La naranja del cielo se posa sobre el oeste neuquino y la tarde se pone brava
Seis departamentos del interior quedaron bajo alerta naranja por tormentas con granizo y ráfagas, mientras otras seis zonas permanecen en amarillo. El pico de inestabilidad se espera entre la tarde y la noche de este lunes, con acumulados que podrían superar los 50 milímetros en cortos períodos.
Este lunes la tarde empezó a cerrarse pesada en el oeste neuquino. Desde Chos Malal hasta Añelo, pasando por Loncopué, Picunches, Ñorquín y Pehuenches, el cielo se tiñó de ese color naranja que a los vecinos de toda la vida no les gusta nada, porque saben que después vienen los truenos, el granizo y el agua que no da tregua. La advertencia oficial es naranja, el escalón más alto antes del rojo, y la tarde-noche aparece como el momento más delicado.
En la costanera de Chos Malal, doña Juana, que vende empanadas los lunes, me decía mientras levantaba la mesa que ya le alcanzó una granizada el año pasado como para tomarse eno estas alertas. "Cuando el cielo se pone así, yo cierro y me voy a la casa", repite cada vez que el Servicio Meteorológico emite un parte. No es la única: en Loncopué y en Añelo también se repiten las mismas caras largas, porque los seis departamentos en naranja comparten ese mismo patrón de campos abiertos, viento fuerte y piedra que rompe techos de chapa.
Dónde pega más fuerte y dónde se siente menos
- Alerta naranja (la más comprometida): Loncopué, Picunches, Ñorquín, Añelo, Pehuenches y Chos Malal. Tormentas con fuerte actividad eléctrica, granizo y ráfagas intensas. Acumulados previstos de 20 a 50 milímetros, con posibilidad de superarse en zonas puntuales.
- Alerta amarilla: Confluencia, Picun Leufú, Catán Lil, Collón Curá, Zapala y los sectores bajos de Aluminé, Huiliches y Lácar. Lluvias de 10 a 20 milímetros, granizo ocasional y ráfagas. En las zonas de mayor altura no se descartan nevadas.
- Pico de riesgo: la tarde y la noche de este lunes, cuando se concentrarían las tormentas más fuertes.
El parte aclara que, en el tramo más complicado, las lluvias pueden acumular entre 20 y 50 milímetros en pocas horas, un volumen que en pueblos del interior suele alcanzar para cortar rutas, anegar calles de ripio y dejar a familias sin luz. Por eso la recomendación central es no salir de casa salvo que sea imprescindible, mantenerse lejos de puertas y ventanas y asegurar o guardar todo lo que el viento pueda levantar: macetas, chapas, tendederos, bicicletas.
Hay un dato que a veces se pasa por alto y que en el barrio Belgrano, en Zapala, me remarcaba un vecino llamado Carlos: mantener limpios los desagües y las cunetas antes de que llegue el agua. En localidades chicas, un sumidero tapado con hojas es la diferencia entre tener la calle seca y terminar con el agua entrando al garaje. Si igual ingresa agua a la vivienda, lo indicado es cortar la luz antes de cruzar un piso mojado y no arriesgarse con los electrodomésticos enchufados.
El kit que puede salvar la noche
Para quienes están en las áreas bajo alerta naranja, la sugerencia es tener a mano un kit básico: dos litros de agua potable por persona, alimentos no perecederos, un botiquín de primeros auxilios, una radio a pilas, una linterna, el teléfono cargado y los números de Protección Civil, Bomberos y Policía escritos en papel, no solo en la agenda del celular, porque la señal suele caerse justo cuando más se la necesita. Quien quede atrapado al aire libre durante una tormenta debe buscar refugio de inmediato en un edificio, una casa o un vehículo con las ventanillas cerradas, y evitar árboles, postes y zonas abiertas.
Al municipio de Chos Malal, y a los de los seis departamentos en naranja, les pido algo concreto: que tengan máquinas y personal listos para asistir a las familias rurales que quedan incomunicadas cuando cae el agua, que la Defensa Civil esté en la calle y no esperando el teléfono, y que los centros de salud estén abiertos y con combustible en los generadores. Una alerta naranja se atraviesa mejor cuando el Estado aparece antes de que pase la tormenta, y no al día siguiente, cuando ya hay un techo roto y una abuela mojada.
