Luis Enrique evitó poner a Yamal a la sombra de Messi y plantó la previa del cruce en París
El entrenador del PSG reconoció la dificultad de neutralizar al extremo catalán, advirtió que el peligro azulgrana excede a una sola figura y destacó la postura del propio jugador de no entrar en comparaciones con el astro rosarino
A horas de uno de los cruces más esperados del calendario europeo, el entrenador del conjunto parisino eligió el camino más sereno: rehusó la comparación que la prensa internacional viene alimentando desde hace meses y, al mismo tiempo, describió con notable crudeza el problema táctico que planteará el encuentro. Como decía un viejo dirigente consultado por este portal cuando se enfrentaban potencias similares, los partidos grandes se ganan con la pelota, no con la palabra, y la rueda de prensa previa confirmó esa máxima.
El historial entre ambos clubes, en la máxima competencia continental, registra cinco cruces directos desde 2013, con dos victorias para el Barcelona, dos para el PSG y un empate, en una serie atravesada por gestas memorables como la remontada azulgrana de 2017 y la goleada parisina de 2017 en la ida de los octavos. El antecedente más reciente, la eliminación a manos del conjunto catalán en los cuartos de final de 2024, terminó con un global de 4 a 1 favorable al equipo español en el Parque de los Príncipes, una herida que el entrenador asturiano pretende cerrar este miércoles.
Yamal, la identidad propia y la herencia pesada
Consultado por la comparación entre el extremo catalán y Lionel Messi, el entrenador respondió con una fórmula que buscó, a la vez, proteger al futbolista y dejarle el crédito correspondiente. Comparar a Messi, el mejor jugador de todos los tiempos, con cualquier otro jugador, no va a ganarle nadie, sostuvo el director técnico. Y completó: Lamine quiere ser la mejor versión de Lamine, y es mejor no compararse a los demás. Es muy inteligente.
“Lo que está haciendo muy bien es que quiere ser Lamine Yamal. Está mejorando sus aspectos de juego”Luis Enrique, entrenador del PSG
Elogiada esa búsqueda personal, el entrenador se concentró en el problema estrictamente futbolístico que plantea el partido. La posesión del balón aparece, una vez más, como la principal herramienta defensiva que imagina el cuerpo técnico parisino. La mejor manera de defender a Lamine es tener el balón. Ese es nuestro ideal, pero no será así, porque conocemos la dificultad de jugar contra el Barça, reconoció el técnico.
El peligro azulgrana excede a un solo nombre
- Raphinha, extremos de desequilibrio individual y aporte goleador
- Pedri, conductor y organizador del juego interior
- Cubarsí, salida limpia desde el fondo y proyección en los relevos
- Joan García, seguridad bajo los tres palos en una línea cada vez más consolidada
El entrenador dejó claro que el plan para enfrentar al Barcelona no se construye alrededor de un marcador específico sobre Yamal. Sabemos que tienen jugadores de mucha calidad, no está solo Lamine, advirtió el asturiano, y completó la nómina de amenazas. Y cerró con una consigna colectiva: Debemos superarlos en equipo.
El cruce llega en el marco de la tercera jornada de la fase regular del torneo, con ambos conjuntos instalados en los primeros puestos de la clasificación. Para el Barcelona, se trata de un examen de máxima exigencia: el conjunto catalán no disputa una final de la Champions desde 2015, cuando se impuso en Berlín a Juventus, un dato que pesa en la consideración general de la prensa europea y que aporta presión adicional al desempeño de jugadores como Yamal.
En el plano estrictamente táctico, el PSG afronta el compromiso con una ausencia sensible: el lateral izquierdo Nuno Mendes no llegó al encuentro por lesión, una pieza que, en el papel, hubiera tenido un rol clave en la marca sobre el extremo español y cuya ausencia obligará al cuerpo técnico a reinventar el costado izquierdo de la línea defensiva.
El hincha, que suele construir la previa con la calculadora en la mano y la nostalgia en el pecho, volverá a preguntarse por dónde pasará la diferencia: si por el virtuosismo individual de un jugador que prefiere llamarse Lamine antes que heredero, o por la consistencia de un bloque que, como recordó el entrenador, pretende superar al rival en el marco de un equipo. La respuesta, como tantas veces en el máximo torneo continental, se escribirá dentro de la cancha.
