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Picarones, la rosquilla andina que cruzó el Atlántico y se quedó en Lima

Nacidos del encuentro entre la cocina prehispánica y la repostería española, estos bocados de calabaza y boniato fritos en aceite bien caliente se sirven bañados en una miel de chancaca perfumada con canela, clavo de olor y cáscara de naranja. Una recorrida por sus ingredientes, su técnica y los secretos de una preparación que, según la fuente, sintetiza siglos de intercambios culinarios en el Perú.

Por Patricia ZalazarTurismo y ambiente · 4 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Como ciertas garzas que sobrevuelan los esteros del Iberá y parecen detenerse en el aire antes de decidir su rumbo, la cocina peruana ofrece platos cuya fisonomía resume un viaje mucho más largo que el de cualquier bandada migratoria: los picarones, esas rosquillas doradas que se fríen en aceite bien caliente y se sirven coronadas con miel de especias, condensan en una misma masa dos tradiciones que la historia suele presentar por separado, la cocina andina y la repostería traída por los colonizadores españoles.

A diferencia de los buñuelos o de las rosquillas elaboradas exclusivamente con harina de trigo, los picarones deben su color anaranjado y su textura esponjosa a la combinación de calabaza y boniato cocidos y reducidos a puré, un insumo que les otorga humedad, suavidad y un matiz levemente dulce que se percibe incluso antes de recibir la cobertura.

Una preparación con pasos definidos y tiempos que conviene respetar

  • Pelar y trozar la calabaza y el boniato, y hervirlos durante unos quince minutos en agua hirviendo hasta que estén tiernos.
  • Escurrirlos y chafarlos con varillas, luego pasarlos por un colador fino hasta obtener un puré liso y sin grumos.
  • Incorporar al puré azúcar moreno disuelto en agua, levadura, anís y harina, y amasar durante unos diez minutos.
  • Dejar reposar la masa tapada a temperatura ambiente durante aproximadamente dos horas.
  • Freír la masa en aceite bien caliente, formando aros con ayuda de una manga pastelera y, si el centro se cierra, abrirlo con palillos mediante movimientos circulares.
  • Escurrir las rosquillas sobre papel absorbente cuando estén doradas de manera pareja.
  • Preparar la miel de chancaca calentándola con una rama de canela, cuatro clavos de olor y piel de naranja durante cinco minutos; retirar las especias antes de servir.
PZ
Patricia ZalazarTurismo y ambiente

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