Ocho años, un duelo y un glaciar: Helmut Ditsch lleva su vida al cine
El pintor argentino que rompe récords en Europa con sus óleos de hielo estrena en Mar del Plata su ópera prima, una película íntima que rodó en cinco países y que financia con la venta de sus propios cuadros.
Me confieso la primera imagen: un tipo grande, con cara de montaña, caminando solo por un salar donde parece que se acaba el mundo. Lleva una cámara en una mano y un pincel en la otra, aunque todavía no sabe cuál de las dos cosas le va a doler más. Así arranca Helmut. El hielo y la eternidad transitoria, la primera película de Helmut Ditsch, y la verdad es que arranca como empieza el mejor chamamé: con esa sensación de que alguien está cantando algo que todavía no terminó de componer, pero que ya se te quedó adentro.
A Ditsch, acá en la Argentina muchos lo descubrimos tarde. Del otro lado del Atlántico, en cambio, hace rato que lo persiguen los martillos de las subastas: es, dicen por ahí, el pintor argentino más caro de la historia, y lo es con óleos monumentales de glaciares y cordilleras que parecen hechos con la misma luz que tiene la nieve cuando te quema los ojos. Pero esta nota no va de cifras: va de un hombre que dejó los pinceles parados en 2009, cuando se le murió Marion, su esposa, y que durante casi una década se fue por el mundo con una cámara buscando el lugar donde iban a quedar las cenizas de la mujer que amó. Y de paso, de paso nomás, terminó rodando una película de cinco países, seis millones de euros y ocho años de silencio.
Dos mujeres, un mismo cáncer y un mapa a pie
Cuando uno se pone a charlar con la historia que cuenta Ditsch, enseguida entiende que acá no hay glamour ni vedette. Acá hay dos duelos que pesan: el de su madre Inge, que se fue a los 33 años, y el de Marion, que se fue más o menos a los 35. Las dos por cáncer de mama, las dos demasiado jóvenes. Ditsch me lo cuenta como quien te canta un chamamé en dialecto, bajito, con la frente apoyada en la guitarra: 'Yo no pinté más desde 2009 hasta 2017, porque no podía. Empecé a buscar el lugar para que descansen las cenizas de Marion, como ella me había pedido. Y en esa búsqueda encontré la película'. Recorrió unos 11.000 kilómetros por los Alpes y los Andes, y cuando por fin le pareció que había encontrado el sitio justo, se dio cuenta de que le faltaba algo. 'Ese lugar tenía que ser una obra de arte', repite. Y ahí nomás entendió que la obra de arte era la película misma.
- Malta, Cerdeña, Viena, los Alpes, Tenerife y el salar de Uyuni: seis locaciones para una sola historia de amor y de duelo.
- Ocho años de rodaje, de 2017 a 2025, con paradas y arrancadas según se vendían los cuadros.
- Presupuesto inicial de tres millones de euros que terminó cerca de seis, íntegramente financiado con la venta de óleos.
- Jeanne Goursaud como el rostro que une a la madre y a la esposa; Joaquín Berthold como el alter ego joven del protagonista.
- Codirección de la pintora Suzy Prauss, a quien Ditsch buscó para no caer en una mirada demasiado masculina sobre dos mujeres.
Lo que más me gusta de esta historia, y se los digo de corazón, es el detalle de los seis millones de euros. No porque sea plata, sino porque es la prueba más concreta de que acá no hay marketing: Ditsch pintó un cuadro enorme después de 2009 y todo ese trazo quedó filmado, desde el lienzo en blanco hasta la última pincelada. Para él, fue como volver a aprender a pararse frente al caballete. Para nosotros, que vamos a ir al cine, va a ser ver a un tipo resucitar en cámara lenta. Y ojo, porque el protagónico se lo pensó dos veces: tenía pensado llamar a un actor, pero el mismo oficio le dijo que no, que nadie iba a poder hacer ese papel como él. 'Si no, iba a salir otra cosa', le dicen que reconoció. Y salió esto: un documental que parece ficción, una ficción que parece documental y un cuadro de casi dos metros que es, también, la película.
Estreno mundial en Mar del Plata, con público argentino
El estreno mundial será el 6 y 7 de noviembre en la 41.ª edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, el único de categoría A de Latinoamérica. Para mí, que vengo siguiendo a este muchacho desde hace rato, es una alegría enorme que elija debutar acá, en esta ciudad que sabe mirar al mar y a la montaña con la misma seriedad. La cita, para los que quieran ir a buscarse un chamamé del alma, es en las salas del festival. Yo voy a estar ahí, acomodando los auriculares para escuchar el ruido del viento sobre el salar de Uyuni. Y a vos, que estás leyendo esto, te dejo la recomendación de siempre: si podés, andá a ver la película con alguien que hayas querido mucho. Y si podés, después te tomás un vino y le decís a esa persona lo que nunca le dijiste. Porque Ditsch aprendió tarde lo que todos sabemos de chicos: que la eternidad, como dice el título, es transitoria. Y que lo único que nos queda es el hielo bien filmado, bien pintado, bien cantado.
“Yo no pinté más desde 2009 hasta 2017, porque no podía. Empecé a buscar el lugar para que descansen las cenizas de Marion, como ella me había pedido. Y en esa búsqueda encontré la película.”Helmut Ditsch
