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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Una huella en la sangre que aparece diez años antes: el hallazgo que puede cambiar cómo se detecta la enfermedad inflamatoria intestinal

Un equipo internacional identificó anticuerpos presentes hasta una década antes del diagnóstico de Crohn y colitis ulcerosa. Aunque todavía no sirve como herramienta clínica, abre una puerta enorme a la detección temprana en personas que todavía no tienen síntomas.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · · hace 1 h
Una huella en la sangre que aparece diez años antes: el hallazgo que puede cambiar cómo se detecta la enfermedad inflamatoria intestinal

Me crucé a Don Eduardo en la Rambla del Paraná, en Costanera, mientras tomaba un cortado y miraba el río. Tiene 58 años, vive en el barrio de Puerto Madero desde hace dos décadas y arrastra una colitis ulcerosa diagnosticada en 2018. Cuando le conté lo que acaba de publicar la revista Gut, se quedó callado unos segundos y me dijo: a mí me hubieran detectado todo esto diez años antes, cuando iba al baño con diarrea y nadie me daba bola, y otra hubiera sido la historia. Por eso vale la pena tomarse un rato con esta noticia.

La enfermedad inflamatoria intestinal suena a algo abstracto, pero está en miles de conversaciones cotidianas en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense. Incluye dos cuadros principales: la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa. Ambas generan una inflamación persistente en el tubo digestivo y pueden provocar desde dolor abdominal y diarrea crónica hasta fatiga, baja de peso y complicaciones que obligan a tratamientos largos o cirugías. El problema de fondo es que, en la mayoría de los casos, el diagnóstico llega cuando la inflamación ya está instalada y trabajando a full.

Qué encontraron los investigadores

El estudio, presentado en la reunión de la Sociedad Europea Unida de Gastroenterología, trabajó con 2.000 muestras de suero tomadas a lo largo de varios años a 500 personas, antes de que apareciera ningún síntoma. De ese total, 200 participantes terminaron diagnosticadas con Crohn, otras 200 con colitis ulcerosa y 100 quedaron sanas, como grupo de comparación. Para rastrear anticuerpos, el equipo usó una técnica de secuenciación de alta precisión llamada PhIP-Seq, capaz de mapear respuestas contra más de 357.000 fragmentos de proteínas de bacterias, virus, alimentos y del propio organismo.

  • En quienes después desarrollaron Crohn, se detectó una mayor cantidad de anticuerpos contra el virus de Epstein-Barr hasta diez años antes del diagnóstico.
  • También aparecieron respuestas elevadas contra las flagelinas, proteínas presentes en ciertas bacterias del intestino.
  • Esas señales fueron más marcadas en las personas que después padecieron formas complicadas de la enfermedad, con afectación en el tramo final del intestino delgado.
  • En el caso de la colitis ulcerosa, el perfil previo incluyó respuestas contra distintos microorganismos y virus, sumadas a autoanticuerpos, entre ellos uno dirigido contra la proteína MADD, asociada a procesos inflamatorios.
  • En ambos grupos, la variabilidad general de anticuerpos empezó a crecer unos cuatro años antes del diagnóstico, lo que habla de una reorganización silenciosa del sistema inmunitario.

Que nadie se confunda: estos hallazgos no prueban que el Epstein-Barr cause Crohn ni que una bacteria particular cause colitis ulcerosa. Lo que muestran es que ciertas firmas del sistema inmunitario ya están alteradas mucho antes de que el cuerpo parezca enfermarse. Es como si el sistema inmune empezara a ensayar una respuesta equivocada años antes de que la enfermedad se haga visible en una colonoscopia o en un análisis de rutina.

Por qué importa, sobre todo en el día a día

La diferencia entre Crohn y colitis ulcerosa no es menor. Aunque comparten síntomas y la palabra inflamatoria, los anticuerpos previos son distintos. Esto refuerza algo que los gastroenterólogos vienen sosteniendo hace tiempo: no son la misma enfermedad con distinto nombre, sino trayectorias inmunológicas diferentes. En términos concretos, significa que en el futuro podrían desarrollarse pruebas de sangre específicas para cada cuadro, en lugar de esperar a que el daño sea evidente.

También hay un costado más humano, que es el que más me importa como cronista. La mayoría de los pacientes que conocí en el barrio de La Boca y en Barracas pasaron por consultas con clínicos y nutricionistas antes de llegar al especialista. Algunos sumaron dos o tres años de síntomas mal encuadrados. Si en algún momento una análisis de sangre de control permitiera detectar a tiempo a personas con mayor riesgo, se podrían arrancar tratamientos en forma precoz, evitar internaciones y, sobre todo, mejorar la calidad de vida antes de que la inflamación haga de las suyas.

Los propios autores aclaran que todavía no sirve como herramienta de predicción individual. Pasar de este hallazgo a un test aplicable en el consultorio o en un laboratorio del barrio llevará años de investigación clínica, validación y, sobre todo, financiamiento. Pero el dato conceptual es potente: el cuerpo empieza a delatar la enfermedad mucho antes de que el paciente sospeche que algo anda mal.

Al despedirse, Don Eduardo me pidió un favor que me parece justo ampliar: que el Ministerio de Salud de la Ciudad y los hospitales públicos de Buenos Aires acompañen estos estudios multicéntricos y, en algún momento, los traduzcan en turnos más rápidos con gastroenterólogos y en acceso a estudios de sangre más sofisticados. No se trata de prometer soluciones mágicas, sino de no dejar pasar una ventana de oportunidad que ya está abierta en la frontera del conocimiento.

RA
Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

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