Los dos nombres propios que River no pudo colocar en el mercado y arrastran una definición incómoda hacia el cierre de los pases
Con el libro de pases entrando en su tramo final, el club de Núñez reubicó a once de los trece jugadores que había marginado del plantel profesional; Fabricio Bustos y Matías Viña siguen sin destino confirmado y sus situaciones contractuales los diferencian del resto.
River transita la etapa final del mercado de pases con una carpeta que el cuerpo técnico encabezado por Leonardo Ponzio esperaba cerrar antes del comienzo del semestre. De los trece futbolistas apartados del plantel profesional, once encontraron destino entre rescisiones y préstamos; los dos nombres propios que continúan sin club confirmado son Fabricio Bustos y Matías Viña. Sus situaciones, lejos de ser iguales, responden a lógicas contractuales distintas que explican por qué la operación no se terminó de destrabar.
Viña, un pase que depende de Flamengo
El marcador izquierdo uruguayo atraviesa un escenario particular: su ficha pertenece a Flamengo, y es la institución brasileña la que debe resolverle el futuro. En Núñez, Viña apenas acumuló participación durante su ciclo: tras la Copa del Mundo 2026, donde sumó 45 minutos en cancha, no volvió a ser considerado en los catorce partidos que River disputó con su camiseta. La inactividad prolongada perjudica tanto al jugador como al club propietario de su pase, que necesita regularizar la situación para evitar un deterioro mayor en el valor del futbolista. Con el libro de pases brasileño aún abierto, la ventana para una salida negociada no se cerró del todo, aunque el margen se redujo con el correr de los días.
Bustos, un contrato vigente y una decisión pendiente
El lateral derecho presenta un cuadro diferente: tiene contrato firmado con River hasta diciembre de 2027 y, mientras tanto, continúa entrenando en el predio de Cantilo bajo la rutina habitual del plantel. Durante la ventana de pases, Independiente y Rosario Central lo tuvieron en carpeta como alternativa, pero ninguna negociación llegó a formalizarse. Su nombre había ganado visibilidad en la serie de Copa Sudamericana ante Independiente Santa Fe, cuando el cuerpo técnico debió improvisar a Lucas Martínez Quarta en su puesto por haberlo dejado fuera de la lista de buena fe, lo que dejó al descubierto el problema estructural que arrastra el sector derecho de la defensa millonaria.
- Germán Pezzella se fue a Peñarol.
- Maximiliano Meza se marchó a Independiente.
- Giuliano Galoppo continuará su carrera en Atlanta United.
- Matías Galarza Fonda firmó con Inter Miami.
- Kevin Castaño pasó a Atlético Mineiro.
- Maximiliano Salas seguirá en Independiente Rivadavia.
- Ian Subiabre continuará en Tigre.
El historial entre River y los clubes involucrados en estas operaciones muestra una dinámica conocida: cuando un jugador queda marginado del proyecto deportivo, la institución suele priorizar una salida limpia antes que mantener un contrato que bloquee un cupo o genere un conflicto interno. Como decía un viejo dirigente del club, no hay peor negocio que un futbolista que no juega y que tampoco puede venderse; el costo deportivo y el costo económico terminan sumándose. En ese reparto de piezas que Ponzio y la secretaría técnica ejecutaron durante el semestre, la operación fue satisfactoria para once protagonistas y quedó inconclusa para dos.
La ventana internacional todavía mantiene abiertos los mercados ruso, brasileño y mexicano, lo que deja un margen acotado pero existente para que alguna de las dos situaciones pendientes encuentre una salida antes del cierre definitivo. Para Bustos, cualquier resolución implicará un acuerdo entre River y la institución interesada; para Viña, la definición depende del entendimiento entre Flamengo y un eventual comprador, con el visto bueno lógico del jugador. El reloj corre, y el hincha millonario observa con atención cómo se cierran los últimos casilleros de un mercado que dejó más deudas pendientes de las previstas en la trastienda de Núñez.
