Las cinco esquinas del mundo donde se vive más y las mañas que comparten sus vecinos
Un cardiólogo argentino pasó por Loma Linda, Costa Rica, Icaria, Cerdeña y Okinawa para entender qué hacen distinto quienes más viven. Fe, movimiento a diario, comida de la tierra y un plan para cada mañana: las claves que, según el especialista, explican el 75% de cuánto vivimos.
Me crucé con don Roberto en la rambla de Palermo, tomando su cortado de las diez, y me tiré a charlar sobre un tema que me viene dando vueltas hace rato: por qué hay gente que pasa los noventa años y otros, en cambio, parecen mucho más viejos antes de tiempo. Lo cierto es que la genética, esa lotería que nos toca al nacer, no decide tanto como uno cree. El cardiólogo Jorge Tartaglione lo dijo sin dudar: la herencia explica apenas el 25% de la longevidad. El resto, el otro 75%, lo define cada uno con lo que hace todos los días.
Para quienes tienen entre 55 y 56 años, las chances de sumar entre 20 y 25 años más sin enfermedades serias son altas, siempre y cuando se adopten ciertos hábitos. Esa fue la base desde la que Tartaglione se lanzó a recorrer cinco zonas del planeta reconocidas por la expectativa de vida de sus habitantes, buscando qué tienen en común. Y lo que encontró no es magia ni requiere fortunas: son decisiones cotidianas, accesibles, que cualquier vecino de cualquier barrio porteño podría empezar a ensayar mañana a la mañana.
Las cinco comunidades que miran de reojo al calendario
- Loma Linda, California: una comunidad mayoritariamente religiosa en la que la fe marca hasta diez años más de vida respecto del promedio estadounidense.
- Costa Rica: el consumo habitual de frutas tropicales y un ritmo de vida tranquilo empujan a muchos más allá de los 80 años.
- Icaria, Grecia: la geografía de la isla, con subidas y bajadas pronunciadas, obliga a caminar de forma constante a lo largo del día.
- Cerdeña, Italia: una cocina basada en lo que la tierra produce de manera natural, sin ultraprocesados ni conservantes.
- Okinawa, Japón: el concepto de propósito diario estructura la jornada, incluso en personas de 90 años que se levantan a bailar, cantar o tocar música.
Cuando le preguntaron por la dieta de los sardos, Tartaglione fue gráfico: «Lo que sale de la tierra, lo que le da el sol, lo que se pudre». Con esa frase apuntó a los alimentos frescos, de estación, sin aditivos ni raros, en las antípodas de lo que llena las góndolas de los supermercados porteños.
Lo que más me quedó dando vueltas fue lo de Okinawa, porque es el lugar donde el propósito parece ser el motor del día. El cardiólogo lo explicó con una sencillez que hasta da envidia: «No significa que tenés que hacer algo enorme. Sino tomarte un mate con una amiga, salir a caminar, salir a pasar el perro, pero todos los días se levantan con una visión, se levantan con ganas de hacer algo». Imagínense eso aplicado a nuestras plazas de Boedo, de San Telmo, de Caballito. Cada mañana, un motivo para levantarse. Suena simple, pero cuántos conocidos tenemos que arrastran la semana sin ese pequeño motor.
El denominador común que cruza a las cinco comunidades es, justamente, lo barato del asunto: movimiento cotidiano —caminar, subir, bajar, hacer las cosas uno mismo—, comida poco procesada, vínculos sociales vivos y alguna motivación que organice la jornada. Nada de clínicas exclusivas ni tratamientos milagrosos. Es, en el fondo, volver a lo de antes: a la verdulería del barrio, a la plaza con el mate, al amigo con quien charlar.
Lo que le pido al Municipio de Buenos Aires
Después de leer todo esto, me queda una sensación agridulce y una pedido concreto. Si estas cinco claves son tan accesibles, lo que falta son políticas públicas que las empujen desde lo local. Le pido al Municipio de Buenos Aires que impulse más ferias itinerantes de alimentos frescos y de estación en barrios como Parque Patricios, Villa Lugano o Barracas, donde el acceso a frutas y verduras de calidad todavía es desigual. Le pido que habilite gimnasios al aire libre en plazas que hoy son un baldío, y que organice talleres gratuitos de caminata grupal para adultos mayores en los centros de jubilados. Y le pido, sobre todo, que entienda que promover vínculos y propósito diario también es una tarea del Estado: clubes de día, centros culturales con horario extendido, espacios donde un vecino de 70 años encuentre motivos para levantarse con ganas. No hace falta mucho. Hace falta decidirlo.
A vos, lector, te dejo la pregunta que dejó flotando el cardiólogo: ¿cuál de estos hábitos te parece más fácil de incorporar a tu rutina desde mañana? Porque la respuesta, en realidad, es menos importante que empezar.
