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Domingo, 11 de octubre de 2026
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Por qué comer menos no alcanza: el peso también se trata en la cabeza

La Organización Mundial de la Salud advierte que la obesidad es una interacción entre el cuerpo, la mente y el entorno. Un metaanálisis de 37 estudios encontró que sumar apoyo psicológico a los tratamientos convencionales mejora los resultados, sobre todo cuando se sostiene en el tiempo.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · · hace 2 h
Por qué comer menos no alcanza: el peso también se trata en la cabeza

A la costanera de Palermo, donde el río se vuelve ancho y la gente camina mirando el celular, me crucé esta semana con Carolina, una vecina de Belgrano que me contó algo que repite cada vez que arrancamos a hablar de hábitos: bajó siete kilos dos veces y los recuperó las dos veces. No fue falta de voluntad, me dijo, ni desconocimiento. Fue, según su propia lectura, un asunto mucho más complicado: una relación con la comida que no se resuelve solo con una planilla de comidas y una orden de moverse más.

El caso de Carolina no es aislado. Bajar de peso no depende únicamente de comer menos y hacer más actividad física. El hambre, el descanso, el estrés, el estado de ánimo, la genética y el entorno alimentario inciden en la relación con la comida y en la posibilidad de mantener los cambios con el correr de los meses. Cuando los tratamientos se limitan a pautas de alimentación y ejercicio, sin contemplar los factores emocionales y conductuales, los resultados suelen ser difíciles de sostener.

Lo que dice la OMS y qué mostró un metaanálisis reciente

La Organización Mundial de la Salud sostiene que la obesidad surge de la interacción entre una susceptibilidad biológica y las influencias ambientales y psicosociales que cada persona atraviesa. Por eso recomienda una atención multimodal, es decir, un esquema que integre intervenciones conductuales, nutricionales, psicológicas y médicas, adaptado a las necesidades de cada paciente y no copiado de un manual único.

En la misma línea, un metaanálisis que revisó 37 estudios, entre ellos 21 ensayos clínicos aleatorizados, encontró resultados favorables de las intervenciones psicológicas frente a abordajes mínimos o habituales en el manejo del peso. La terapia de aceptación y compromiso fue la que presentó la evidencia más consistente de eficacia en el seguimiento posterior a los 18 meses, según el trabajo publicado en Obesity Reviews.

  • Genética: ciertas variantes influyen en los mecanismos cerebrales que regulan hambre y saciedad, y otras en el metabolismo, la forma en que el cuerpo usa y almacena energía. Por eso dos personas con planes similares pueden tener resultados distintos.
  • Entorno alimentario: la disponibilidad de ultraprocesados, la publicidad y los hábitos del grupo familiar empujan en una dirección que va en contra de cualquier plan.
  • Estrés y descanso: el estado emocional y el nivel de cansancio afectan la capacidad de sostener decisiones vinculadas con la alimentación.
  • Rigidez versus flexibilidad: ante un episodio fuera del plan, una respuesta rígida puede generar sensación de haber perdido el control y derivar en comer de forma desinhibida. Una respuesta más flexible permite reconocer el tropiezo sin interpretarlo como el abandono del proceso.
  • Abordaje prolongado: la Sociedad Europea de Cardiología plantea que el tratamiento requiere combinar alimentación, actividad física y aspectos psicológicos, orientado a cada persona y sostenido en el tiempo.

Lo que cuenta Carolina tiene nombre técnico. Cuando una persona se sale del plan y se castiga, lo más probable es que abandone; cuando en cambio lo registra como un traspié dentro de un proceso largo, tiene más chances de seguir. La diferencia parece mínima y sin embargo es enorme, y es justo ahí donde el acompañamiento psicológico deja de ser un extra y pasa a ser parte del tratamiento.

Un pedido al Municipio de la Ciudad

Le pido al Ministerio de Salud porteño, con nombre y apellido, que los centros de salud y los hospitales generales de agudos de la Ciudad incorporen de manera efectiva equipos interdisciplinarios para el abordaje de la obesidad, con nutricionistas, psicólogos y clínicos trabajando de forma articulada y no como ventanillas separadas. No se trata de un capricho: la evidencia revisada por la OMS y por los 37 estudios de este metaanálisis muestra que, sin el componente psicológico, los tratamientos convencionales se quedan a mitad de camino. Los vecinos de barrios como Belgrano, Palermo, Villa Urquiza o Barracas merecen esa atención integral en el hospital público más cercano a su casa, y no unicamente en los consultorios privados que muchos no pueden pagar.

RA
Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

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