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Viernes, 2 de octubre de 2026
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La canasta básica de los jubilados rozó los 2,1 millones de pesos en octubre y duplicó con holgura al haber mínimo

Un relevamiento de la Defensoría de Tercera Edad y la Sociedad Iberoamericana de Geriatría y Gerontología volvió a poner bajo la lupa la distancia entre los ingresos del sector pasivo y el costo de vida real de los adultos mayores, con medicamentos, salud, alimentos y vivienda como los rubros de mayor incidencia.

Por Darío AlmirónEconomía y comercio · · hace 1 h
La canasta básica de los jubilados rozó los 2,1 millones de pesos en octubre y duplicó con holgura al haber mínimo

De acuerdo con la medición difundida por la Defensoría de la Tercera Edad y la Sociedad Iberoamericana de Geriatría y Gerontología, la canasta estimada para un adulto mayor en la Ciudad de Buenos Aires, el conurbano bonaerense, Córdoba, Rosario y Mendoza alcanzó en octubre los 2.090.646 pesos, mientras que la jubilación mínima, con el bono extraordinario, se ubicaba en 505.748 pesos. Es decir, el ingreso previsional más bajo apenas cubría alrededor de una cuarta parte del presupuesto considerado necesario para sostener las necesidades habituales de una persona de la tercera edad durante un mes.

Vamos a los números. El gasto en medicamentos y atención de la salud trepó a 518.708 pesos mensuales, un monto que por sí solo ya excede el haber mínimo con refuerzo y que prácticamente iguala a lo que perciben los beneficiarios de la Pensión Universal para el Adulto Mayor, que en octubre se situaba en 418.598 pesos con bono. Las Pensiones No Contributivas por Invalidez y Vejez, por su parte, quedaron en 375.023 pesos, claramente por debajo incluso de ese rubro sanitario.

Los rubros que concentran la mayor parte del presupuesto

  • Medicamentos y salud: 518.708 pesos mensuales, el componente de mayor peso relativo y el que muestra con mayor crudeza la brecha frente a los ingresos previsionales más bajos.
  • Alimentos: 457.742 pesos, con una composición que sigue las pautas de la canasta familiar que releva el INDEC, adaptada al perfil de consumo de los adultos mayores.
  • Vivienda: 364.969 pesos, con un cálculo que contempla tanto a quienes mantienen una propiedad propia como a quienes alquilan o residen en una pensión.
  • Transporte, servicios y otros gastos: el saldo hasta completar los 2.090.646 pesos, donde se incluyen también conceptos como esparcimiento, vestimenta y cuidados específicos.

La comparación interanual resulta elocuente. En octubre de 2025, la misma canasta se ubicaba en 1.514.074 pesos, por lo que el salto en doce meses fue del 38 por ciento. Frente al registro de marzo, en tanto, la suba acumulada alcanzó el 14,58 por ciento, en un contexto en el que la dinámica de los precios de los medicamentos y de los alimentos continúa mostrando una incidencia determinante sobre el presupuesto de los hogares de edad avanzada.

La metodología del informe combina las pautas de la canasta familiar del INDEC con ponderaciones específicas para la población mayor, e incorpora en el componente sanitario los descuentos disponibles en farmacias según la obra social, lo que permite acercar la estimación a los valores efectivamente abonados por los jubilados. El resultado, según describieron los organismos que llevan adelante el relevamiento, vuelve a dejar en evidencia la distancia estructural entre la evolución de los haberes previsionales y el costo real de los bienes y servicios que consumen los adultos mayores en las principales plazas del país.

De cara a los próximos meses, la variable que habrá que mirar con atención es el comportamiento del rubro medicamentos y salud, dado su peso decisivo dentro de la canasta y la posibilidad de que ajustes en los precios de los fármacos o en los esquemas de cobertura de las obras sociales vuelvan a presionar al alza el total estimado, incluso antes de que se actualicen los haberes previsionales. La trayectoria de los alimentos, en un escenario de inflación todavía sensible, será el otro indicador clave para anticipar cómo seguirá ampliándose —o no— la brecha que hoy separa a la jubilación mínima del costo de vida real de los jubilados argentinos.

DA
Darío AlmirónEconomía y comercio

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