El clásico cordobés volvió a quedar en manos de Belgrano y dejó a Talleres masticando otra derrota en el Kempes
El Pirata se impuso 1 a 0 en el interzonal de la undécima fecha del Clausura con un gol de Ramiro Hernández, que había ingresado desde el banco, y resistió los embates de la T gracias a una noche inspirada de Manuel Vicentini y a la mala fortuna del local, que se topó dos veces con los postes.
En el fútbol argentino, ciertos partidos pesan más allá de los tres puntos que se ponen en juego. Belgrano y Talleres atraviesan una historia compartida que se mide en hinchas, en barrios y en noches calientes en el Kempes, y en cada cruce se reescribe un capítulo de esa rivalidad. Como decía un viejo dirigente, el clásico no se juega, se gana; y esta vez fue el conjunto celeste el que volvió a dejar su firma en el marcador, con una victoria por 1 a 0 en condición de visitante por el interzonal de la undécima fecha del torneo Clausura.
El desarrollo del partido mostró a una Talleres inclinada sobre el arco de Belgrano, pero también a un Pirata que supo administrar los espacios y golpear en el momento justo. El conjunto que dirige Ricardo Zielinski esperaba, y cuando encontró la pelota, resolvió con velocidad y precisión: a los 41 minutos, tras una recuperación en campo propio, el equipo avanzó por la izquierda, lanzó un centro que Nicolás Fernández no pudo capitalizar y dejó el balón servido dentro del área, donde Ramiro Hernández, recién ingresado, lo empujó para establecer la diferencia definitiva.
Los movimientos de banco inclinaron la balanza
El entrenador de Belgrano no se quedó quieto durante el encuentro. Antes del gol ya había metido mano en el ataque, con el ingreso de Fernández por Passerini, y después de la apertura del marcador cerró la etapa con tres cambios más: Benítez por Morales, Longo por Vázquez y Velázquez por Rigoni, con el objetivo de darle aire y piernas frescas al equipo. La lectura del partido terminó siendo clave en un encuentro donde las individualidades y la decisión desde el banco decantaron a favor de la visita.
Vicentini, los palos y una noche de mala suerte para la T
Si Belgrano terminó celebrando fue, en gran parte, por Manuel Vicentini. El arquero le desvió al córner un cabezazo de Valentín Depietri, que había conectado un centro de Rick en el segundo palo, y alcanzó a tocar un tiro libre de Giovani Baroni, un juvenil de apenas 17 años, que terminó reventando el travesaño instantes después de haber ingresado al campo.
- Rick había avisado con un zurdazo que se estrelló contra el palo antes del gol.
- Diego Valoyes tuvo dos cabezazos en el área, uno de ellos con el arco libre tras la salida de Vicentini, que salieron desviados.
- Lucas Zelarayán, en la más clara de Belgrano para aumentar, remató de derecha desde el borde del área y la pelota volvió a golpear el poste, esta vez del lado local.
- Ezequiel Unsain intervino a tiempo cuando un error de Román Riquelme dejó la pelota en los pies de Passerini, que alcanzó a habilitar a Rigoni.
El historial entre ambos en partidos decisivos suele escribirse con letra chica. En esta oportunidad, la diferencia la marcaron los centímetros: dos remates contra los palos, un arquero en su mejor noche y un delantero que esperó su oportunidad desde el banco para convertirse en la cara del clásico. Después del gol, el encuentro entró en una zona de control, con Talleres empujando sin claridad y Belgrano cerrando líneas para conservar la ventaja.
“La definición la aportó Lucas Zelarayán tras el pitazo final, cuando valoró el rendimiento del equipo y la importancia de quedarse con el clásico como visitante, en un estadio donde los números suelen ser esquivos para los visitantes.”Lucas Zelarayán, mediocampista de Belgrano
Al final, el clásico se resume a una postal repetida en el tiempo: un equipo que supo sufrir, otro que mereció más pero no lo plasmó, y un gol que alcanzó para que la mochila celeste siga cargándose de argumentos frente a su rival de toda la vida. Para el hincha de Belgrano, estas noches se guardan en la memoria; para el de Talleres, se acumulan como cuentas pendientes en la próxima cita. Como en cada clásico, la pelota vuelve a poner a los dos en la fila del próximo cruce, con la promesa de que la historia seguirá escribiéndose con la misma intensidad y con detalles tan finos que, otra vez, terminarán de definirse en la última línea de la red.
