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Arabella, la herida que Michaela Coel convirtió en doce capítulos para no perderla en el camino

La creadora, guionista, codirectora y protagonista de “Podría destruirte” rechazó un acuerdo con Netflix para no entregar los derechos de una historia basada en una violación que ella misma atravesó.

Por Lautaro MaidanaCultura y chamamé · 28 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Empiezo por la escena que ya me parece la mejor forma de entrar al tema: Arabella se despierta en su departamento de Londres, mira el techo, parpadea, y se da cuenta de que faltan horas. No es un desmayo, no es una borrachera simpática; es un agujero negro en la memoria, y en ese agujero se cae de cabeza el segundo libro que tiene que entregar, la gira promocional que le espera y la vida social que hasta anoche parecía divertida. Esa primera escena, ese primer acorde del relato, es el que abre los 12 episodios de “Podría destruirte”, la miniserie que Michaela Coel escribió, codirigió y protagonizó, y que llegó a la pantalla en junio de 2020.

Lo que sigue, y acá viene el corazón del asunto, es la reconstrucción de esa noche con ayuda de sus amigos. Arabella fue violada, y la serie toma ese hecho como eje para contar cómo se arma y desarma una mujer que venía de festejar el éxito de su primer libro. La historia no se queda en el hecho puntual: trabaja el temblor posterior, la vuelta a la rutina, las conversaciones con la terapia, los chats borrados, la culpa mal puesta, y sobre todo ese esfuerzo enorme, casi agotador, por volver a habitarse una misma después de que algo te fue arrancado.

Una historia autobiográfica que casi queda afuera del mapa

La aclaración que el espectador tiene que hacer de entrada es que Arabella no es un personaje inventado de la nada. Coel contó en varias entrevistas que la serie nace de una agresión que ella misma sufrió, y que esa condición marcó todo el proceso creativo. Por eso, cuando Netflix le ofreció producir el proyecto, la plataforma pretendía quedarse con la totalidad de los derechos de la obra. Coel dijo que no. La razón que ella misma explicó fue directa y, a la vez, profundamente humana: no estaba dispuesta a entregar la propiedad de una historia basada en un hecho que le había ocurrido en el cuerpo. Las negociaciones no prosperaron y el proyecto terminó concretándose por otro lado, con Coel conservando el control creativo y los derechos.

Me parece importante detenerme en este punto porque habla de algo que suele quedar afuera de las notas de estreno. Cuando un creador atraviesa un hecho traumático y decide convertirlo en ficción, lo último que necesita es que ese material deje de ser suyo. La decisión de Coel, lejos de ser un capricho contractual, fue una forma de cuidarse a sí misma en un mercado que tiende a comerse las historias sin pedir permiso. Ahí aparece, creo, la primera gran enseñanza de “Podría destruirte”, incluso antes de mirar un solo capítulo.

Doce capítulos, una autora con muchas manos y un recorrido desparejo

  • Formato: miniserie de 12 episodios, estrenada en junio de 2020.
  • Creación, guion, codirección y protagónico en manos de la misma autora: Michaela Coel.
  • El personaje central, Arabella, es una escritora que prepara su segundo libro tras el éxito del primero.
  • La serie reconstruye la noche en que Arabella fue violada, a partir de un hecho autobiográfico de Coel.
  • Recepción crítica amplia y muy elogiada, con audiencias televisivas más acotadas en su momento.
  • El público fue creciendo con el streaming, aunque el Emmy a mejor miniserie fue a parar a “Gambito de dama”.

El recorrido de la serie es, en sí mismo, parte de la nota. Cuando se estrenó, la crítica la recibió con entusiasmo: elogiaron el guion, la dirección y la actuación de Coel, sobre todo el trabajo para sostener la incomodidad sin golpes bajos. En paralelo, los números de la televisión lineal fueron más bien que modestos, y eso suele pasar con las ficciones que incomodan: no siempre convocan multitudes en vivo, pero dejan marca. Con el correr de los meses, y a fuerza de recomendaciones cruzadas en redes y plataformas de streaming, la serie fue sumando espectadores hasta convertirse en una de esas obras de referencia que se citan cuando se habla de consentimiento y de trauma en la ficción contemporánea.

El peso de cantar una herida propia y por qué hay que verla

Hay una frase, en el universo del chamamé, que me vuelve cada vez que aparece un tema así: “y el que no tiene consuelo, canta”. Se la escuché una vez a un viejo de Corrientes mientras esperaba el colectivo, y me quedó dando vueltas porque sirve para entender lo que hace Coel. Cuando alguien pone en escena una experiencia propia, sobre todo una experiencia que duele, lo que está haciendo es cantar su propia pena para que deje de ser solo suya. Eso es “Podría destruirte”: un canto largo, minucioso, paciente, hecho con 12 capítulos que no le sacan el ojo de encima a Arabella ni un solo segundo.

Como en el chamamé, donde el cantor deja que la herida se ventile al ritmo de la guitarra, Coel deja que la suya se ventile al ritmo del guion y la actuación. En guaraní, a ese estado de dejar salir lo que se carga se lo suele llamar “ñemongeta'i”, que es algo así como conversarse uno mismo por dentro; no hace falta traducirlo demasiado porque la serie entera funciona como una larga ñemongeta'i de Arabella con ella misma, y de Coel con el público.

¿Por qué conviene verla? Por tres razones que me parecen de peso y que se pueden decir sin grandilocuencia. Primero, porque está escrita, dirigida y actuada por la misma persona, y eso se nota: hay una coherencia íntima entre lo que se cuenta y cómo se cuenta. Segundo, porque trata una violación sin golpes de efecto baratos ni moralejas pegadizas, y eso es algo que el cine y la televisión todavía no terminaron de aprender. Tercero, porque el recorrido posterior de la serie, con un premio Emmy que se fue para otra producción, no le quita ni una coma de su valor; al contrario, confirma que algunas obras importantes tardan un poco más en ocupar el lugar que les corresponde.

A quién ir a escuchar (o a ver) después de leer esta nota

Si esta nota les dio ganas de ir a buscar la serie, mi recomendación es bien concreta: empiecen por el primer episodio y dénle tiempo al segundo antes de decidir. Si después de esos dos capítulos sienten que la historia los agarró de la solapa, dense el gusto de verla entera de corrido. Y si quieren completar la experiencia con otra voz cercana al chamamé y a la idea de cantar la propia pena, les recomiendo ir a escuchar a Teresa Parodi, que tiene esa misma capacidad de contar lo que duele sin dejar de acariciar; es una buena compañía mientras Arabella intenta, capítulo a capítulo, volver a ser ella misma.

LM
Lautaro MaidanaCultura y chamamé

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