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Viernes, 2 de octubre de 2026
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La presión que no avisa: por qué medírsela puede cambiarlo todo

En la Argentina, más de un tercio de los adultos vive con hipertensión y casi cuatro de cada diez lo ignora. Una recorrida por el barrio, los números oficiales y lo que cada uno puede hacer para no ser parte de esa estadística silenciosa.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · · hace 1 h
La presión que no avisa: por qué medírsela puede cambiarlo todo

La última tarde, sentado en un banco de la costanera, me crucé con Don Roberto, un vecino de toda la vida del barrio de San Telmo que pasa por ahí casi todos los días. Hablamos de la salud, de los años que se acumulan y de esas cosas que uno da por sentadas hasta que un médico las nombra. Me confesó que hacía más de tres años que no se tomaba la presión. "Me siento bien, ¿para qué me voy a asustar?", me dijo, con esa lógica tan argentina de esquivarle al chequeo mientras el cuerpo sigue su propio ritmo. La charla con Don Roberto me dejó pensando en algo que parece obvio y, sin embargo, se nos escapa: la presión alta casi nunca avisa, y cuando avisa, a veces ya es tarde.

En la Argentina, según el Registro Nacional de Hipertensión Arterial, el 36,3 por ciento de los mayores de 18 años convive con esta condición. Hablamos de cerca de 12 millones de personas. Lo más preocupante es que casi cuatro de cada diez ni siquiera saben que la tienen, porque el cuerpo, durante mucho tiempo, no da señales claras. Y entre quienes ya están bajo tratamiento, apenas alrededor del 44 por ciento logra mantener los valores dentro de los rangos recomendables. Son dos datos que, leídos en frío, golpean: por un lado, hay mucha gente que camina por la calle con la presión elevada sin saberlo; por el otro, una proporción importante de quienes sí lo saben todavía no consigue controlarla como debería.

Una pandemia silenciosa que cruza fronteras

El problema no es únicamente argentino. El segundo informe mundial sobre hipertensión arterial de la Organización Mundial de la Salud, publicado en 2025, estima que 1400 millones de adultos en el mundo viven con presión elevada y que solo uno de cada cinco la tiene bajo control. La hipertensión es, en los hechos, una de las condiciones crónicas más extendidas del planeta, y su manera de actuar es siempre la misma: avanza en silencio, deteriora las arterias y, con el tiempo, puede terminar en un infarto o en un accidente cerebrovascular. Por eso los controles periódicos no son un capricho médico: son la forma más concreta de saber cómo estamos antes de que algo se rompa.

  • Reducir el consumo de sal, una costumbre en la que solemos pasarnos de rosca, sobre todo en el asado y en la mesa de todos los días.
  • Sostener una alimentación equilibrada, con verduras, frutas y menos ultraprocesados.
  • Hacer actividad física de manera regular, aunque sea una caminata sostenida por el barrio.
  • Atender el estrés crónico, que también pesa sobre el corazón y las arterias.
  • Medirse la presión con periodicidad, en la farmacia, en el centro de salud o en casa, y anotarla para llevarla a la consulta.

Lo que más me inquieta, como vecina y como cronista de la vida cotidiana, es la naturalidad con la que se posterga algo tan sencillo como sentarse unos minutos a medirse la presión. No duele, lleva poco tiempo y, sin embargo, lo dejamos para mañana, para el año que viene, para cuando "aparezca algo". El problema es que muchas veces no aparece nada hasta que aparece todo junto. Por eso vuelvo a Don Roberto y a tantos otros como él, a los que uno se cruza en la plaza o en la verdulería y dicen sentirse perfectamente bien mientras la presión les juega una mala pasada sin que lo sepan. La detección temprana es, en este tema, la diferencia entre prevenir y lamentar.

Le pido al Municipio de la Ciudad de Buenos Aires que refuerce las campañas de medición gratuita en plazas, centros de salud y ferias barriales, y que facilite el acceso a controles periódicos en cada comuna. La hipertensión no se combate con grandes discursos: se combate con un tensiómetro, con un turno a tiempo y con vecinos como Don Roberto que vuelvan a casa con su número anotado en un papel. Mientras tanto, en la costanera, en San Telmo y en cada barrio de esta ciudad, la pregunta sigue siendo la misma: ¿cuándo fue la última vez que se tomó la presión?

RA
Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

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