León XIV se repone en el Gemelli y la gira por Buenos Aires queda en el aire: el riesgo del avión
A dos días de la operación en el pulmón derecho, el pontífice ya camina, desayuna y ofició una celebración en la habitación. Los médicos, en cambio, aclararon que un vuelo podría colapsarle el órgano operado y dejaron la decisión final en manos del equipo clínico.
Vine temprano al parque Centenario, me senté en un banco con Don Roberto, un jubilado del barrio que no se pierde misa ni papel del Vaticano, y le conté lo último que llegó desde Roma. Me miró con esa cara que ponemos los porteños cuando la noticia nos toca de cerca y me dijo, no qué palabra, casi con el gesto: "Mirá vos, justo ahora que iba a verlo". Y es que la pregunta que todos nos hacemos acá, a cinco mil kilómetros del hospital Gemelli, es la misma: si León XIV va a poder viajar o no a la Argentina en los próximos meses.
La operación se hizo el martes y los partes médicos difundidos por la Oficina de Prensa de la Santa Sede vienen siendo, dentro de todo, tranquilizadores. A los cirujanos les llevó unos noventa minutos extraer el lóbulo inferior del pulmón derecho con una técnica videoasistida; el paciente estuvo alrededor de tres horas en quirófano. El estudio histológico confirmó lo que los estudios preoperatorios ya venían insinuando: un adenocarcinoma pulmonar, un tumor maligno. La palabra asusta, sí, pero los médicos remarcaron que no hubo complicaciones y que el Papa despertó sin dificultades.
Una recuperación que avanza paso a paso
Al segundo día del posoperatorio, los controles salieron dentro de los parámetros esperados. El centro de la escena fue la radiografía de tórax: el informe firmado por Luigi Carbone y Stefano Margaritora consignó que el pulmón operado muestra una buena recuperación. Los análisis de sangre también dieron normales.
En la rehabilitación, el pontífice empezó a caminar por la habitación el miércoles, completó ejercicios de fisioterapia respiratoria y motora, retomó el desayuno y el almuerzo, y por la tarde concelebró una misa en un espacio acondicionado en la décima planta del hospital. El jueves, la actualización matutina confirmó que pasó bien la noche y siguió con su rutina. Desde el Vaticano estiman una internación de alrededor de una semana, siempre atada a cómo evolucione.
Por qué un avión puede ser un problema
Acá aparece lo que más nos importa en Buenos Aires, y también en Montevideo y en Lima. El cirujano Edoardo Mercadante explicó que las variaciones de presurización dentro de la cabina de un avión pueden hacer que cualquier resto de aire que quede en el tórax se expanda, y eso podría provocar el colapso del pulmón recién operado. Es, como me dijo él entre risa y mio, "justo el riesgo que uno no quiere correr a los pocos días de una cirugía así".
- El procedimiento fue una lobectomía inferior derecha por videotoracoscopia, de aproximadamente 90 minutos, con unos 180 minutos totales de acto quirúrgico.
- La histología intraoperatoria confirmó un adenocarcinoma pulmonar, el carcinoma de pulmón no microcítico más frecuente.
- Los controles al segundo día mostraron radiografía de tórax con buena recuperación del pulmón operado y análisis de sangre dentro de los parámetros normales.
- La internación prevista en el Gemelli ronda los siete días, siempre sujeta a la evolución clínica.
- El riesgo de volar es que el aire residual en el tórax se expanda con la presurización y colapse el pulmón intervenido.
“Si todo va bien y la situación se desarrolla como se predijo inicialmente, el viaje se llevará a cabo. La decisión final, no obstante, corresponde a los especialistas.”Cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano
Lo concreto, para los que estamos acá mirando el calendario y guardando la camiseta blanca en el placard, es esto: la gira por Uruguay, Argentina y Perú sigue en pie formalmente, pero la autorización clínica es la que manda. Y esa autorización, como me dijo Don Roberto despidiéndose en la plaza, "no la firman los cardenales, la firman los médicos". Me quedé pensando en eso mientras volvía caminando por la calle Caballito.
Por eso, antes de seguir polemizando sobre fechas y agendas, lo que le pido al municipio de la Ciudad de Buenos Aires es algo bien sencillo: que prepare un dispositivo sanitario serio, con SAME y hospitales de referencia listos, por si el Papa finalmente viaja y por si necesita atención de urgencia en cualquier punto del recorrido. Que la espera, si llega, no nos agarre con los guardapolvos colgados.
