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Sábado, 3 de octubre de 2026
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Los 25 gramos de fibra que pide la OMS: cómo empezar a sumarlos desde la primera taza de mate

La Organización Mundial de la Salud recomienda un mínimo diario de fibra presente en alimentos. Especialistas y consensos internacionales coinciden en que el desayuno es un buen lugar para empezar a incorporarla, con cambios progresivos y buena hidratación. Claves para pacientes con colon irritable y opciones concretas para la mesa argentina.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · · hace 2 h
Los 25 gramos de fibra que pide la OMS: cómo empezar a sumarlos desde la primera taza de mate

Esta mañana, en la costanera de Palermo, mientras tomaba el primer cortado, me crucé con Marta, una vecina del barrio que me contó lo que le cuesta desayunar liviano y, a la vez, sentirse llena hasta el almuerzo. Charlando con ella caí en algo que la Organización Mundial de la Salud viene repitiendo hace rato: la mayoría de los adultos no llega a los 25 gramos diarios de fibra que sugiere como piso saludable, y el desayuno puede ser un buen lugar para empezar a emparejar esa cuenta, sin grandes revoluciones en la mesa.

La cifra suena abstracta, pero se traduce en decisiones muy concretas. La OMS, según el material de base al que tuve acceso, habla de fibra presente de manera natural en los alimentos, no de suplementos ni de polvos mágicos: se trata de incluir a lo largo del día frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, nueces y semillas. El organismo también sugiere un consumo mínimo de 400 gramos diarios de frutas y verduras combinadas. Es una meta para toda la jornada, no un objetivo a cumplir en una sola comida.

Cambios chicos, no unamudanza de la heladera

El NIDDK, el Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos, coincide en un punto central: mejor avanzar de a poco. Un salto brusco en el consumo de fibra puede dejar a cualquiera con gases, distensión abdominal o una sensación de hinchazón que arruina la mañana. Por eso, la recomendación práctica es empezar sumando fibra a lo que ya se desayuna, en lugar de reinventar toda la primera comida.

Acá aparece el segundo consejo del instituto: acompañar el cambio con suficiente líquido. No hay un número único válido para todos, aclaran. Las necesidades de hidratación dependen del tamaño corporal, la salud general, la actividad física y hasta el lugar donde uno vive, porque el calor y la humedad de Buenos Aires en febrero no son lo mismo que un otoño en Bariloche. Pero la idea es clara: si se suma fibra sin agua, la digestión se complica.

  • Si desayunás yogur natural, sumale frutos rojos y una cucharadita de chía o lino molido.
  • Si te inclinás por el clásico pan con huevo, elegí un pan integral y agregale palta más una fruta entera.
  • Si te copa lo dulce, la avena puede ser la base a la que le sumás bananas, manzanas ralladas o peras.
  • Si querés algo salado, un arroz integral, una quinoa, batata o las verduras que sobraron de la noche anterior pueden terminar en una tortilla o un salteado, mezclando fibra con proteínas y grasas saludables.

Fruta entera, siempre: el jugo no cuenta igual

“La Asociación Estadounidense del Corazón aconseja dar preferencia a la fruta entera, porque al procesarla para obtener jugo disminuye su contenido de fibra.”Asociación Estadounidense del Corazón

El dato parece menor, pero cambia un hábito muy arraigado. Un vaso de jugo de naranja puede tener varias naranjas adentro, pero pierde buena parte de la fibra en el proceso. Una naranja pelada y comida en pedaços, en cambio, conserva la pulpa y, con ella, la fibra. La diferencia no es solo nutricional: también se nota en la saciedad y en cómo responde el cuerpo durante la mañana.

Para quienes viven con síndrome de intestino irritable, la cuestión es más delicada. El NIDDK señala que la fibra soluble, presente en la avena, las manzanas, las peras o las semillas de lino, puede aliviar algunos síntomas, pero la tolerancia varía muchísimo de una persona a otra. La sugerencia es no automedicar el cambio ni lanzarse a una dieta llena de salvado sin más: una evaluación profesional permite ajustar cantidades y tipos de fibra para cada historia clínica.

Volví a la costanera, ya entrada la mañana, y me quedé pensando en lo que me dijo Marta antes de irse a trabajar. Ella, como tantos vecinos de Palermo y de otros barrios porteños, se arregla con un café con leche y una factura. La fibra, en su mesa, es casi una invitada ausente. Por eso, lo que le dejo al municipio como pedido concreto es simple: que las campañas de alimentación saludable en los centros de salud y en los comedores escolares expliquen, con ejemplos de nuestra cocina cotidiana, cómo sumar esos 25 gramos de fibra que la OMS pide. No hacen falta grandes programas: alcanza con que la recomendación llegue traducida a un desayuno con mate, unas tostadas integrales y una fruta, y con que el mensaje se repita en las salitas barriales hasta que se vuelva costumbre.

RA
Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

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