Clint Eastwood, el fuera de la ley y un western que no envejece
A casi cincuenta años del estreno de «El fuera de la ley», el actor y director la repasó, la reivindicó y hasta Morgan Freeman la puso en lo más alto. Una vuelta de carro por el film que, según el propio Eastwood, todavía se mantiene muy bien.
Arrancamos con una escena, como siempre se arranca cuando uno se sienta a contar algo: un granjero de Missouri llamado Josey Wales ve cómo le arrebatan lo que más quiere en el mundo y decide que, de ahí en más, la justicia va a correr por su cuenta. Esa es la primera imagen que uno tiene cuando se sienta frente al telón con «El fuera de la ley», la película que Clint Eastwood eligió, sin dudarlo, como su western preferido. Y ojo, que no lo digo yo nada más que lo dijo él, en una charla con la revista Empire, y lo confirmó además con algo que a los que peinamos algunas canas nos suena de maravillas: «La volví a ver hace poco y todavía se mantiene muy bien».
Porque, mirá, no es un dato menor. Estamos hablando de un film que se estrenó en 1976, cuando yo todavía no había nacido y varios de los que leen estas líneas seguramente ya estaban haciendo las suyas en alguna radio de pueblo. La película costó unos tres millones de dólares y, sólo en el mercado norteamericano, recaudó más de 31 millones. Para que se entienda el alcance: en aquella época eso era pegar un golazo de mitad de cancha, sin.red. Después, una década más tarde, hubo una secuela, pero sin Eastwood y con una repercusion que, digámoslo con honestidad, no pasó de un tibio rumor de domingo a la tarde.
Un film que se lee como alegoría
Y acá viene lo que a mí, particularmente, me llama la atención y me parece que vale la pena explicar bien, porque no es un detalle de color: Eastwood contó que cuando concibió el proyecto lo leyó como una alegoría. Y ojo con el término, que a veces uno lo escucha y se le va. Alegoría, en criollo, es contar una historia concreta para hablar de algo más grande. La Guerra Civil estadounidense, sí, esa que enfrentó a estadounidenses contra estadounidenses y que el propio Eastwood definió como «una de las más sangrientas e impactantes de la historia» del país del norte. Pero además, señaló el director, el estreno coincidió con un momento muy particular: la derrota reciente de Estados Unidos en Vietnam. Por eso la película, sin proponérselo de manera explícita, terminó resonando como una reflexión sobre un país que se miraba el ombligo después de una guerra que no salió como esperaba.
“La vi como una alegoría, pero trata tanto sobre la Guerra Civil, una de las más sangrientas e impactantes de la historia estadounidense porque enfrentó a estadounidenses contra estadounidenses. Trataba sobre un hombre decepcionado por eso.”Clint Eastwood, en declaraciones a la revista Empire
El punto de inflexión en la carrera del director
Otra de las cosas que Eastwood destacó, y que a mí me parece importante remarcar, es que este film fue un antes y un después en su carrera. Lo dijo con todas las letras: «Los spaghetti westerns tenían un estilo muy particular, llamaron la atención y sin duda me impulsaron, pero ‘El fuera de la ley’ fue el primer guion que realmente me gustó». Acá aparece una de esas palabras que a veces se escuchan sueltas y uno no termina de procesar del todo, y que tiene su origen en una lengua hermana, el italiano: spaghetti western se les dice a aquellos westerns que se rodaron en Europa, sobre todo en Italia, y que tenían un sello visual y narrativo muy marcado. Eastwood, que fue uno de los rostros más conocidos de aquellos films, reconoce que «El fuera de la ley» le permitió dar un salto, pasar del lote del pistolero contratado al lote del protagonista que elige sus propias reglas.
Y hay algo más, algo que él mismo definió con una frase que a mí me parece de las mejores que se pueden decir de un film: «Daba la sensación de que cualquier cosa podía pasar». Eso, mirá, es lo que distingue a las películas que uno recuerda de las que se olvidan al otro día. La sensación de incertidumbre, de que en cualquier momento el guion puede pegar un volantazo. Es lo que uno siente, también, cuando se sienta a escuchar un buen chamamé y no sabe si el acordeón va a tirar pa el lado de la nostalgia o pa el lado de la juerga. Esa tensión, esa electricidad, Eastwood dice que es el motor del relato.
Y ya que estamos, dejame que cierre con la voz de alguien que no es Eastwood sino alguien que lo conoce de cerca, que trabajó con él y que, además, sabe muy bien de qué habla cuando habla de westerns. Porque Morgan Freeman, ni más ni menos, fue muy claro al respecto: «Me gustan todas las películas con Clint, pero ‘El fuera de la ley’ es la que no puedo dejar pasar». Una manera de decir, en pocas palabras, lo que muchos sentimos: que hay films que uno ve una vez y los recuerda para siempre, y hay otros que uno vuelve a ver cada tanto y le siguen diciendo algo nuevo.
Así que, mirá, si tenés un rato este finde y te dan ganas de sentarte frente al televisor con una manta y un mate, ya sabés: «El fuera de la ley» es una de esas películas que no pide esfuerzo, pero sí pide compañía. Y si la terminás y te quedás con ganas de más, como me pasa a mí cada vez que la veo, te tiro un consejo de los que a mí me gustan dar: andá a buscar alguna grabación de Lucio Camacho o de Antonio Tarragó Ros, dos referentes del chamamé que, te lo aseguro, te van a dejar la misma sensación de western de nuestra tierra, de película con paisaje grande y corazón chico. Porque, al final, tanto el western del lejano Oeste como el chamamé de nuestra región cuentan, con distintas herramientas, la misma historia: la de un hombre que camina solo y que, sin embargo, lleva un pueblo entero adentro.
