Lunes, 28 de septiembre de 2026
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El barquito que volvió de antes: «Rose of Nevada» y el viaje temporal de dos corajudos

George MacKay y Callum Turner se embarcan en la nueva película de Mark Jenkin, un relato que mezcla necesidad, mar y fantasmas del tiempo, rodado en 16 milímetros y anclado en la vida costera del Reino Unido.

Por Lautaro MaidanaCultura y chamamé · 28 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Lo primero que uno escucha, antes de que la imagen aparezca, es el ruido del agua contra el casco. Es un sonido viejo, como de cassette gastado, y ya te va acomodando en esa especie de sopor que produce el mar cuando lo escuchás desde adentro. Así empieza, más o menos, la tercera película del realizador británico Mark Jenkin: «Rose of Nevada», una historia que pone a dos hombres a bordo de un pesquero que se esfumó hace treinta años y vuelve, como si nada, a aparecer en el mismo amarradero del pueblo costero donde lo despidieron. Y vaya uno a saber de dónde vuelve, o de cuándo.

Le cuento de qué se trata la cosa, que vale la pena. George MacKay y Callum Turner son los protagonistas de esta aventura que tiene más de pueblo chico que de ciencia ficción. Uno es un padre jovencísimo que necesita la plata para arreglar el techo de la casa donde se le llueve la vida entera. El otro es un tipo que quiere arrancar de cuajo su propia historia, como quien se baja de un tren en marcha. Los dos terminan aceptando embarcarse en el Rose of Nevada, ese barco fantasma que reaparece después de tres décadas y que el pueblo se apura a poner en condiciones para volver a pescar, porque de eso viven, literalmente, estos habitantes de la costa británica. Conseguir gente que quiera subir es un problema hasta que estos dos voluntarios, por distintos motivos, dicen que sí.

La cocina del film: 16 milímetros y un tiempo que se hace el vivo

Jenkin vuelve a apoyarse en lo que mejor le sale: una textura de 16 milímetros gastada, como si el celuloide hubiera estado guardado en un galpón húmedo, y un montaje que no te lleva de la mano. Las secuencias se intercalan sin pedir permiso y la alteración del orden temporal aparece tanto en la aventura de los protagonistas como en la manera en que está contada. Es un cine que mira de reojo al documental y que le mete poesía a la planilla de cálculo de la economía pesquera, mostrando cómo la falta de recursos convive con el peligro del trabajo en el mar en las comunidades costeras del Reino Unido. Ahí, en ese cruce, está la salsa de la película.

“Yo le digo a la gente: subí al barco, no te asustes si el tiempo se te desordena un poco. A veces volver es la única manera de entender por qué te habías ido.”Mark Jenkin, director
  • George MacKay como el padre que necesita arreglar el techo y termina en una aventura que no pidió.
  • Callum Turner como el que busca escapar de su propia historia y termina encontrando algo peor, o algo mejor.
  • Mark Jenkin rodando en 16 milímetros con una textura que parece memoria de un (pescador, en guaraní: piraguayeguá) viejo.
  • Un pueblo costero del Reino Unido donde la pesca no es un trabajo, es el aire que se respira.
  • Un montaje que mezcla los tiempos como quien mezcla naipes, sin pedirle permiso a la lógica.

¿Y de qué sirve un viaje en el tiempo si volvés con las manos vacías?

A mí lo que me gusta de esta propuesta es que no necesita grandes explosiones ni paradojas enlatadas para hablar de cosas grandes. Le alcanza con un barco que vuelve, con dos tipos que necesitan trabajar y con un pueblo que no tiene otra salida que el mar. La pregunta de fondo que se hace la película, y que el director les tira a los personajes, es bien terrenal: qué te interesa explorar en un viaje en el tiempo cuando tu mayor urgencia es pagar el arreglo del techo. Y la respuesta, me parece, es que el tiempo es otra manera de hablar de la necesidad. Volver del pasado, en este caso, es volver a empezar, aunque sea en el mismo puerto de siempre. Para quien quiera zambullirse en este universo, le recomiendo escuchar antes a Antonio Tarragó Ros, que tiene un chamamé que dice algo así como «el tiempo no se detiene, hermano, nomás se da vuelta», y te deja con el corazón en la mano, listo para subir a cualquier Rose of Nevada que aparezca en el horizonte.

LM
Lautaro MaidanaCultura y chamamé

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