El deshielo que el ambiente esperaba: Paula Chaves y Zaira Nara vuelven a cruzarse, ahora en cámara
Después de casi cuatro años sin verse, las modelos se reencontraron en medio de un desfile, compartieron bromas con la prensa y viajaron juntas en una camioneta. Una reconciliación que ya tenía historia previa y que dejaron sellada con una frase: no hay orgullo, no hay rencor, hay mucho amor.
Me acuerdo de aquella frase que cantaba Mario Bofill cuando el chamamé empieza a armar paisaje: "amigos de ayer, que el tiempo fue alejando". Y cada vez que el chamamé dice algo así, uno piensa que la música sabe más que nosotros de las idas y vueltas de la gente. Algo de eso pasó esta semana con Paula Chaves y Zaira Nara, dos mujeres que durante casi cuatro años integraron ese listado incómodo del "no se hablan" que al mundo del espectáculo le encanta mantener actualizado y que, de un día para el otro, decidieron correr del medio con un abrazo, una broma y hasta un viaje compartido en una camioneta, todo delante de las cámaras.
Un encuentro que ya venía madurando en silencio
Lo primero que conviene ordenar es la línea de tiempo, porque en estos temas el apuro juega una mala pasada. El reencuentro fuerte, el de las cámaras, ocurrió en el marco de un desfile. Paula Chaves estaba siendo entrevistada cuando alguien del equipo periodístico le marcó que Zaira Nara estaba en el lugar. Lejos de esquivarla, Chaves abrió la puerta al cruce con naturalidad y hasta blanqueó que la reconciliación ya tenía cuerpo: "Nos juntamos, hablamos, todo muy bien", resumió, y aclaró que el medio no era el más cómodo para explayarse, pero que la conversación pendiente ya había tenido su lugar y su tiempo.
Esa conversación previa había ocurrido meses antes, casi de manera casual, en el atelier de una diseñadora que las viste a las dos. Ahí se plantó la semilla. "Hubo un acercamiento, a veces la vida te cruza en momentos puntuales. Fue lindo para las dos, hay mucho cariño", contó Nara en esa oportunidad. Chaves lo describió como algo "del destino" y pidió mantener los detalles en reserva: "Es un tema nuestro y queremos preservarlo". Cada una a su manera, con su propio tono, empezó a correr el velo.
Bromas, complicidades y la "exclusiva" de la camioneta
Cuando Zaira se sumó a la transmisión, lo que se vio fue complicidad a cielo abierto. "Nos amamos", lanzó, ante la insistencia de las preguntas. Después vino la perlita que le dio a la jornada un aire de guion cinematográfico: Chaves le ofreció acercarla hasta su auto, que había quedado a veinte cuadras por un operativo policial. Y como si el blooper fuera parte del libreto, las dos le propusieron al cronista "la exclusiva" del viaje en camioneta, en pura clave de humor. El periodista, claro, aceptó el convite encantado.
Lo que más me llamó la atención, se los confieso, fue el cierre que eligió Paula, que me parece la síntesis más cabal de todo esto: "No hay orgullo. No hay rencor. Hay mucho cariño y mucho amor". Ahí está todo dicho, en una sola línea, con la misma fuerza con la que un buen versito de chamamé te deja la moraleja servida en bandeja. En guaraní, cuando alguien se reencuentra con un amigo después de tiempo, se dice "jajoehasa" y significa "vamos a recomenzar"; algo de eso late en lo que pasó, esa decisión consciente de dejar el pasado donde corresponde y abrir una puerta nueva.
¿Cuánto de genuino y cuánto de cámara?
- El primer acercamiento no fue en cámara sino en un atelier, en privado, lo que le da peso al gesto más allá del momento televisivo.
- Las propias protagonistas pidieron preservar los detalles íntimos, una señal de que el vínculo vale más que la nota periodística.
- La complicidad y el humor durante el desfile se leen como más que como operación de prensa: no había nada urgente que comunicar y, sin embargo, comunicaron.
- Cuando el periodista intentó profundizar, las dos pusieron un límite claro: "Basta, no nos gusta hablar de nuestra vida privada", dijo Nara con ironía, y Chaves acompañó la postura sin fisuras.
A mí, que llevo años mirando estos movimientos del ambiente, lo que más me convence es que la reconciliación no se cocinó para una nota: llevaba meses cocinándose en silencio y el desfile fue apenas la mesa servida. Cuando el reencuentro es genuino, uno lo nota en los detalles chiquitos, en la risa que sale fácil, en la camioneta compartida, en la frase que se dice al pasar y que no está escrita en ningún guion. Y acá, en buena medida, estuvo eso.
A quién ir a escuchar, mientras tanto
Como esto es la sección de Cultura y chamamé, me tomo el atrevimiento de tirarles un nombre para que acompañen la lectura con música. Si quieren ponerle banda sonora a la idea de volver a empezar, dense el gusto de escuchar a Mario Bofill, que en sus temas delinea con precisión esas amistades que el tiempo corrió del mapa y un día, sin aviso, vuelven. Bofill tiene esa cosa de cantarle a las idas y vueltas del afecto sin dramatizar de más, que es exactamente lo que hicieron Chaves y Nara: contar lo suyo con la justeza de quien no necesita exagerar nada para que el mensaje llegue entero.
