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Martes, 29 de septiembre de 2026
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Cuando el diván se muda al streaming: Rolón, Pergolini y los reclamos en chiste que destaparon una semana de convivencia

La entrevista con el psicoanalista derivó en una suerte de terapia grupal humorística en Otro día perdido, con Evelyn Botto y Soy Rada poniendo sobre la mesa sus pequeños roces con Mario Pergolini, entre nombres confundidos, besos que no llegan y un seguir y dejar de seguir en Instagram.

Por Lautaro MaidanaCultura y chamamé · · hace 3 h
Cuando el diván se muda al streaming: Rolón, Pergolini y los reclamos en chiste que destaparon una semana de convivencia

Acá me hago el silencio un instante, me acomodo en la silla y les cuento lo que pasó en Otro día perdido, porque el programa arrancó con una mesa, dos sillones y un invitado de esos que invitan a bajar un cambio, y terminó pareciéndose bastante a una sesión de terapia grupal, pero de las buenas, de las que se ríen hasta que alguien dice algo verdadero. La cita era con Gabriel Rolón, el psicoanalista que suele conversar con quien se le cruce, pero esta vez le tocó un conductor con cara de pocos pacientes, Mario Pergolini, y dos compañeros que tenían, parece, algunas cosas para decir. Y lo que sigue es un repaso, a mi modo, de una jornada donde los vínculos del equipo se pusieron a hablar más que el invitado.

Layla, el nombre que no era

Evelyn Botto tomó la palabra y preguntó, con esa mezcla de queja y sonrisa que tienen los que ya se conocen, cuánto tiempo más la iban a tratar como la nueva del grupo después de un año de compartir camarín, micrófono y horario. Y agregó un detalle que me parece de esos que definen a una persona: dijo que Pergolini a veces la llama Layla, un nombre que no es el de ella. Mario contestó, casi como excusándose, que tiene dificultades para recordar los nombres, una de esas frases que uno dice para sacarse el tema de encima. Evelyn lo rechazó con la mirada, y Rolón, fiel a su oficio, recordó que las personas tienen formas distintas de vincularse y de expresar afecto, y hasta sumó al juego la observación de que Soy Rada tampoco suele besar al saludar. Así, de un nombre equivocado, pasamos a un mapa entero de cómo se quiere, o no se quiere, en un equipo de trabajo.

El seguir y dejar de seguir como terapia

Agustín Aristarán, al que todos conocemos como Soy Rada, puso el foco en otro lugar, uno donde muchos de nosotros, los que andamos en la cuarentena eterna de las redes, también dejamos caer algo de nosotros: Instagram. Contó que Pergolini había dejado de seguirlo y que, peor aún, se lo había anunciado en persona, mirándolo a los ojos, como quien te devuelve la llave de la casa. Para Rada, que Mario figurara entre sus seguidores tenía un valor simbólico, casi diríamos en guaraní un ñe'ê porã, algo así como una palabra linda que se dice de uno, y le servía como carta de presentación frente a otros. Pergolini se justificó diciendo que las publicaciones frecuentes de su compañero le resultaban aburridas. Rada le retrucó, con tono amable, que podía haber silenciado la cuenta sin hacer ruido. Rolón, mientras tanto, preguntaba y observaba, como suele, y dejó caer una idea para pensar: dejar de seguir a alguien también puede leerse como un mensaje sobre la relación entre ambos. En una época donde un click dice tanto como una frase larga, el consultorio se había mudado a la pantalla del teléfono.

La terapia grupal que nunca fue

El juego había arrancado con una decisión que parecía menor y terminó abriendo la puerta a todo lo demás: Aristarán invitó a Rolón a sentarse entre él y Botto, y esa distribución de cuerpos encendió las preguntas de Pergolini, que se quedó del otro lado mirando, como quien ve que le cambian el lugar en la mesa. Más adelante, Mario quiso saber si una terapia grupal busca, justamente, que todos se lleven bien. Rolón le contestó con la prudencia del que sabe que cada grupo es un mundo: depende de cada situación, le dijo, y preguntó si se trataba de compañeros que debían seguir trabajando juntos. La pregunta quedó flotando en el aire, como suelen quedar las preguntas ciertas.

Rada cerró con otro de esos reclamos en tono de broma que sirven para decir verdades sin que duelan tanto, sobre el trato que recibía y las actividades que le proponían. Después, Pergolini, que conoce el oficio de cortar cuando hay que cortar, dio por terminada la dinámica y volvió a la entrevista original, la del libro, la de la psicología, la del consultorio. Pero la pregunta que me queda dando vueltas, y que les dejo a ustedes, es qué lugar tiene el humor en la convivencia laboral, si es un modo de pedir, de perdonar o, simplemente, de seguir sentados en la misma mesa sin que se note que la silla está un poco corrida.

“Las personas tienen distintas maneras de relacionarse y de expresar afecto.”Gabriel Rolón
  • Quiénes participan de la nota: Gabriel Rolón como invitado, Mario Pergolini como conductor, Evelyn Botto y Soy Rada como los compañeros que llevan sus reclamos al diván improvisado.
  • De qué se trata la conversación: de los vínculos laborales en Otro día perdido, con eje en dos ejes bien concretos, los nombres que Mario confunde y el seguir y dejar de seguir en Instagram.
  • Por qué importa la escena: porque muestra cómo el humor sirve para revisar, en vivo y en directo, las formas en que un equipo se quiere, se discute y se sostiene en el día a día.
  • Qué pregunta dejó Rolón flotando: si una terapia grupal busca que todos se lleven bien, y si esos compañeros deben seguir trabajando juntos, algo que ellos,, van a tener que hacer.
  • Una recomendación para ir a escuchar a quien sepa leer los silencios: vuelvan a ver la entrevista completa en el canal de Otro día perdido, porque las pausas, en estos casos, dicen tanto como las respuestas.
LM
Lautaro MaidanaCultura y chamamé

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