Dos preguntas que vale la pena hacerse antes de tomar cualquier decisión importante
El filósofo Ira Bedzow, de la Universidad de Emory, propone un ejercicio sencillo para distinguir los deseos propios de los mandatos ajenos. Un repaso por las claves de un enfoque que, según la evidencia, mejora el bienestar y la motivación.
A veces uno se cruza con un concepto y se queda dando vueltas, como cuando Tomás, el de siempre en la plaza de Palermo, me empieza a contar que está harto de laburar en la empresa familiar y no sabe si le gusta o ya le calzó el molde. Yo lo escucho, le pregunto de quién es la vida que está viviendo y se queda mudo. Esa escena, multiplicada por miles, es la que describe Ira Bedzow, doctor en Filosofía y director ejecutivo del Emory Purpose Project, en la Universidad de Emory.
Las dos preguntas que separan lo propio de lo heredado
Bedzow plantea un ejercicio que parece simple pero incomoda. La primera pregunta es de quién es la vida que uno está viviendo, y casi siempre tiene una respuesta rápida. La segunda, en cambio, abre otro juego: quién debería determinar cómo se vive. Ahí aparece el silencio, porque la mayoría descubre que el rumbo no lo eligió nadie en particular, pero tampoco lo eligió uno mismo.
“Es más fácil conocer el camino correcto que se supone que debés tomar que pensar que debés inventar ese camino por vos mismo”Ira Bedzow, doctor en Filosofía y director ejecutivo del Emory Purpose Project
La trampa, según el filósofo, es vivir un guión ajeno sin haberse dado cuenta. No se trata de tirar a la familia, a los amigos o a los colegas a la cuneta, sino de distinguir entre escuchar una perspectiva y entregarle el volante. Que un compañero te cuente su experiencia con una oferta laboral suma. Que te diga qué hacer con la tuya, ya es otra cosa.
Qué dice la evidencia sobre perseguir los propios valores
Un metanálisis de Sezer y su equipo llegó a una conclusión que, a esta altura, ya no sorprende tanto: las personas que persiguen metas alineadas con sus valores se esfuerzan más, avanzan más y reportan mayor bienestar. El contraste aparece cuando el motor son las expectativas parentales, la presión por el estatus o el miedo a la culpa. Ahí la energía se gasta en sostener algo que no se eligió.
Autorreflexión con los pies sobre la tierra
Bedzow aclara algo importante. La autorreflexión que propone no es sentarse a mirarse el ombligo ni pasarse un domingo filosofando sobre el sentido del universo. Es revisar las razones detrás de cada decisión, barajar alternativas y aprender de los resultados. Practicarlo en lo cotidiano, en elecciones chicas, entrena el criterio para cuando la apuesta es más grande.
La filósofa Susan Wolf suma una tercera capa al asunto: el sentido no aparece solo porque uno desee algo con fuerza, sino cuando ese algo es merecedor de ser buscado. Ahí entra el filtro final, el que pregunta si lo que se quiere querer vale la pena. Es, en definitiva, la prueba de fuego antes de comprometerse con un rumbo.
Vuelvo a la plaza, vuelvo a Tomás. Le digo que empiece por las dos preguntas y que no tenga miedo de la respuesta, aunque lo incomode. Desde el Municipio, pediría que se financien talleres gratuitos de orientación vocacional y toma de decisiones en los centros barriales de Palermo, Belgrano, Caballito y La Boca. No es coaching de gurú: es un derecho que hoy está atado a la suerte de pagar un curso privado o de tener un conocido que sepa del tema.
- Identificar qué decisiones del último año fueron realmente propias y cuáles respondieron a mandatos familiares, sociales o culturales.
- Distinguir entre recibir una opinión ajena y delegar la decisión final en otro.
- Practicar la autorreflexión en elecciones cotidianas para entrenar el criterio antes de las grandes.
- Sumar el filtro de Susan Wolf y preguntarse si lo que se desea merece ser buscado.
