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Domingo, 4 de octubre de 2026
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Cuando Fito se plantó en el escenario: el show, la seguridad y la noche caliente en Mar del Plata

El rosarino frenó su propio recital en el Polideportivo Islas Malvinas para defender al público del operativo que pretendía mantener las butacas numeradas. Lo que se dijo, lo que se corrigió y lo que quedó dando vueltas.

Por Lautaro MaidanaCultura y chamamé · · hace 2 h
Cuando Fito se plantó en el escenario: el show, la seguridad y la noche caliente en Mar del Plata

La primera nota sonó y la primera fila ya estaba de pie, claro, como pasa en cualquier recital cuando la música te entra por el pecho y no te deja sentado. Pero esa noche en el Polideportivo Islas Malvinas de Mar del Plata algo se torció antes de tiempo: el personal de seguridad empezó a pedirle a la gente que volviera a su asiento, y Fito Páez, desde el escenario, paró el mundo. Bajó el volumen de su banda, tomó el micrófono y se plantó. Ahí nomás, en el medio del show, cortó la canción y dejó claro lo que pensaba.

Lo que pasó fue así de simple y de delicado a la vez: el estadio tiene localidades numeradas con distintos precios, y la idea del operativo era que nadie dejara su fila para colarse más adelante, cerca del escenario. Hasta ahí, una lógica razonable. El problema fue el cómo. Algunos efectivos, en vez de controlar los pasillos y los accesos, le pedían al público que se quedara sentado, incluso cuando ya estaba bailando en el lugar que había pagado. Y eso, para Fito, fue demasiado.

La palabra del músico, en vivo y en caliente

“No son policía, loco, son seguridad. No pueden tocar a la gente”Fito Páez, durante el recital en el Polideportivo Islas Malvinas

Fito no se quedó ahí. También le habló directo al público, les pidió que no se dejaran avasallar, y la frase se mezcló con silbidos, aplausos y algún que otro cantito. La escena, para los que estaban ahí, fue de esas que cortan la respiración: el artista interrumpiendo su propio show para cruzar palabra con la gente sobre cómo la estaban tratando. Después, en sus redes, fue todavía más lejos: sostuvo que explotó y que no se arrepentía de una sola palabra dicha con la adrenalina en sangre, y aclaró que ese personal de seguridad no había sido contratado por su producción.

Lo que dijo la producción y la pulseada de las butacas

Desde la organización del recital reconocieron que el operativo tenía como objetivo que cada espectador pudiera pararse y bailar en la localidad que había comprado, sin que los de más atrás avanzaran hacia adelante. Pero también admitieron que algunos trabajadores malinterpretaron las indicaciones y entendieron que tenían que pedirle a la gente que se sentara. Esas consignas, dijeron, se corrigieron mientras el show seguía en marcha, para que el control de las ubicaciones no terminara siendo una especie de gardienaje de butaca.

El veredicto del escenario

El chamamé tiene una palabra guaraní que me gusta mucho para estas cosas: ñemity, que es como decir entenderse, pero también bancarse en el trance. Esa es la imagen que me queda de lo que pasó en Mar del Plata: un artista que bancó al público que había ido a verlo, una producción que reconoció el error sobre la marcha y un final que, por suerte, no pasó a mayores. El show siguió, la música volvió a sonar y la gente se fue con una historia más para contar.

Si te copa el rock rosarino bien tocado en piano, este finde andá a ver a Lisandro Aristimuño en Niceto Club: tiene esa misma cosa de parar el mundo cuando algo no le cierra y de cantarle a la gente como si estuviera en la cocina de su casa.

LM
Lautaro MaidanaCultura y chamamé

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