Davidovich Fokina fulmina a Zverev en Shanghái y se mete en su segunda final de Masters 1000
El malagueño dio vuelta un partido complejo ante el alemán, campeón de Roland Garros y el US Open en 2025, y ahora espera por Medvedev o Jódar. Aseguró su lugar en el Top 15 del ranking ATP.
En una jornada que quedará registrada en el circuito, Alejandro Davidovich Fokina firmó una de las victorias más resonantes de la temporada al derrotar por 5-7, 6-4 y 6-3 a Alexander Zverev, segundo preclasificado y reciente campeón de Roland Garros y el US Open, en las semifinales del Masters 1000 de Shanghái. El encuentro, que se extendió a lo largo de dos horas y dos minutos, permitió al tenista malagueño de 27 años asegurar su ingreso al Top 15 del ranking ATP y, sobre todo, alcanzar la segunda final de Masters 1000 de su carrera profesional, después de la que disputó en Montecarlo durante 2022, donde cayó ante Stefanos Tsitsipas.
Como decía un viejo dirigente del tenis español, citar a Davidovich Fokina en una instancia de esta magnitud siempre fue una fija para los que siguen de cerca el circuito: talento de sobra, irregularidad persistente. En Shanghái, el malagueño construyó una semifinal con la solidez que su historial le venía reclamando, con un primer set adverso que no lo desbordó, un quiebre clave en el tramo final del segundo parcial y un arranque decisivo en el tercer set, cuando quebró inmediatamente el servicio de Zverev para encaminar el 6-3 definitivo. El historial entre ambos, sin embargo, reflejaba la magnitud de la empresa: apenas un antecedente previo favorable a Davidovich antes de este cruce, frente a varias derrotas ante el germano, considerado durante años una de las referencias ineludibles del circuito.
El partido, set por set
El primer parcial respondió al guión esperado: Zverev, con su jerarquía habitual desde el fondo de la cancha, construyó el quiebre decisivo y se llevó el set por 7-5. Davidovich acusó el golpe únicamente en el marcador, porque en el juego mantuvo el nivel y la concentración. En el segundo set, el español ajustó la devolución, extendió los intercambios y apostó al desgaste físico del rival, una estrategia que rindió frutos en el décimo juego, cuando un revés de alta precisión le permitió quebrar y sellar el 6-4 que igualaba el marcador.
Ya en el parcial definitivo, el malagueño arrancó con un quiebre inmediato para colocarse 3-0 arriba. Zverev intentó la reacción, buscó variantes y respondió con mayor agresividad, pero el español sostuvo la solidez táctica y cerró el partido en 6-3, sin conceder margen de maniobra. La victoria, además del peso simbólico, le representó a Davidovich un salto importante en el ranking: del puesto 26 al Top 15.
Lo que viene y la lectura del resultado
- Rival en la final: el ganador del cruce entre Daniil Medvedev y Rafa Jódar, la otra semifinal del torneo.
- Cuestión histórica: apenas la segunda victoria de Davidovich sobre Zverev en el historial directo entre ambos.
- Año del alemán: la derrota interrumpe una racha de grandes resultados en el tramo final de la temporada, después de los títulos en Roland Garros y el US Open.
- Objetivo del español: conquistar su primer título de Masters 1000, después de la final perdida en Montecarlo 2022.
Para Zverev, la caída en Shanghái significa mucho más que quedarse afuera de una final: lo obliga a recalibrar el cierre de un año que venía siendo descomunal, con dos títulos de Grand Slam y una vigencia sostenida en el circuito. Para Davidovich Fokina, en cambio, el resultado lo instala en un lugar que, como le había faltado en temporadas anteriores, combina regularidad con resultados de peso. La final del domingo aparece como una oportunidad concreta de saldar una cuenta pendiente y de consagrarse en una categoría que, hasta ahora, solo le había dado finales y sinsabores. La pregunta que sobrevuela al circuito y al propio tenis español es si el malagueño podrá sostener ese nivel frente a un rival de mayor fuste, y si el tenis argentino y el público que sigue el Masters 1000 de Shanghái verá al fin coronarse a un Davidovich que, durante años, fue más promesa que certeza. El hincha del tenis, mientras tanto, se permite soñar: en una era de hegemonías prolongadas y rachas difíciles de cortar, ver a un tenista de 27 años romper el molde en Shanghai ya es, de por sí, una noticia.
