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Jueves, 15 de octubre de 2026
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Dead Man's Wire: la toma de rehén que se volvió programa en vivo, según Gus Van Sant

Bill Skarsgård encarna a Tony Kiritsis, el hombre que en los años setenta secuestró al hijo de un banquero en Indianápolis y pidió hablar por televisión. El film ya se puede ver en Movistar Plus después de un paso discreto por las salas.

Por Lautaro MaidanaCultura y chamamé · · hace 2 h
Dead Man's Wire: la toma de rehén que se volvió programa en vivo, según Gus Van Sant

La película arranca en una sucursal bancaria de Indianápolis, con un hombre que entra con un cable atado al cuello de otro. Esa imagen, que parece salida del cine más negro de los años setenta, es el punto de partida de Dead Man's Wire, la nueva película de Gus Van Sant que acaba de desembarcar en Movistar Plus después de una corrida muy corta por las salas, donde apenas levantó 3,8 millones de dólares con un presupuesto estimado por debajo de los 15 millones. Acá en castellano la distribuidora la tituló Prime Crime: A True Story, pero el nombre original, Dead Man's Wire, ya te tira de las orejas hacia lo que viene: un cable, un muerto en potencia y una negociación a contrarreloj.

Tony Kiritsis, el desesperado que quería cámara

La historia es la de Tony Kiritsis, un tipo que en 1977 se había presentado en la sede del banco Meridian Mortgage para pedir un préstamo y comprar un terreno. Cuando se lo negaron, se le metió en la cabeza que la entidad lo quería empomar para quedarse con la propiedad y especular. La respuesta que se le ocurrió fue de las que no se olvidan: volvió, tomó como rehén al hijo del dueño del banco y le colocó un dispositivo rudimentario alrededor del cuello, una especie de collarcito con una escopeta recortada y un disparador que, según él, estaba listo para volarles la cabeza a los dos si algo salía mal. La primera exigencia fue económica, una indemnización; la segunda, la que a mí me parece la más fuerte y la que sostiene toda la película, fue que lo dejaran hablar en vivo en la televisión nacional para contar su versión de los hechos.

Y acá aparece lo que a mí más me gusta de la propuesta de Van Sant, un director que tiene en el currículum films tan distintos como Todo por un sueño y que siempre se la pasó husmeando en personajes que chocan contra el sistema. Kiritsis no es un villano de manual, es un vecino común al que se le cruza un cable y decide que la única manera de hacerse escuchar es montar su propio show mediático. La película trabaja mucho esa idea, la del tipo que se vuelve noticia para no quedar aplastado por la maquinaria que lo quiere borrar.

Skarsgård sostiene la tensión con cara de no dormir

Del otro lado de la lente está Bill Skarsgård, actor sueco que ya nos tiene acostumbrados a registros muy distintos, del terror más desatado al drama más contenido. Acá se come la pantalla entera: Kiritsis aparece siempre al borde del colapso, hablando por teléfono con su mujer, mirando por la ventana a la policía que va armando el cerco, ensayando frente al espejo el discurso que quiere dar al aire. Skarsgård le pone al personaje un temblor que no es actuado, parece el temblor real de alguien que sabe que se mandó una locura y que de igual manera no tiene vuelta atrás.

La película mira mucho al thriller urbano setentoso, ese tipo de cine que mezclaba la presión policial con la cobertura periodística en tiempo real, pibas y pibes de la redacción recibiendo el parte por teletipo mientras los móviles se peleaban por llegar a la esquina. Hay algo de Dog Day Afternoon y algo de los policiales neoyorquinos más ásperos en la forma, sobre todo cuando la cámara se mete dentro del banco y no sale más, como si el cordón policial también nos dejara a nosotros del lado de afuera, mirando por una ventana empañada.

Gil Scott-Heron y la política que asoma

El cierre tiene un guiño que a mí me parece lo más fino de toda la propuesta: la música de Gil Scott-Heron entra cuando el caso empieza a quedar atrás y le carga al desenlace un peso que el registro del thriller solo no podía bancar. Scott-Heron, el autor de The Revolution Will Not Be Televised, viene como anillo al dedo para una historia que, en el fondo, le está preguntando de frente al espectador qué pasa cuando alguien desesperado decide que su única tribuna es la televisión. ¿Se le concede la palabra o se lo convierte en espectáculo y listo?

Streaming como segunda oportunidad

El film no termina de cerrar del todo sus propias contradicciones, porque Kiritsis es a la vez víctima y verdugo de sí mismo, y la película no termina de decirte de qué lado lo pone. Pero lo deja picando, y eso ya es bastante. Después de un estreno en cines que fue más bien tibio, Movistar Plus le dio una segunda vuelta, que es a veces donde este tipo de historias encuentran al público que las banco de verdad. Si te copa el cine de género con pulso de autor, esta es de las que vale la pena dejar pausada la lista de pendientes y darle play.

A quién ir a escuchar

Si te quedaste con ganas de algo de la movida chamamecera después de esta nota, te dejo una recomendación que viene como anillo al dedo: andá a buscar a Rudi y Nini Flores, los hermanos correntinos que llevan décadas sosteniendo el género con un pie en la tradición y otro en la experimentación. Hay un disco de ellos, Lumo, donde la versión de Puente Pexoa tiene un arreglo que suena casi a soundtrack de película, con ese acorde de acordeón que abre y ya te cambia la cara, como cuando empieza Dead Man's Wire y entendés que no se puede parar. Son de los que rescatan al chamamé sin guardarlo en un museo, lo sacan a bailar a la calle, igual que Kiritsis quería salir a la calle a contar su historia. Si te cruzás con un festival donde toquen, no te lo pierdas, vale la pena la noche entera.

LM
Lautaro MaidanaCultura y chamamé

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