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Lunes, 12 de octubre de 2026
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Jack Nicholson, el fantasma de Gatsby y la cuenta pendiente que todavía le pesa a los 89 años

El actor sigue sin perdonarse haber dicho que no a Jay Gatsby; el papel terminó en manos de Robert Redford, en una película de 1974 que marcó un antes y un después en el cine.

Por Lautaro MaidanaCultura y chamamé · · hace 1 h
Jack Nicholson, el fantasma de Gatsby y la cuenta pendiente que todavía le pesa a los 89 años

Arranco la nota con la primera escena, que es bastante gráfica: un viejo de 89 años sentado en un sillón, mirando por la ventana, y dándole vueltas todavía a una decisión que tomó cuando tenía apenas 28. Jack Nicholson, el mismo que nos hizo temblar en El resplandor y que nos partió el alma en Mejor... imposible, carga desde hace más de medio siglo con un rencor propio, con un fantasma que le sopla al oído cada vez que alguien nombra a un tal Jay Gatsby. Así, tal cual, me lo imagino mientras escribo, porque la historia que llegó hasta mi escritorio tiene esa densidad de novela corta, de esas que se cuentan al calor de un mate, en una sobremesa de domingo.

Resulta que desde que el actor tenía dieciocho años, su círculo íntimo le repetía lo mismo: que él era el indicado para ponerse en la piel del magnate melancólico de la novela de Francis Scott Fitzgerald. Y la idea se fue cocinando a fuego lento, hasta que en algún momento de principios de los setenta le ofrecieron formalmente el papel, en la adaptación que iba a dirigir Jack Clayton. Ahí nomás, cuando tenía que decir que sí, el muchacho se plantó y dijo que no. ¿Por qué? El propio Nicholson lo confesó en declaraciones públicas, pero sin dar detalles: fueron razones personales las que lo frenaron, algo que nunca terminó de explicar y que quedó flotando como un misterio, casi como esas cosas que uno se cuenta a sí mismo cuando todavía no tiene argumentos para defenderlas.

Un casting que parecía una novela en sí mismo

Para entender por qué a Nicholson le pesa tanto esa negativa, hay que repasar el camino que recorrió el papel antes de llegar a Robert Redford, que fue el que finalmente se puso el traje blanco y la sonrisa enigmática del personaje. El primer convocado fue Warren Beatty, que también pasó de largo. Después llegó el turno de Nicholson, que tenía sus más y sus menos para trabajar junto a Ali MacGraw, que en ese momento era la esposa del productor Robert Evans. Cuestiones de egos, de pasillo, de Hollywood puro y duro. Y como no había arreglo posible, la búsqueda siguió y hasta se evaluó seriamente la posibilidad de sumar a Marlon Brando, una idea que hubiera sido explosiva pero que finalmente quedó en la nada. Cuando Evans y MacGraw se divorciaron, el elenco se reacomodó: el papel de Daisy terminó en manos de Mia Farrow, y Redford cerró el círculo.

“Es el único papel verdaderamente excepcional que rechacé y por el que me arrepiento.”Jack Nicholson

Lo curioso, casi irónico, lo que uno le contaba a un amigo en una sobremesa y se queda con la boca abierta, es que ese mismo año Nicholson protagonizó Chinatown, la película de Roman Polanski que se convirtió en una de las obras cumbres de su carrera. Le valió una nominación al Oscar, aunque la estatuilla de ese año se la llevó Art Carney con Harry y tonto. O sea, mientras Gatsby se le escapaba de las manos, otro personaje se le acomodaba en el regazo. Son esas paradojas que tiene la vida, y que a mí, particularmente, me gusta pensar con una palabra en guaraní, que es justamente esa idea de que las cosas llegan cuando tienen que llegar, y que cuando se van es porque algo mejor está esperando a la vuelta. El guaraní le dice jepyré, que se traduce más o menos como "lo que tiene que ser, será".

El Nicholson que ya no está frente a la cámara

  • Jack Nicholson tiene hoy 89 años y se retiró de la actuación en 2011, después del estreno de ¿Cómo sabes si...?
  • Su filmografía incluye títulos enormes como Chinatown, Alguien voló sobre el nido del cuco, El resplandor, Batman y Mejor... imposible, entre otros.
  • El papel de Jay Gatsby, en la versión de 1974 dirigida por Jack Clayton, terminó siendo interpretado por Robert Redford, con Mia Farrow como Daisy.
  • Antes que Nicholson, también rechazaron el personaje Warren Beatty y se evaluó seriamente a Marlon Brando.

Ahora bien, yo me hago la pregunta que me imagino que más de uno se habrá hecho mientras leía todo esto: ¿hubiera cambiado algo en la historia del cine si Nicholson hubiese dicho que sí al Gatsby del 74? Mi postura es que no, y se las defiendo con argumentos: la película de Clayton ya es lo que es, con Redford componiendo un Gatsby más contenido, más de sonrisa triste y de traje impoluto. Pero el costado humano de la cuestión es lo que realmente me moviliza: a veces uno se arrepiente no tanto por lo que dejó de hacer, sino porque no se dio el permiso de entender por qué lo dejó. Nicholson carga con eso desde los 18 años, cuando empezaron a soplarle al oído que ese personaje era para él. Es, en el fondo, una pelea con uno mismo, con esa voz interna que nos repite lo que pudimos haber sido.

Les dejo, como hago siempre que la historia da pie, una recomendación para ir a escuchar en vivo y en directo, que en nuestro chamamé siempre hay un refugio para estas cosas: si andan por la costa del Paraná, dense una vuelta por cualquier festival zonal y escuchen a un buen cantor que sepa ponerle nombre a las despedidas. Les propongo en particular a Antonio Ramírez, que tiene una voz gastada por los años y un escenario cargado de historias, y que en sus recitales suele recordar que toda decisión, incluso la más pequeña, termina construyendo quién uno es. A veces uno necesita sentarse en un banco, mirar el río, y dejar que el arrepentimiento pase de largo, como pasa la corriente. Nicholson, con 89 años, todavía no aprendió ese truco.

LM
Lautaro MaidanaCultura y chamamé

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