diario hasta que desaparezcan las burbujas. Se diluye en la misma cantidad de agua antes de aplicarlo. Controla pulgones y hongos, y además aporta nutrientes al suelo. Conviene manipular la ortiga con guantes.
- Macerado concentrado de ajo con alcohol: una cabeza entera de ajo licuada, medio litro de agua y medio litro de alcohol. Se deja siete días en la heladera, se filtra y se diluyen 100 mililitros por litro de agua al momento de usar, con un poco de jabón blanco neutro como adherente. Actúa contra ácaros, pulgones, mosca blanca, orugas y hongos.
- Cáscara de naranja: se hierve la cáscara de una naranja en medio litro de agua durante diez minutos. Una vez frío, se aplica para pulgones y cochinillas.
- Cebolla en reposo: dos o tres cebollas medianas se dejan en agua hirviente durante 24 a 48 horas. El líquido colado se pulveriza sobre las plantas afectadas por pulgones y hongos.
- Infusión de ruda y salvia: en partes iguales, se prepara como un té y se aplica sin fermentación previa. Sirve para controlar pulgones en hojas tiernas.
A la hora de aplicar, la indicación es la misma para todos los casos: conviene hacerlo a primera hora de la mañana o al atardecer, cuando el sol no pega de lleno, y repetir cada cinco o siete días si la presión de la plaga no afloja. La constancia, dicen los manuales del INTA, termina siendo más eficaz que cualquier dosis extra.
Don Hugo me despidió con una bolsa con tres cabezas de ajo y un manojo de ortiga recién cortada del fondo de su casa. Me dijo que en el barrio todavía hay vecinos que creen que cuidar el jardín es cosa de rico, y se quejó de que en la mayoría de los centros de salud barriales nunca se hable de estas opciones. Tiene razón. El Municipio debería imprimir una guía simple con estas cinco recetas y repartirla en los centros comunales de cada barrio, sobre todo en las comunas donde la gente tiene huerta en el balcón o en el patio. Cuidar las plantas también es una forma de cuidarnos entre nosotros.
