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Sábado, 10 de octubre de 2026
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Vivir con un perro: lo que la ciencia viene encontrando sobre el bienestar emocional

Investigaciones de distintos países asocian la convivencia con perros a menos estrés, más movimiento y una rutina que ordena el día. Especialistas consultados remarcan que el animal no reemplaza la atención profesional, pero puede ocupar un lugar concreto en la vida cotidiana.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · · hace 1 h
Vivir con un perro: lo que la ciencia viene encontrando sobre el bienestar emocional

Estoy en la rambla de Recoleta, cerca del Rosedal, hablando con Marta, que sale todas las tardes desde hace nueve años con su ovejero alemán. Me cuenta que antes de tener a Tom, las tardes se le iban sin darme cuenta, encerrada entre paredes. Hoy tiene una razón para calzarse las zapatillas, una hora fija para comer y, sobre todo, alguien que la espera en el departamento con la cola cruzada. Su historia, multiplicada por miles, empezó a llamar la atención de la ciencia hace décadas.

Un número creciente de estudios viene describiendo beneficios concretos asociados a convivir con un perro. Menos estrés percibido, más movimiento diario y una rutina que ordena jornadas atravesadas por la soledad o el bajo estado de ánimo aparecen como los efectos más repetidos en la literatura especializada.

Lo que midieron los investigadores

Una revisión realizada por la investigadora Diane Dreher reunió investigaciones sobre los efectos físicos y emocionales del vínculo entre personas y perros. El análisis recorre trabajos sobre ansiedad, depresión, estrés, desarrollo infantil, adultos mayores y programas de terapia asistida con animales, y es una de las compilaciones más citadas sobre el tema.

Entre los mecanismos biológicos que aparecen en esos estudios se mencionan variaciones en el cortisol, la hormona asociada a la respuesta al estrés, y en la oxitocina, vinculada a los lazos sociales y a la confianza. Una revisión de 2012 firmada por Andrea Beetz, Kerstin Uvnäs-Moberg, Henri Julius y Kurt Kotrschal exploró justamente esos mecanismos y los posibles efectos de calma que aparecen tras el contacto visual o físico entre perros y sus cuidadores.

  • Menos estrés percibido y regulación del cortisol en personas que conviven con perros.
  • Aumento de oxitocina tras el contacto afectivo, con impacto en los lazos de confianza.
  • Mayor actividad física diaria por los paseos y el juego.
  • Estructura de rutina: horarios de comida, salida y descanso que ordenan el día.
  • Compañía y propósito en adultos mayores con menos interacción social.
  • Vínculo de consuelo en niños y adolescentes, sin reemplazar a los adultos de referencia.

Aunque los hallazgos son consistentes en varias líneas de investigación, los expertos aclaran que una asociación estadística no prueba causalidad directa. El bienestar emocional depende también de las condiciones materiales, la salud física, los vínculos personales y el acceso a atención profesional. Los perros pueden integrarse a una red de cuidado, pero no la sustituyen.

Adultos mayores, niños y quienes atraviesan aislamiento

En los adultos mayores el vínculo puede cobrar una relevancia especial cuando se reducen las oportunidades de interacción social. La presencia del animal no elimina las causas de la soledad, pero modifica la experiencia diaria de quien la atraviesa y aporta compañía, propósito y estructura, según coinciden los trabajos revisados.

En la infancia y la adolescencia, los perros suelen aparecer como una fuente de cercanía sin juicios. Cuidarlos, jugar con ellos o simplemente estar a su lado puede ayudar a regular emociones después de situaciones estresantes, siempre dentro de una red que incluya el acompañamiento de los adultos, y, cuando hace falta, profesionales de la salud mental, aclaran los investigadores.

Como le dije a Marta antes de despedirnos con un apretón de manos, estas conclusiones no resuelven todo, pero obligan a mirar de otra forma la relación cotidiana con un perro. Le pido al municipio de la Ciudad de Buenos Aires que avance con políticas públicas que faciliten la tenencia responsable en los barrios: más cestos para levantar las heces en las plazas y en la costanera, bebederos públicos, campañas de castración gratuita y plazas pet friendly con sombra y bancos para los dueños. Cuidar a un animal no debería ser un lujo ni un trámite: debería tener una ciudad que lo acompañe.

RA
Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

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