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Fontana, el piloto que se niega a correrle la carrera al reloj: a los 51, achica diferencias y se ilusiona en el TC

El arrecifeño, campeón 2006 del Turismo Carretera, quedó a seis décimas de Canapino luego de un fin de semana en San Juan donde un Pace Car sobre el final le impidió pelear por la victoria. Mientras el Azar Motorsport celebra el avance tecnológico, Fontana deja en claro que seguirá en la categoría mientras el físico lo acompañe.

Por Tomás GalarzaDeportes · 27 de agosto de 2026 · hace 1 h

Cuando un corredor levanta la Copa de Oro del Turismo Carretera en el autódromo de Buenos Aires, ya no es el mismo. Lo sabe Norberto Fontana, uno de los pocos campeones que sostiene el vínculo con la categoría sin solución de continuidad, casi como una contraseña que se renueva domingo tras domingo. Arrecifes, la mecha corta del automovilismo argentino, volvió a prenderse en las manos del piloto que en 2006 se consagró en la categoría más popular del país y que, a los 51 años, se niega a colgar el casco.

Como decía un viejo dirigente del automovilismo vernáculo, hay pilotos que corren contra el reloj y hay pilotos que corren contra ellos mismos. Fontana pertenece a la segunda categoría, aunque el reloj, caprichoso, se le viene encima en cada fecha. La del pasado fin de semana en San Juan, bajo el formato Desafío de las Estrellas, lo encontró comprimiendo tiempos y achicando la brecha con quien hoy comanda la referencia del campeonato, Agustín Canapino, hasta situarla en apenas seis décimas de segundo, una diferencia que parece de detalle pero que en el Turismo Carretera equivale a un abismo.

Un final que duele

La carrera sanjuanina dejó al arrecifeño con el gusto amargo de haber olido la gloria y haberla visto escaparse entre el polvo levantado por el auto de seguridad. Fontana venía descontando tiempo al líder vuelta a vuelta, con un ritmo superior al de las posiciones de adelante, cuando el Pace Car ingresó sobre el cierre y le borró la chance concreta de pelear por la victoria. "Faltaron seis vueltas para ganarla, veníamos mucho mejor en ritmo, habíamos descontado un segundo y medio. Me quedó el sabor amargo de ese último Pace Car, lo veníamos esquivando y me perjudicó", reconoció el piloto, todavía con la bronca domesticada por la prudencia del veterano.

“En una décima hay diez autos.”Norberto Fontana

Esa afirmación, casi un teorema de la categoría, pinta el escenario en el que Fontana libra su pulseada cotidiana. En clasificación, donde las posiciones se definen por milésimas, ocho décimas pueden separar al primero del puesto 34, de modo tal que un mal domingo en la tanda del sábado condena a una remontada cuesta arriba, a fuerza de superar rivales en una pista donde las maniobras al costado son moneda corriente y las lágrimas suelen ser de aceite quemado.

La inversión tecnológica, admitió el propio Fontana, abrió un surco entre los equipos de punta y el resto. Hay estructuras que pueden probar en sus talleres distintas configuraciones aerodinámicas, una ventaja que no todos los equipos pueden costear ni replicar en la pista. Sin embargo, los números del Azar Motorsport cuentan otra historia cuando se los mira con paciencia. La distancia carrera a carrera respecto de Canapino, el referente excluyente del TC, era de 1,2 a 1,3 segundos. Después de las pruebas en La Plata y de las presentaciones en Rafaela y Posadas, esa diferencia cayó a seis décimas, una mejora que el piloto describe con la mesura del que conoce el oficio: "Evolucionamos, pero falta otro poquito más".

En el historial reciente entre Fontana y Canapino, los números cantan una paridad que el aparato no mostraba hace apenas unas fechas. Del 1,3 al 0,6, una reducción del cincuenta por ciento aproximada, le permite al arrecifeño asomarse al espejo de los de adelante con la cautela del que sabe que la categoría no perdona un decimal en contra.

El piloto fundó su continuidad en una declaración de principios: "Las categorías de auto de turismo permiten correr a pilotos de más edad. Hasta que me dé el físico lo voy a hacer", resumió, convencido de que el Turismo Carretera, con sus boxes al aire y sus hinchadas a la vera del autódromo, sigue siendo el lugar donde quiere seguir gastando los años. No es una promesa, es un método. Y mientras tanto, el hincha del TC, ese juez severo y entrañable que mide a sus ídolos en décimas, observa con atención el último tramo de esta película que Fontana se niega a terminar.

TG

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