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Cuando un abuelo se desorienta de golpe: por qué hay que correr al médico y no esperar que se le pase

Un cambio brusco en la atención, la conducta o la orientación puede ser un episodio de delirio, una señal de alerta que en muchos casos se trata y se revierte si se actúa a tiempo. La diferencia con la demencia está en los tiempos y en los signos del día a día.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · 15 de septiembre de 2026 · hace 1 d

Estoy en la Plaza de los Periodistas, en Recoleta, tomando un cortado con Don Roque, un vecino de toda la vida que tiene 82 años y tres hijos grandes. La semana pasada me contaba que a su madre, ya con un diagnóstico de demencia, la vieron de golpe perdida en el pasillo del sanatorio, como si no supiera dónde estaba. El cuadro se resolvió cuando le trataron una infección urinaria que le había pasado inadvertida. Esa experiencia es la mejor puerta de entrada para entender de qué se habla cuando se habla de delirio, y por qué no hay que confundirlo con la demencia ni dejar pasar el tiempo.

La advertencia la retomó Heather Torbic, farmacéutica de cuidados intensivos de Cleveland Clinic: si una persona mayor comienza de improviso a desorientarse o pierde la capacidad de sostener una conversación, necesita atención médica inmediata. Esa prioridad también vale para quienes ya viven con demencia, porque un cambio repentino puede indicar un episodio de delirio que se suma al deterioro previo.

Dos cuadros parecidos, pero con tiempos distintos

Torbic explicó que el delirio puede advertir sobre un problema en el organismo que necesita tratamiento. Interpretarlo como una simple manifestación de la demencia puede demorar la evaluación y dejar sin atender la causa que lo desencadenó. Para familiares y cuidadores, la diferencia más útil es cuánto tardó en instalarse el cambio.

  • El delirio puede aparecer en horas o a lo largo de uno o dos días.
  • La demencia, en cambio, suele desarrollarse durante meses o años, con una pérdida gradual de capacidades que afecta las actividades cotidianas.
  • En el delirio es común que un período de lucidez dé paso a otro de confusión dentro de la misma jornada.
  • La dificultad para concentrarse en lo que pasa alrededor y los cambios de conducta, como un mayor retraimiento o agresividad respecto del comportamiento habitual, son señales de alerta.
  • En las primeras etapas de la demencia la atención suele conservar mayor estabilidad, mientras que el delirio se caracteriza justamente por sus fluctuaciones.

Según la especialista, en muchos casos el delirio se presenta durante las internaciones, sobre todo en cuidados intensivos, y el riesgo crece cuando la hospitalización se prolonga. Ante su aparición, el equipo de salud busca un desencadenante que pueda tratarse, desde una infección hasta un efecto de medicamentos o un desequilibrio metabólico. Corregir ese problema permite, con frecuencia, revertir la confusión.

“Quien convive con demencia es más vulnerable al delirio durante enfermedades o internaciones, y por eso reconocer una alteración abrupta respecto del estado habitual resulta clave para orientar la atención.”Heather Torbic, farmacéutica de cuidados intensivos de Cleveland Clinic

La demencia, en paralelo, también necesita evaluación médica, aunque habitualmente no constituye una emergencia por sí sola. La regla práctica que repiten los equipos de geriatría es simple: si lo de siempre cambia de un día para el otro, no se espera en el domicilio ni se lo atribuye sin más al deterioro previo. Se consulta, se estudia y se busca la causa.

Antes de cerrar la nota en la plaza, le pido al Municipio de la Ciudad de Buenos Aires que refuerce las campañas de información en centros de salud y comunas sobre la diferencia entre delirio y demencia en adultos mayores. Una pieza gráfica breve, repartida en hospitales, sedes comunales y clubes de barrio, puede evitar que muchas familias confundan una urgencia con un síntoma esperable y lleguen tarde a la consulta.

RA
Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

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