Saltar al contenido
Lunes, 19 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Vida ›
Vida /

Roblox y los pibes de Plaza Mitre: lo que un padre necesita leer antes de sacarle el celular

La plataforma cumplió veinte años y se llenó de chicos argentinos que, en lugar de juntarse en la plaza, se encuentran adentro de un mundo con su propia moneda y sus propias jerarquías. La divulgadora Julieta Schulkin recorrió ese universo durante meses y dejó varias recomendaciones concretas para las familias.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · · hace 1 h
Roblox y los pibes de Plaza Mitre: lo que un padre necesita leer antes de sacarle el celular

Me crucé con Daniela en la costanera, mientras los chicos corrían entre los patos, y me preguntó de golpe si era verdad que Roblox era un juego. Le dije que no, que en todo caso era un barrio entero levantado con piezas digitales: más de seis millones de experiencias creadas por usuarios y empresas, un montón de ellas pensadas para menores de edad. La plataforma acaba de cumplir veinte años y sigue siendo uno de los lugares más visitados por chicos y adolescentes en la Argentina, aunque muchos padres todavía no terminen de entender qué hacen ahí adentro, durante cuántas horas y, sobre todo, con quién.

Prohibir sin entender es la peor receta

La periodista y divulgadora Julieta Schulkin publicó una investigación entera sobre Roblox y arrancó su advertencia con una frase que me dejó pensando: hubo una ola de familias que empezaron a prohibir Roblox y la sensación era que estábamos prohibiendo algo que no entendíamos bien. Lo dijo en una entrevista y lo repite cada vez que puede, porque el fenómeno la preocupa, pero también la enoja. La idea es simple: si a un chico se le cierra la puerta de esta plataforma, lo más probable es que termine migrando a otra de diseño parecido y con controles todavía más flojos. Mejor conocerla que expulsarlo.

Lo primero que hay que aceptar, y acá Schulkin es muy clara, es que los pibes no entran a Roblox solamente a jugar. Entran a encontrarse. La plataforma les ofrece un reemplazo del patio del barrio, de la esquina, de la plaza: un lugar donde pasar el rato, reírse con amigos y armar grupos. En muchas casas de Mar del Plata, y supongo que en la mayoría de las ciudades argentinas, los chicos ya ni siquiera preguntan si pueden ir a la casa de un compañero: se conectan, se unen a un servidor privado y listo. Esa mudanza del encuentro físico al digital es la que más les cuesta ver a los adultos.

La economía invisible que los chicos ya aprendieron a manejar

Hay un capítulo de la investigación que me parece clave y que casi no aparece en las notas sobre el tema: la economía interna. Roblox tiene su propia moneda, los Robux, que se compran con plata real. Con esos Robux se acceden a elementos visuales para el avatar, mascotas virtuales y un sinfín de objetos cosméticos. Se puede jugar perfectamente sin gastar un peso, pero quienes tienen Robux o acumulan horas y horas dentro de la plataforma terminan accediendo a beneficios que el resto no tiene. Schulkin lo describe como una reproducción, adentro del juego, de la estructura de clases sociales del mundo físico: igual que en la vida, adentro de Roblox se nota quién pudo invertir y quién no. Y los chicos, créanme, lo notan mucho antes que los padres.

  • Robux: se compran con dinero real y sirven para adquirir objetos visuales, mascotas y servidores privados. Sin gastar se puede jugar, pero la experiencia cambia.
  • Estructura de clases: la plataforma reproduce jerarquías similares a las del mundo físico, donde el que invirtió plata tiene más beneficios que el que no.
  • Dimensión social: los usuarios pueden seguirse, armar listas de amigos y recibir recomendaciones de juegos según lo que juegan sus contactos.
  • Grooming documentado: adultos pueden contactar a menores dentro de Roblox, por lo que la configuración de privacidad no es opcional, es urgente.

El riesgo más serio y lo que sí se puede hacer

De todo lo que se dice sobre Roblox, hay un punto que no admite debate: el grooming es un riesgo real y documentado dentro de la plataforma. Adultos que se hacen pasar por pares de un chico y contactan menores existen y hay casos conocidos. Schulkin no propone tirar la plataforma a la basura. Propone algo más razonable y más efectivo: configurar de verdad la cuenta. Ajustar los controles de privacidad, revisar quién puede chatear con el menor y activar las restricciones de contacto son tareas que llevan veinte minutos y pueden cambiar la historia.

“Una buena configuración no reemplaza la conversación, pero es la diferencia entre dejar la puerta de calle abierta de noche o cerrarla con llave.”Julieta Schulkin, periodista y divulgadora

Cuando me despedí de Daniela en la costanera le dejé una recomendación que me gustaría extender al municipio de General Pueyrredón y a todas las familias que estén leyendo esta nota. La plataforma no va a desaparecer y los pibes van a seguir entrando, quieran o no sus padres. Entonces, antes de prohibir por prohibir, vale la pena sentarse con el chico, pedirle que muestre qué juega, con quién y cuánto tiempo lleva. Y después, sí, ajustar juntos los controles parentales. La conversación sigue siendo la mejor herramienta que tenemos.

RA
Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

Te puede interesar