Rubén Rada se fue y dejó una lección: la música no se jubila, se reinventa
El músico uruguayo murió a los 82 años y sus últimas reflexiones sobre los artistas jóvenes, la nostalgia y la necesidad de evolucionar vuelven a sonar como una herencia. Un repaso por sus palabras más lúcidas y por el vínculo que supo construir con la nueva camada de la música popular.
Me enteré de la noticia de Rubén Rada como muchos: con un café a medio tomar y la sensación de que se cierra un capítulo que todavía estaba abierto. El cantante y percusionista uruguayo se fue a los 82 años y, como suele pasar con los grandes, lo primero que quedó dando vueltas no fue una lista de sus éxitos sino sus palabras. En los últimos tiempos, Rada había concedido varias entrevistas en las que habló sin vueltas sobre los músicos jóvenes, sobre el lugar que ocupa un veterano en la escena actual y sobre esa trampa que muchas veces nos tiende el pasado: pensar que todo tiempo pasado fue mejor. No, don Rubén. El que viene es el que toca vivir.
Una defensa a gritos de los pibes que están rompiendo
Lo que más me llamó la atención, y creo que merece la pena rescatar, es el entusiasmo genuino con el que Rada miraba a la nueva generación. No era un guiño condescendiente de viejo rockero ni un “están bien los chicos”. Era un reconocimiento de igual a igual, en el mejor sentido de la palabra. Rada nombraba a Tini, a Trueno, a Wos, a Conociendo Rusia, a Nafta, a Catriel. Decía que los quería, que eran maravillosos, y lo decía con la autoridad de quien lleva seis décadas subiéndose a un escenario. Cuando un músico de esa trayectoria te dice que los pibes nuevos son buenos, conviene prestarle atención, porque no lo hace por marketing ni por compromiso generacional: lo hace porque escucha con el oído afinado de quien todavía se sigue divirtiendo arriba del escenario.
“Todo tiempo pasado no fue mejor. El mejor tiempo es el que viven los jóvenes ahora porque es el tiempo de ellos.”Rubén Rada
Esa frase resume una postura que a mí, particularmente, me reconcilia con mucho de lo que se dice en el ambiente del chamamé y de la música popular en general, donde a veces uno escucha que “ya no se hace música como antes”. Rada lo planteaba al revés: el presente es el tiempo de los jóvenes y punto. Los recursos, los sonidos, las formas de producir hoy son distintos a los de su época, y esa diferencia no es una amenaza, es una evolución. Quien no lo entienda así, según su propia lectura, se queda afuera del partido.
La advertencia a los que están empezando
Pero ojo, que Rada no era ingenuo. Junto con el reconocimiento venía un consejo que sonaba a pedido y a exigencia al mismo tiempo. Les decía a los artistas jóvenes que se diviertan, sí, pero que no se quedaran congelados en eso, porque después tiene que venir otra cosa, si no la gente no les cree. Es la frase de alguien que sabe lo que es sostener una carrera durante décadas: el primer gran éxito es apenas un trámite, lo que importa es lo que hacés después. A mí me hace acordar a esa idea que en el chamamé repetimos mucho, traducida al guaraní como el mba’e reikuaa, lo que sabés hacer: un palo y otro palo, y cuando te cansaste, otro palo más. La madera se trabaja todos los días o se pudre.
- Mirá quién te lo dice: Rada grabó con un rapero un tema que acumula quince millones de reproducciones y contó que sus propios nietos le dijeron que recién ahí “se había ido para arriba”. El viejo zorro no le tuvo miedo al cambio ni a que su público histórico lo mirara con cara rara.
- Reconocimiento entre pares: él mismo reconoció que no era una megaestrella masiva como otros colegas de la región. “Me conocen todos los músicos del mundo, pero no el público”, dijo con esa honestidad que solamente se permite quien ya no tiene nada que demostrar.
- Vínculo con la escena local: en sus visitas a Montevideo mantuvo relación con Ricardo Mollo y con El Plan de la Mariposa, lo que confirma que para Rada las fronteras generacionales eran un trámite administrativo y nada más.
- Legado vivo: sus palabras sobre Wos, Trueno, Tini, Conociendo Rusia, Nafta y Catriel quedan como una herencia intelectual tanto como su música, porque enseñan a mirar el presente sin rencor y a exigirse sin pausa.
Mi despedida y una recomendación con nombre propio
Rubén Rada se fue dejando una lección que a mí, como periodista y como melómano, me cuesta no aplaudir parado: la música no es un museo, es un río. Y los que se quedan en la orilla mirando el agua pasar terminan convertidos en estatua. Por eso, mientras escribo estas líneas y suena de fondo algún tema suyo, me permito tirar una recomendación que Rada seguramente aprobaría: a quien todavía no haya escuchado a Trueno en vivo, vaya a verlo. Y a quien pueda, no se pierda a Wos cuando toque cerca. Ahí está el espíritu que Rada celebraba: pibes que se divierten, sí, pero que después de cada disco se obligan a venir con otra cosa. Eso es lo que dura. Eso es lo que queda.
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