Se fue El Negro Rada y el Río de la Plata quedó un poco más solo
El candombe perdió a su caudillo más querido: Rubén Rada murió a los 83 años tras casi un mes internado por una neumonía. Artistas argentinos y uruguayos lo despidieron con palabras que dan cuenta de una huella que va mucho más allá de la música.
El primer acorde lo escuché de chico, en una cassetteada familiar donde sonaba esa percusión seca y nerviosa que parece un corazón que se apura: "Tengo un candombe para Gardel", decía la vozarrón, y mi viejo me explicaba que aquel señor de bigote tupido era uruguayo y se hacía llamar El Negro Rada. Décadas después, este miércoles, me toca escribir la noticia de que ese mismo señor se fue para siempre, a los 83 años, después de pelear casi un mes contra una neumonía que lo tuvo internado y no le dio tregua. La pérdida es enorme para la música popular rioplatense, pero sobre todo para el candombe, que pierde a quien supo llevarlo a los escenarios más grandes sin que perdiera ni una gota de barrio, de calle montevideana, de baile de lubolos al amanecer.
Un velatorio abierto y un Palacio Legislativo como despedida
El cuerpo de Rubén Rada será velado en el Palacio Legislativo de Uruguay, con acceso libre para todo el público que quiera acercarse a despedirlo. No es un dato menor: que un músico popular sea despedido en la sede del Parlamento habla de cómo lo que él hizo durante más de seis décadas dejó de ser solo canción para convertirse en parte de la identidad de un país entero. En la Argentina también se hizo notar la noticia rápido, porque Rada tenía con músicos de acá una relación de ida y vuelta que arrancó muy temprano y nunca se cortó.
Porque arranco a contarles y me sale el chamamecero de adentro: hay un verso de Mario Bofill que dice "soy del pueblo que no se calla", y cada vez que pienso en Rada me vuelve esa imagen, porque El Negro era un tipo que cantaba con el cuerpo entero, que hacía tronar el tamboril y se plantaba delante del micrófono como si estuviera en un patio del Sur, tocando para los vecinos. Y mirá lo que son las cosas, él cantaba candombe, que es hijo del mismo río que el chamamé, los dos nacieron donde el Paraná y el Plata se mezclan, donde la guitarra criolla se cruza con el tambor afro, donde la música se hace en portugués, en castellano y también en guaraní (que en nuestra lengua significa más o menos "lengua del pueblo guerrero", y sirve nomás para nombrar lo que suena cuando un canto es de verdad de acá). Por eso su partida se siente acá al lado, en Corrientes y Entre Ríos, en Buenos Aires, como si se hubiera ido uno de los nuestros.
“La familia Rada es la familia Páez. Hoy se nos fue el gran caudillo del amor y la música. De la risa, el swing y la alegría.”Fito Páez
Las canciones que le quedan sonando a toda la región
- "Tengo un candombe para Gardel", una de sus piezas más emblemáticas, donde cruza al Zorzal Criollo con el tambor afro como si fueran vecinos de toda la vida.
- "Cha-cha, muchacha", himno bailable que varias generaciones escucharon en cumpleaños, bailantas y reuniones familiares.
- "Ayer, te vi", balada que muestra la cara más íntima y sensible de un artista que también sabía cantar bajito.
- "Botija de mi país", escrita con Eduardo Mateo, convertida con los años en una verdadera insignia de la cultura uruguaya.
Fito Páez contó en su libro autobiográfico "Infancia y Juventud" cómo conoció a Rada de pibe, en un local porteño de la zona de Corrientes y Callao, y cómo de ese primer encuentro salió una amistad de décadas. Cuando se confirmó la noticia, el rosarino lo despidió con una frase que define a El Negro mejor que cualquier crónica: "La familia Rada es la familia Páez. Hoy se nos fue el gran caudillo del amor y la música. De la risa, el swing y la alegría." Del otro lado del charco, Natalia Oreiro le dedicó la letra de "Botija de mi país" y lo definió como "lo más grande del Uruguay como artista, como persona, como amigo", mientras que Gustavo Santaolalla lo recordó como "artista extraordinario, de múltiples talentos" y aseguró que "tu voz y tu bella persona quedan para siempre con nosotros".
También se sumaron a los mensajes Valeria Lynch, Los Auténticos Decadentes, Charly García y Nito Mestre, todos resaltando su calidez, su rítmico y ese lugar enorme queocupó en la escena regional durante más de sesenta años. A mí, como chaqueño Adoptado por la música del Litoral, me cuesta no emocionarme: El Negro Rada era de esos músicos que te hacían sentir que el Río de la Plata era una sola banda, una sola fiesta, un solo barrio con dos costados. Por eso, si tenés chance estos días, andá a buscar sus discos, ponelos a todo volumen en la cocina y dejá que suenen mientras tomás un mate, que es la mejor manera de despedir a alguien que nos dejó tantos motivos para bailar.
Una recomendación final, a la usanza de esta columna
Si quieren escuchar a alguien que siga tocando ese candombe con la misma garra que tenía El Negro, dense una vuelta por los shows de Hugo Fattoruso, que fue su compañero de ruta y sigue vigente sobre los escenarios. Y a los más jóvenes les recomiendo que busquen en YouTube los registros en vivo de Rada con Totó la Momposina y con Lila Downs, para entender cómo un montevideano de bigote y sonrisa enorme pudo pararse en cualquier lugar del mundo y hacer sonar el tambor como si estuviera tocando en un conventillo del Barrio Sur. Se fue El Negro, pero el candombe sigue sonando, y mientras haya alguien que lo baile, él va a seguir vivo en cada repique.
