Hábitos que cuidan la memoria: lo que dejó el mayor estudio regional sobre prevención de la demencia
Especialistas de 11 países, entre ellos la Argentina, presentaron en Buenos Aires los resultados de LatAm-FINGERS, un ensayo que siguió durante dos años a más de mil adultos mayores y midió qué pasa cuando se actúa a la vez sobre la alimentación, el movimiento, la mente, los vínculos y el corazón.
El sol cae sobre la costanera y don Eduardo, que cada mañana camina por el parque Sarmiento, me pregunta otra vez por qué se le olvida una palabra a cada rato. Le digo que la respuesta no está en una pastilla mágica sino en un combo de hábitos que muchos subestiman, y que acaba de ponerse a prueba en serio en la región. En Buenos Aires, especialistas de toda América Latina analizaron qué ocurre cuando se cuida el cerebro desde varios frentes al mismo tiempo: la comida, el cuerpo, la cabeza, los afectos y el corazón.
La investigación se llama LatAm-FINGERS y durante dos años siguió a 1.065 personas de entre 60 y 77 años, distribuidas en 11 países. Los participantes fueron divididos en dos grupos: uno recibió una intervención más estructurada, con actividades organizadas y contacto frecuente con equipos de salud; el otro recibió recomendaciones para incorporar los hábitos con mayor autonomía. Ambos recibieron orientación preventiva.
Por qué el corazón es también un asunto del cerebro
El cuidado cardiovascular aparece en todas las recomendaciones y no es casual. La hipertensión, la diabetes, el tabaquismo y el colesterol alto dañan los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro, y con el paso de los años eso se traduce en olvidos, confusión y, en los casos más serios, en demencia. Por eso, controlarse la presión, la glucosa y el colesterol forma parte del mismo paquete que caminar, leer o charlar con los vecinos.
- Alimentación saludable, adaptada a los productos y recetas de cada lugar.
- Actividad física regular, incluso caminatas o tareas cotidianas.
- Estimulación mental: leer, aprender, resolver desafíos, usar la memoria.
- Vínculos sociales: conversar, participar de actividades grupales, no aislarse.
- Control de los factores de riesgo cardiovascular, con chequeos periódicos.
“La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales.”Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS
Los resultados fueron alentadores, aunque con una aclaración importante: nada de esto garantiza que una persona evite la demencia. El estudio registró una mejora de la cognición global entre quienes siguieron la intervención más estructurada y, sobre todo, midió la adherencia. El 80 por ciento de los participantes tuvo una adhesión moderada o alta y el 84,9 por ciento completó la evaluación final, una cifra significativa para un ensayo de dos años con adultos mayores.
Adaptar la receta a cada barrio
Crivelli explicó que las propuestas alimentarias y la organización de las actividades se ajustaron a los recursos y las costumbres de cada comunidad. No se trató de importar un plan enlatado desde Europa sino de pensar qué come la gente, qué puede cocinar y qué actividad física es viable según el barrio, el clima y la historia de cada lugar. Esa flexibilidad, sostuvo, fue decisiva para sostener la intervención en el tiempo.
Un pedido concreto al municipio
Don Eduardo me mira y me pregunta, con esa lógica de hombre de barrio que no se vende con discursos, qué puede hacer él. Y la verdad es que la respuesta no puede quedar librada a la voluntad individual. Le pido al municipio que sume a la agenda local programas accesibles para adultos mayores en plazas y centros de barrio: caminatas guiadas, talleres de memoria, espacios de encuentro y controles gratuitos de presión y glucemia. Cuidar la memoria no es un lujo de laboratorio: es una decisión de todos los días que necesita una ciudad que acompañe.
