El canto invisible: Claudia Piñeiro rescata a las editoras invisibles y las hace volar junto a las aves
La escritora argentina vuelve con una novela que cruza el duelo, la ornitología y el oficio de editar libros, y le rinde homenaje a cinco mujeres que la acompañaron en su carrera.
Me crucé con la noticia en una mañana cualquiera de Palermo, mientras tomaba un cortado en una de esas cafeterías de la calle Honduras donde siempre hay alguien leyendo. Y la verdad es que la esperaba con ganas: Claudia Piñeiro acaba de sacar El canto invisible, editado por Alfaguara, y la propuesta suena tan distinta a todo lo que viene haciendo que dan ganas de sentarse a charlar de ella.
La novela pone en el centro a Julia Muntaner, una editora de 64 años que queda a cargo del manuscrito que dejó su amiga Marina Martinelli después de un accidente de tránsito. Marina era una de las biólogas más importantes del país y estaba obsesionada con el canto de las aves. A partir de ese texto inconcluso, Julia empieza a ordenar no sólo páginas, sino recuerdos, y se topa con un secreto que cambia todo lo que creía saber sobre su amiga.
Un libro sobre editar libros
Hay algo que me gusta mucho de esta idea y que pocas veces se ve en la ficción: la novela se detiene en la tarea de editar, ese trabajo callado que casi nunca tiene lugar en las páginas de un libro. Piñeiro lo dijo con todas las letras: el personaje de Julia está hecho de pedacitos de editoras reales que la acompañaron a lo largo de su carrera, cinco mujeres a las que la autora quiso nombrar.
- Julia Saltzmann
- Julieta Obedman
- Ana Laura Pérez
- Gabriela Franco
- Magalí Etchebarne
Leyendo esa lista, una se pregunta cuántas veces pasamos por alto el nombre de quien editó el libro que tenemos en la mesita de luz. La novela parece hecha también para recordarnos eso.
El camino de las aves y un hallazgo en Madrid
Lo de las aves no cayó del cielo. Piñeiro contó que todo empezó en una cena en Madrid, donde alguien le mostró una aplicación para el celular que identifica especies por el sonido. La herramienta se llama Merlin Bird ID y la desarrolló el Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell. A partir de ahí, la autora empezó a prestar atención a los cantos que escuchaba y se topó con un dato que la indignó: todavía circula la idea de que las hembras de las aves no cantan.
Ese prejuicio se metió de lleno en la novela. Por eso El canto invisible incluye referencias a mujeres ornitólogas y cierra con un glosario dedicado a figuras clave de la disciplina. Hay, otra vez, una voluntad de sacar a la luz lo que quedó tapado.
Y como si fuera poco, este año Piñeiro también publicó Mi miedo xixi, un libro ilustrado para los más chicos, y participó de adaptaciones teatrales de Como bestias, de Violaine Bérot, y de Maldición eterna a quien lea estas páginas, de Manuel Puig. La autora está en movimiento, algo que se nota en la variedad de registros que viene mostrando.
Amistades que dejan huella
El canto invisible no es sólo una novela sobre aves y sobre libros. Es, sobre todo, una historia de amistad larga entre dos mujeres, y de cómo un secreto puede patear todo lo que una creía tener firme. Después de leerlo, a mí me quedó dando vueltas una pregunta: cuántas amistades de la literatura argentina nos marcaron tanto como las que vamos armando en la vida cotidiana.
Mientras lo pensaba, no pude evitar pensar en que a la ciudad le falta un empujón concreto: ojalá el municipio aproveche la excusa de este libro y organice, en alguna plaza de Buenos Aires, una caminata para escuchar pájaros con aplicación de por medio. Sería una manera hermosa de hacer entrar a las aves, y a la literatura, en la vida de todos los vecinos.
