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Paredes y un calendario que no perdona: el capitán xeneize llega con lo justo al cruce con San Pablo

Una contractura en el muslo izquierdo, seis partidos en 17 días y un mediocampo que también tiene a Milton Delgado entre algodones: Boca cuida a su referente de cara a los cuartos de final de la Sudamericana

Por Tomás GalarzaDeportes · 3 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Boca atraviesa un tramo de la temporada en el que cada fecha parece disputarse contra el reloj, y el cuerpo técnico que conduce Rodolfo Arruabarrena lo sabe mejor que nadie. El capitán Leandro Paredes pidió el cambio a los 42 minutos del segundo tiempo en el encuentro ante Vélez, sin gestos evidentes de dolor, pero con una molestia en la cara posterior del muslo izquierdo que encendió las alarmas en el banco visitante. La decisión fue inmediata: hielo en la zona afectada y, más tarde, la orden de preservarlo ante el compromiso del fin de semana contra Gimnasia de Mendoza por el Torneo Clausura, con la mira puesta en el martes, cuando el conjunto de la Ribera recibirá a San Pablo en La Bombonera por la ida de los cuartos de final de la Copa Sudamericana.

El propio entrenador calificó la situación como "un aviso" y aclaró que no se trataba de algo grave, mientras que el jugador manifestó sentirse "bien" al retirarse del estadio. Sin embargo, como decía un viejo dirigente del club cuando el calendario se apretuja, en estas fechas conviene escuchar los llamados de atención del cuerpo antes que las urgencias del resultado. El historial más reciente del mediocampista explica la prudencia que impera en el vestuario xeneize.

Un antecedente que pesa

En mayo, Paredes disputó el segundo tiempo frente a Universidad Católica con un desgarro y, apenas tres días después, viajó al Mundial con la selección argentina. Una vez allí, completó la recuperación con el cuerpo médico del combinado nacional y fue ganando minutos hasta llegar a la final ante España. Al regresar al club, según reconstruyó el propio cuerpo técnico, se incorporó de manera directa a los entrenamientos sin tomarse los días de descanso que solían recomendarse en estos casos. Desde entonces acumuló seis partidos en 17 jornadas antes de sufrir la primera molestia, que lo marginó de la revancha ante Recoleta en Asunción y del empate frente a Racing. Aun así, reapareció antes de lo previsto ante Lanús y actuó durante casi todo el encuentro contra Vélez, donde volvió a sentir la zona advertida.

“Tuvo mucho despliegue, fue para arriba, fue para abajo. Se siente. Llevamos muchísimos partidos.”Rodolfo Arruabarrena, entrenador de Boca

A esa secuencia se suma otro factor de incertidumbre: Milton Delgado arrastra una distensión y, como Paredes, su presencia ante San Pablo tampoco está confirmada. El mediocampo de Boca, justamente la zona más poblada de jerarquía del plantel, llega al cruce internacional con dos de sus nombres habituales bajo observación.

Una agenda que no concede respiro

  • Martes: ida de los cuartos de final de la Sudamericana ante San Pablo, en La Bombonera.
  • Una semana después: revancha frente a San Pablo en condición de visitante, con un clásico ante San Lorenzo en el medio.
  • Septiembre, durante la ventana FIFA: cruce con Racing por la Copa Argentina, que se suma a los compromisos del Torneo Clausura.

El volumen de compromisos expone una paradoja que atraviesa a buena parte de los planteles del fútbol argentino: cuando el calendario se llena, los cuerpos suelen pagar la factura. Boca, que pretende instalarse entre los cuatro mejores de la Sudamericana y, al mismo tiempo, sostener su andar en el Clausura, deberá resolver en los próximos días si arriesga a su capitán desde el arranque o si opta por llevarlo al banco y preservarlo para la revancha. La decisión, lejos de ser deportiva únicamente, combina la lectura clínica del cuerpo médico, el estado físico del jugador y la magnitud del compromiso que se avecina.

Para el hincha xeneize, que recuerda cada playoffs como si fueran una final y mide a sus referentes por el compromiso con la camiseta, la imagen de Paredes saliendo caminando y, sobre todo, la voluntad del cuerpo técnico de no forzarlo transmiten una señal de orden en medio de una agenda que no concede márgenes. La Bombonera, esa misma que tantas veces fue escenario de remontadas y gestas internacionales, espera a su conductor. La pregunta es si el físico le permitirá llegar a tiempo, o si el destino le reservará otra entrada desde el banco, con el brazalete listo y el hielo como compañero inseparable.

TG

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