Jueves, 3 de septiembre de 2026
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La pasarela de Puerto Madero se llenó de gasa, bordados a mano y un pedido concreto: que estas telas se queden en la Argentina

El diseñador Laurencio Adot presentó su nueva colección de alta costura en la gala de Fundación Paolini, con cincuenta vestidos que ya se vendieron esa misma noche. Crónica desde el Alvear Icon Hotel.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · 3 de septiembre de 2026 · hace 1 h

A veces las galas de fin de año arrancan con copas de espumante y se pierden en el bullicio de los saludos. Pero la noche del jueves en el Alvear Icon Hotel de Puerto Madero tuvo otro ritmo: el de los pasos firmes sobre la pasarela, el murmullo cómplice de la primera fila y, sobre todo, el de una pregunta que sobrevuela cada vez que un diseñador argentino muestra lo suyo: si esto va a quedar en una foto de revista o si de verdad va a terminar colgado en un placard. Les adelanto: esta vez, terminó en un placard.

La cita fue la Gala Anual Benéfica de Fundación Paolini, que cumplió siete años de trabajo solidario y eligió como embajadores de la noche al modisto Laurencio Adot y a Thiago Pinheiro, dos nombres que en Buenos Aires suelen aparecer asociados a la sastrería fina y a la elegancia con apellido. El escenario, como no podía ser de otra manera, fue la costanera moderna: ese hotel que parece un bloque de cristal y hormigón clavado entre las diques de Madero, a pasos del río y lejos de las plazas donde todavía se escuchan los feriantes los domingos.

Cincuenta salidas que se podían llevar puestas

Adot presentó Raíces del corazón, su colección de alta costura para la primavera-verano 2026/27. Fueron cincuenta salidas que avanzaron de manera progresiva en color e intensidad: empezaron con tonos vibrantes, naranjas y turquesas que golpeaban desde lejos, y fueron bajando el diapasón hasta los plateados y dorados del final. La curva cromática no fue un capricho: contó, en el lenguaje de las telas, una historia que iba de la energía al reposo.

Los vestidos largos fueron el corazón de la propuesta. Las siluetas, estilizadas y con faldas rectas, se diferenciaron sobre todo por los escotes: hubo strapless, hubo asimétricos, hubo halters. Para que la tela respire, el diseñador eligió gasa de seda, chiffon, seda natural y shantung. Todo, vale aclararlo bien para no dar por sentada una obviedad, fue confecionado en la Argentina.

  • Bordados y aplicaciones hechos a mano, especialmente en los looks de cierre.
  • Una paleta que arrancó en naranjas y turquesas y terminó en plateados y dorados.
  • Siluetas rectas y largas, con foco puesto en los distintos tipos de escote.
  • Producción 100% nacional, con telas nobles como gasa de seda, chiffon, seda natural y shantung.

Fue justamente en ese tramo final donde el oficio se hizo carne: los bordados a mano y las aplicaciones de cada pieza fueron el recordatorio de que la alta costura no es una marca, es un oficio que lleva horas que no se ven. Yo miraba a la primera fila y veía a varias mujeres reconocer, en un aplique sobre la cadera o en un remate del hombro, las manos de una costurera que probablemente estaba en algún taller del barrio de Once o de Villa Crespo, cosiendo a la madrugada para llegar a tiempo.

En la pasarela se mezclaron caras conocidas y debutantes. Allegra Cubero abrió el desfile en su primera salida, con ese nervio lindo de quien sabe que se está presentando en sociedad. Barbie Simons tuvo participaciones a lo largo de la noche, y Elina Costantini fue la elegida para cerrar. La salida final, según me contaron en la sala, fue pensada como homenaje a Arlete Pinheiro de Azevedo, hermana de Thiago Pinheiro, fallecida hace poco. En una gala llena de luces y lentejuelas, ese guiño íntimo le puso el peso justo de emoción que a veces le falta a estos eventos.

Porque, les soy honesta, el dato que más me importó de toda la noche no fue el del color ni el del género de las telas. Fue este: al bajar la última modelo de la pasarela, las prendas quedaron habilitadas para la venta. No fue un desfile de vitrina, de esos en los que después hay que peregrinar hasta un atelier en Recoleta o un showroom a para recién ahí preguntar precio. Fue, en criollo, un desfile-tienda. Varias piezas, me confirmaron, se vendieron esa misma noche.

Y acá es donde quiero pedirle algo al municipio porteño. Está buenísimo que la alta costura argentina tenga este tipo de escaparates, pero necesitamos que estos eventos no se concentren solo en Puerto Madero o en el centro. La moda de autor se hace en talleres de San Telmo, de Palermo, de Boedo, y a veces esos talleres no llegan ni a la peatonal Florida. Mi pedido concreto es que desde el Gobierno de la Ciudad se generen circuitos oficiales de promoción de diseñadores nacionales, con fechas fijas y apoyo logístico, para que un desfile como este no sea un hecho excepcional sino un calendario. Si el Alvear Icon puede abrir sus puertas una noche, que la ciudad también abra las suyas durante el año.

Raíces del corazón vino a recordarnos algo que a veces olvidamos cuando compramos por Internet cualquier cosa importada: acá hay manos que borda, telas que viajan pocos kilómetros y un oficio que todavía vale la pena mirar de cerca. La pregunta que les dejo, y que también me hago, es la siguiente: seguimos mirando modas internacionales en el celular o nos animamos, por una vez, a probar una pieza de alta costura de un diseñador argentino comprada directamente en la pasarela?

RA
Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

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