El secreto mejor guardado de la primera escena de Scream: así le arrancaron unas lágrimas reales a Drew Barrymore
Wes Craven recurrió a un recuerdo doloroso sobre crueldad animal para quebrar a la actriz en pleno rodaje. La confesión de su asistente y la movida de marketing que cambió al slasher para siempre.
Te lo digo de arranque, como si te tirara el primer acorde de un chamamé antes de que se arme la rueda: hay una escena de Scream que muchos recordamos con la panza revuelta y un susto que no se va. La de Drew Barrymore atendiendo el teléfono, cada vez más atrapada, hasta que todo termina peor de lo que imaginábamos. Lo que no todos saben es que aquel llanto, esa manera en que se le quiebra la voz antes del desenlace, no fue actuado. Fue algo que el director le sacó del alma con una artimanía tan simple como efectiva, y que tiene tanto de cine como de truco de comunicador viejo.
Un recuerdo que Craven supo usar a tiempo
La historia la trae el propio material que estuve revisando: la noche anterior al rodaje, Drew Barrymore se cruzó con una noticia que la dejó muy mal. Eran esos reportes tremebundos que a veces uno lee sobre crueldad animal, en este caso un dueño que había quemado vivo a su perro. A la actriz se le quedó esa imagen dando vueltas, como se nos quedan a muchos las noticias que nos revuelven. Al día siguiente, cuando lo comentó en el set, Wes Craven vio la veta y la trabajó. Según cuentan los que estaban ahí, durante la filmación de la secuencia inicial el director se le acercaba al oído y le susurraba una frase corta, casi como un rezo al revés, para que la imagen volviera: algo así como estoy encendiendo el mechero. Cada vez que la actriz escuchaba eso, la memoria hacía el resto y el llanto salía de verdad.
“Se oía a Drew gritar y aullar, y yo pensaba: '¿Pero qué coño está pasando ahí dentro?'. Y era Wes, que la estaba animando.”Julie Plec, asistente de dirección en el rodaje
La otra capa del golpe: la campaña publicitaria
Ahora bien, el truco del llanto era apenas una de las dos patas de la apuesta. La otra, y acá viene lo que a mí me resulta más fino de observar como periodista, fue la decisión de marketing. Dimension Films puso a Drew Barrymore como la cara de todos los afiches, los tráileres y los avisos en revistas. La estrategia fue pensada al milímetro, y la resume Richard Potter, que por entonces estaba en el área de desarrollo del estudio, con una frase que grafica la idea de cabo a rabo: el público iba a entrar al cine convencido de que ella era la protagonista absoluta, imposible de matar, y cuando la cosa se desvanezca a los pocos minutos, la sensación de que cualquiera puede caer se instala para siempre.
- Barrymore fue ubicada como figura central en afiches, tráileres y notas promocionales, alimentando la expectativa de que era la protagonista.
- Morir a los pocos minutos rompió ese contrato con el espectador y redefinió las reglas del género.
- Craven tomó como referencia el antecedente de Psicosis, donde la actriz principal también desaparece en el primer acto.
- El resultado se estudia treinta años después como ejemplo de cómo guion, dirección y prensa pueden ir a fondo juntos.
Si me dejás cerrar como suelo cerrar estas notas, te tiro la recomendación de rigor: cuando veas esta vez la apertura de Scream, prestá atención no solo al cuchillo ni al teléfono, sino al silencio roto entre Barrymore y Craven. Es lo que los chamaceros llamarían el momento en que aparece el'âme, una palabra guaraní que usamos para nombrar eso que vibra cuando una emoción es de verdad y no se fabrica. Ahí, en ese ida y vuelta, late una de las escenas más pensadas del género. Y si te interesa el cruce entre cine y comunicación, mirá también Psicosis y cualquier entrevista de Craven de la época, porque vas a encontrar las dos puntas del hilo. ¿Vos la habías visto así de armada, o creías que era puro instinto?
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