La otra Polinesia: vivir a vela entre atolares, donde los 250.000 habitantes se reparten en cientos de islas
Una pareja argentina cruzó el Pacífico desde Panamá y se instaló en las islas de la Sociedad. Reciben huéspedes a bordo, conviven con tahitianos y describen un destino auténtico, lejos del circuito masivo, al que se llega con escala en Los Ángeles o Auckland.
Lejos de las postales saturadas que suelen dominar la imaginación sobre el Pacífico Sur, existe una Polinesia Francesa que se recorre a bordo de un velero, con la brisa como aliada y la rutina marcada por el oleaje. Constanza Coll y Juan Manuel Dordal la conocen de primera mano: tras navegar cuatro mil quinientas millas desde Panamá durante veintiocho días sin escalas, llevan dos años instalados en las islas de la Sociedad, donde reciben huéspedes y se desplazan entre Tahití, Moorea, Huahine, Raiatea y Bora Bora junto a sus dos hijos y una perra.
La descripción que ambos ofrecen del archipiélago resulta tan precisa como desprovista de solemnidad: es uno de los lugares más bellos que conocieron, sostienen, y al mismo tiempo resulta perfecto para la vida a bordo, una afirmación que condensa el espíritu de un territorio que no figura entre los primeros destinos que surgen en una búsqueda de viajes desde la Argentina, pero que suele atrapar a quienes finalmente se deciden a visitarlo.
Un territorio extenso y poco poblado
El conjunto insular comprende cientos de islas distribuidas en cinco archipiélagos, aunque las de la Sociedad concentran la mayor parte del flujo turístico. Tahití, donde se emplaza la capital Papeete, convive con Moorea, Huahine, Raiatea y la célebre Bora Bora como los puntos de mayor interés. El idioma oficial es el francés y la lengua local es el tahitiano, en tanto que la población total apenas alcanza las doscientas cincuenta mil personas, una cifra reducida que los visitantes suelen traducir en una sensación de autenticidad difícil de hallar en otros destinos del Pacífico.
El acceso desde la Argentina exige una conexión con escala, generalmente en Los Ángeles o en Auckland, ya que no existen vuelos directos desde Buenos Aires. El costo de vida se posiciona en niveles comparables con los de Europa occidental, dado que se trata de un territorio de ultramar de Francia: la gastronomía, los servicios y el alojamiento responden a esa lógica. Las opciones de hospedaje oscilan entre las pensiones familiares, conocidas simplemente como pensions, y los resorts de lujo construidos sobre el agua en Bora Bora, un destino asociado desde hace décadas con las lunas de miel más exclusivas del océano Pacífico.
Recorrer el archipiélago por mar o por aire
La navegación entre islas constituye una de las modalidades más frecuentes para desplazarse por el archipiélago. Existen servicios de ferry que unen Tahití con Moorea en travesías de menos de treinta minutos, así como vuelos internos operados por la compañía Air Tahiti. Para quienes buscan una experiencia más inmersiva, la contratación de travesías en velero privado, ya sea con tripulación local o con operadores que reciben pasajeros a bordo, se presenta como una alternativa de creciente demanda.
“Es uno de los lugares más bellos que conocimos, y es perfecto para la vida a bordo.”Constanza Coll y Juan Manuel Dordal
Cotidianidad, fauna y mejores fechas
La vida en las islas de la Sociedad se teje con influencias polinesias y francesas que conviven sin fricciones aparentes. La danza tahitiana, la cocina basada en pescado fresco y la enseñanza en francés forman parte del paisaje cotidiano. Las travesías marítimas, además, ofrecen avistajes frecuentes de delfines, un atractivo que suma a una experiencia en la que la naturaleza opera como complemento constante del recorrido.
En materia climática, la ventana más recomendable se ubica entre mayo y octubre, cuando el tiempo se presenta más seco y las temperaturas resultan moderadas. La temporada húmeda, en cambio, se extiende de noviembre a abril, y suele traer consigo condiciones menos previsibles. Para quienes estén dispuestos a prescindir del circuito masivo y a invertir en una logística con escalas, el archipiélago ofrece una versión de la Polinesia que se aleja del estereotipo y se aproxima, en cambio, a la vida tal como la viven quienes eligieron echar ancla en sus aguas.
