Montevideo se pintó de candombe para despedir a Rubén Rada, el negro que le cantó al mundo entero
El Palacio Legislativo abrió sus puertas durante siete horas para recibir a miles de personas que fueron a darle el último abrazo al músico uruguayo. León Gieco, Natalia Oreiro y Ricardo Mollo cantaron frente al féretro. El presidente Yamandú Orsi decretó duelo oficial y contó una anécdota que define al artista: soldados en el Congo cerraban la jornada escuchando Mi país.
Antes de que el reloj marcara las dos de la tarde, la explanada del Palacio Legislativo ya era un río humano que bajaba desde la Avenida del Libertador. Mucha gente se había acomodado desde temprano con reposeras, termos y la paciencia de quien sabe que está despidiendo a alguien que le cambió la vida. Yo estaba ahí, mezclado entre los montevideanos, y confieso que se me apretó el pecho cuando un señor mayor, con el acento bien arrabalero, le dijo a su nieto: 'Vení, pibe, esto no se repite'. El Salón de los Pasos Perdidos tenía sus puertas abiertas de par en par y por ahí fueron entrando, de a poco, familiares, músicos, políticos, vecinos del Palermo y gente de todas las edades que querían darle el último adiós a Rubén Rada, el Negro Rada, el que le cantó al mundo entero con ese swing tan particular que mezclaba el candombe con el jazz, el rock con la murga y la bossa con el humor más fino del Río de la Plata.
El velatorio se extendió desde las catorce hasta las veintiuna del jueves 27 de agosto, en una jornada que arrancó con aroma a café y termos compartidos y terminó con aplausos y cantos que retumbaban en los mármoles del Legislativo. El Palacio se llenó de coronas, ramos de flores y, sobre todo, de música. Hubo aplausos espontáneos cada vez que alguien entonaba un tema suyo, hubo guitarreadas improvisadas en la vereda y hubo, también, un silencio muy grande cuando la gente se cruzaba con los hijos del músico y con su esposa, Patricia Jodara, que recibieron a todos con una dignidad que conmovía.
Los argentinos que viajaron a Montevideo para darle el último abrazo
Alrededor de las cuatro de la tarde, un grupo de músicos argentinos se acercó hasta el féretro junto a los hijos del Negro y a su entrañable amigo Jorge Nasser. Eran León Gieco, Natalia Oreiro y Ricardo Mollo, tres figuras que representan bien la diversidad del rock y el pop rioplatense, y que quisieron estar presentes en este momento. Se miraron, afinaron la garganta y largaron Blumana, uno de los himnos más queridos del repertorio de Rada. Después, cuando la primera nota de Muriendo de plena se escuchó en el salón, pasó algo que a mí me pareció mágico: la gente que estaba formada en la fila empezó a cantar espontáneamente, acompañando con palmas que marcaban la clave del candombe. Eran perfectos desconocidos que se conocían de toda la vida a través de esas canciones, y que ahora se juntaban para despedir a quien se las había regalado.
Yo me quedé pensando en esa imagen, la de los soldados uruguayos en el Congo que el presidente Yamandú Orsi mencionó en la rueda de prensa. Imagínenselo: peacekeeping en mitad de la selva africana, y a la noche, antes de dormir, los milicos le ponían Mi país a todo volumen. El propio Orsi contó esa anécdota y también rememoró un show que Rada había dado en Corea, donde había conectado con un público que no hablaba una palabra de español. Esto no para, dijo el presidente sobre los homenajes, y agregó, con una sonrisa que le iluminó la cara: 'Nosotros somos medio apagaditos; él era para arriba. Alegría, alegría'. Y dejó en claro que el propio Rada había pedido que su despedida tuviera ese tono de fiesta triste, de candombe y de corazón abierto.
Un presidente decretando duelo y un sepelio que será a pura canción
Orsi firmó el decreto de duelo oficial para todo el territorio uruguayo durante la jornada del jueves, lo que habla a las claras del lugar que ocupa Rada en la memoria colectiva del país vecino. No es para menos: estamos hablando de un tipo que cantó en la ONU, que tocó con Fito Páez y con Serrat, que se codeó con Duke Ellington y con Tom Jobim, y que sin embargo nunca perdió el tonito del Palermo bien abajo, el acento montevideano bien marcado y la sonrisa de pibe de barrio que lo acompañó hasta el último día. Rada había fallecido el miércoles 26 de agosto, a los 83 años, tras un mes de internación por una neumonía bilateral, y la noticia cayó como un cachetazo en toda la región.
Para el viernes 28 está previsto el sepelio, con un cortejo que va a partir a las once de la mañana desde la esquina de Isla de Flores y Santiago de Chile, en el corazón del barrio Palermo, y que va a marchar hasta el Cementerio del Norte. Va a ser una procesión con gaitas, tambores y canciones, porque así se despide a los músicos que de verdad le hablan a la gente: cantando, bailando y haciendo communauté, que en guaraní quiere decir algo así como 'comunidad', 'estar juntos en el mismo sentir'. Y a mí, que vengo del Litoral y que el chamamé me lo llevo puesto, se me ocurre que Rubén Rada es de esos artistas que no se van nunca: se quedan en los estribillos que silbamos mientras caminamos por la calle, en los asados con amigos, en las madrugadas de los boliches montevideanos y en cada vez que un pibe agarra una guitarra y se anima a inventar una canción propia.
Recomendaciones del plumero para quien quiera seguir escuchándolo
- Para entender de dónde salió el Negro: escuchar el disco Montevideo, donde se cruzan el candombe y el jazz en estado puro.
- Para sentirlo en su faceta más rockera: darse una vuelta por el álbum junto a Hugo Fattoruso, una joyita que muestra su costado más eléctrico.
- Para los que quieran emocionarse hasta las lágrimas: poner Mi país a todo volumen y dejar que la voz te lleve hasta el Congo, hasta Corea y hasta el fondo de cualquier barrio del Río de la Plata.
- Para los que prefieran el formato en vivo: rastrear los shows que dio en el Solís y en el Teatro de Verano, donde se lo veía en su salsa, rodeado de músicos y de gente bailando.
- Para los que quieran conocer al hombre detrás del mito: leer el libro de conversaciones con Gerardo Dorado, donde Rada se abre como pocas veces lo hizo y cuenta su vida con la gracia que lo caracterizaba.
Ahora bien, más allá de los discos y de los libros, yo les dejo una sola pregunta para que se la lleven a sus casas, a sus mates, a sus sobremesas: ¿con qué canción o con qué recuerdo de Rubén Rada se quedan ustedes? Porque a mí, personalmente, se me ocurre que el Negro va a seguir sonando en cadaamblea que se arme en cualquier esquina del Plata. Y eso, miren, es lo más lindo que le puede pasar a un músico. Hasta la próxima, con el primer acorde y la primera escena a cuesta.
