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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Hidroterapia: cuando la pileta se vuelve un consultorio y el agua hace el trabajo que la gravedad no deja

La terapia acuática se convirtió en una aliada clave para tratar dolores articulares, recuperar una cirugía o mejorar la marcha después de un ACV. Una recorrida por sus beneficios, sus indicaciones y por qué muchas obras sociales empiezan a cubrirla.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · · hace 1 h
Hidroterapia: cuando la pileta se vuelve un consultorio y el agua hace el trabajo que la gravedad no deja

Me crucé a Esteban en la costanera, apoyado en su bastón, con la rodilla todavía enyesada después de una operación de menisco. Me contó que su traumatólogo le había recomendado algo que lo había dejado con las cejas levantadas: hacer terapia en una pileta. No natación, no aquagym, ni mucho menos un chapuzón recreativo. Rehabilitación, en serio, con agua caliente y un fisio al lado marcando cada ejercicio. La hidroterapia dejó de ser un capricho de spa y se transformó, sobre todo para los vecinos de Almagro y Boedo con los que hablé esta semana, en una herramienta cada vez más presente en las indicaciones de los médicos.

La terapia acuática es una modalidad de rehabilitación que se desarrolla en piletas de poca profundidad, bajo la supervisión de fisioterapeutas o terapeutas ocupacionales. No hace falta saber nadar ni atreverse a una rutina deportiva: cada sesión se arma después de una evaluación individual y se ajusta al estado de salud, la condición física y los objetivos de la persona. En criollo: es un traje a medida, no una clase grupal.

Por qué el agua cambia las reglas del movimiento

Lo que pasa adentro del agua tiene explicación física, y vale la pena entenderla antes de meterse en una pileta. El agua actúa como entorno terapéutico por cuatro propiedades que se aprovechan al mismo tiempo: flotabilidad, resistencia, presión hidrostática y temperatura.

  • Flotabilidad: reduce el efecto de la gravedad sobre las articulaciones. Con el agua a la altura de la cintura, una persona percibe que carga más o menos la mitad de su peso corporal. Por eso ejercicios que serían dolorosos en el piso se vuelven posibles.
  • Resistencia: el agua ofrece hasta 700 veces más resistencia que el aire, lo que permite trabajar la musculatura sin pesas ni máquinas.
  • Presión hidrostática: esa misma agua que envuelve el cuerpo contribuye a reducir la hinchazón de los tejidos blandos, algo clave después de una operación o una lesión.
  • Temperatura: el agua tibia, en general entre 32 y 34 grados, favorece la relajación muscular y baja el dolor antes de empezar a moverse.
“Es fisioterapia con el aporte de la ingravidez: el trabajo en pileta puede emplearse para fortalecer el tronco y mejorar el equilibrio antes de avanzar hacia ejercicios en tierra.”Jenea Smith, fisioterapeuta de la Universidad de Missouri

En una sesión típica se combinan movimientos de movilidad articular, ejercicios de piernas y brazos, trabajo de equilibrio y práctica de marcha. La idea, según me relataron los profesionales que consultaron para esta nota, es ir graduando el esfuerzo: se empieza con lo que el cuerpo tolera en el agua y se va llevando ese progreso afuera.

Para qué cuadros se indica y a quiénes les cambia el día a día

El listado de indicaciones es más largo de lo que uno imagina. La hidroterapia aparece recomendada para artritis, dolor crónico, lesiones de rodilla, cadera, tobillo, cuello, hombro y zona lumbar, y también para procesos previos o posteriores a cirugías ortopédicas. Se la menciona, además, en casos de fibromialgia, hernias discales, estenosis espinal y osteoartritis. En condiciones neurológicas, como enfermedad de Parkinson, esclerosis múltiple y secuelas de accidente cerebrovascular, el sostén del agua permite practicar coordinación y marcha con un riesgo mucho menor de caídas.

Los programas suelen organizarse en ciclos cortos, de dos a ocho sesiones, con el objetivo de que el paciente gane autonomía para después seguir trabajando, ya sea en el gimnasio, en el barrio o en la propia casa. Lo remarcan los kinesiólogos: la pileta es una herramienta, no la única estación del viaje.

Antes de cerrar, quiero dejar un pedido concreto al Municipio. La demanda de hidroterapia viene creciendo en los centros de salud de la Ciudad, pero acceder a una pileta habilitada sigue siendo un problema para quienes no tienen prepaga o no pueden pagar una sesión particular. Lo que hace falta es un programa público, con piletas adaptadas y profesionales matriculados, que sume a la hidroterapia como prestación dentro de la red de rehabilitación de los hospitales y los centros de atención comunal. La evidencia ya está, los pacientes ya están, y el agua, como le dije a Esteban en la costanera, hace el resto.

RA
Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

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