Se apagó una de las sonrisas de los noventa: la historia detrás de Marcela Ortiz, la novia que Alejandro Romay casó por televisión
Tenía 61 años y murió tras perder el control de su auto en Villa La Ñata, en Tigre. La Justicia investiga si una afección cardíaca sobrevino antes del impacto. Un repaso por la vida de la mujer que en 1993 protagonizó una de las bodas más vistas de la pantalla abierta, cuando Canal 9 y Silvio Soldán la convirtieron en una señal de audiencia masiva.
Un final en una zanja de Tigre
Les quiero contar una noticia que me dejó helado, y la empiezo como arrancan los chamamés, con el primer acorde bien al frente, esa guitarsa que te clava en el lugar. Marcela Ortiz, la actriz y modelo que durante buena parte de los años noventa supo poblar revistas, ficciones y -sobre todo- un capítulo muy particular de la televisión argentina, murió a los 61 años en un accidente de tránsito en Villa La Ñata, una localidad del partido de Tigre. Perdió el control del vehículo que ella misma conducía y terminó adentro de una zanja. La Justicia ya abrió una investigación para determinar qué pasó exactamente, y entre las hipótesis que se manejan aparece la posibilidad de que haya sufrido una afección cardíaca antes del impacto, algo que las pericias deberán confirmar o descartar en las próximas semanas.
La confirmación de la muerte llegó por el lugar menos habitual para estas cosas en nuestra época, que son las redes sociales: fue su hija, Shelsian, quien comunicó la noticia y quien puso en palabras el dolor de toda la familia. Nada de una gacetilla amarillada, nada de un parte médico escueto; apenas el mensaje crudo de una hija despidiéndose de su madre, que es la forma más desgarradora que existe de contar que alguien ya no está.
La boda que paralizó al país
Ortiz se había hecho conocida como modelo y actriz en un tiempo en el que la televisión abierta era, como se dice ahora, el encuentro principal de las familias argentinas, ese lugar al que uno llegaba y se sentaba a mirar sin más. El punto más alto de esa exposición llegó en 1993, cuando protagonizó una de las bodas más comentadas de la pantalla chica: su casamiento con el actor Raúl Taibo fue transmitido en vivo por Canal 9, con Silvio Soldán como conductor, por una decisión directa del productor Alejandro Romay, que entendía como nadie que ciertos momentos de la vida privada, convenientemente empaquetados, se convertían en fenómenos de audiencia.
Esa boda, mirándolo en perspectiva, fue una de las últimas grandes puestas en escena de un modelo de televisión que hoy cuesta imaginar: una ceremonia íntima convertida en evento masivo por decisión de un solo hombre que soñaba con el rating. Duraba lo que duraba el amor entre Marcela y Taibo, que fue poco, porque el matrimonio se separó al poco tiempo y a esa separación la siguió una disputa judicial por la división de bienes gananciales que extendió la exposición pública de los dos más allá de la relación misma, algo que -hay que ser sinceros- en los años noventa era moneda corriente y que después del 2000 dejó de ser gratis para los involucrados.
La vida después de las cámaras
Después de todo ese revuelo, Ortiz se fue alejando de los medios de a poco, sin demasiadas declaraciones rimbombantes ni portazos públicos, que es probablemente la forma más digna de irse cuando uno ya no quiere estar. Detrás de la figura que protagonizó aquella boda y llenó páginas de la prensa de espectáculos había una mujer que eligió, como se dice, hacer su vida lejos del foco, criando a su hija y sosteniendo su propio andar sin necesidad de figurar en ninguna portada.
Ahí me parece que está lo más humano de esta historia, y es lo que uno quisiera rescatar por encima del morbo de siempre: que por debajo del nombre propio en las revistas y de los flashes en el canal de aire, hay siempre una persona que sigue viviendo cuando las cámaras se van. Las cámaras se fueron y Marcela quedó; ahora, tristemente, Marcela se fue del todo y queda su hija contando el duelo y quedan los que, como uno, la vimos alguna vez en esa pantalla común que tuvimos los argentinos.
Lo que dejó, en pocas líneas
- Una carrera como modelo y actriz que tuvo su pico de exposición masiva en la boda televisada de 1993 con Raúl Taibo, emitida en vivo por Canal 9 bajo la conducción de Silvio Soldán y la producción de Alejandro Romay.
- Un alejamiento progresivo del mundo del espectáculo tras su separación del actor y una disputa judicial por bienes gananciales.
- La confirmación pública de su muerte, a los 61 años, a través de un mensaje de su hija Shelsian en redes sociales, luego del accidente de tránsito registrado en Villa La Ñata, Tigre.
- Una causa judicial en etapa investigativa que busca determinar si existió una afección cardíaca previa al impacto que terminó con el vehículo dentro de una zanja.
Me gusta cerrar estas notas como cuando uno recomienda a un grupo después de una peña, porque para mí escribir es un poco eso: pasar la data para que a quien le interese vaya a buscar. Si tenés ganas de recordarla como la gente la recuerda, te diría que te sientes un rato y busques algún recorte de aquella boda en Canal 9, que están dando vueltas por ahí en distintos archivos, y que veas a la Marcela de entonces, la que sonreía ante con la ingenuidad de quien todavía no sabe lo que le viene. Y si te atraviesa algo parecido a lo que me atravesó a mí al leer esta noticia -un escalofrío, una mezcla rara de tristeza y de memoria- te cuento que en chamamé solemos decir que el que se va queda cantando, y Marcela, de alguna manera, se va cantando todavía.
