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Martes, 6 de octubre de 2026
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Seis décadas de un clásico de Villa Devoto: la heladería que sobrevivió a los cambios de un barrio en transformación

En Avenida San Martín 6877, los hermanos Analía y Adrián Santa María sostienen desde hace sesenta años una propuesta que combina producción artesanal, cafetería y una historia familiar atravesada por el trabajo, la enfermedad y la continuidad de tres generaciones.

Por Patricia ZalazarTurismo y ambiente · · hace 2 h
Seis décadas de un clásico de Villa Devoto: la heladería que sobrevivió a los cambios de un barrio en transformación

A metros de la Plaza Arenales, sobre la Avenida San Martín 6877, en pleno corazón de Villa Devoto, la heladería Venecia atraviesa su sexagésimo aniversario sin alterar la rutina que la convirtió en un punto de referencia barrial. Como ocurre con los antiguos almacenes de pueblo que aún sobreviven en distintas localidades del Iberá, el comercio conserva una fisonomía y un ritmo de funcionamiento que remiten a su origen, cuando la ciudad era otra y las cadenas gastronómicas no habían colonizado todavía las veredas de los barrios residenciales.

El local abre sus puertas todos los días, de 9 a 0.30, y mantiene un precio uniforme para su producto central: el kilo de helado se ofrece a 25.000 pesos. La propuesta, sin embargo, excede la heladería tradicional. Funciona también como cafetería, con tortas caseras elaboradas por Analía Santa María, quien se formó en pastelería profesional y comparte la conducción del establecimiento con su hermano Adrián. La fórmula, sostienen ambos, no se modificó en lo esencial: producción diaria, materias primas seleccionadas y atención personalizada, en abierta contraposición con la lógica del turismo masivo que impregna a buena parte de la gastronomía contemporánea y que suele apoyarse en productos estandarizados, porciones calculadas y decoración efímera.

Una carta con identidad propia

La oferta de helados se renueva de manera permanente, aunque conserva un núcleo de sabores clásicos que define la identidad del lugar. El espumón de chocolate, de textura similar a una mousse liviana, integra una carta que también incluye crema rusa y una línea propia bautizada venecianos, con versiones de chocolate, dulce de leche y crema de vainilla con nuez caramelizada. Los sabores más demandados por la clientela continúan siendo el dulce de leche granizado y el sambayón, dos preparaciones de raíz europea que remiten a la denominación del comercio y a la herencia de sus fundadores.

A esas variedades se suman entre cinco y seis opciones sin azúcar, una incorporación que respondió a las demandas de un público cada vez más atento a cuestiones de salud. Con el correr de los años, la carta incorporó también sabores vinculados con golosinas masivas y, más recientemente, propuestas de moda como el chocolate Dubai, que Analía incorporó a la oferta sin resignar el perfil artesanal del establecimiento.

Una historia atravesada por la familia

La relación de los Santa María con Venecia no comenzó como una herencia, sino como un vínculo laboral. Rubén Enrique Santa María ingresó al negocio en calidad de empleado, cuando los fundadores, Eduardo Bernal y Eduardo Arzac, aún trabajaban como socios. Tras la separación de ambos, Rubén adquirió la propiedad mediante pagos mensuales y, desde entonces, la sostuvo junto con su esposa, Beatriz Ofelia Fernández, conocida como Betty en el barrio. Durante los primeros años, la vida familiar se desarrollaba dentro del propio local: la pareja dormía en una habitación del fondo, contigua a los motores de las máquinas productoras de helado.

Cuando Rubén enfermó, Adrián asumió las tareas de producción con apenas diecisiete o dieciocho años, en una decisión que cambió para siempre el rumbo del establecimiento. Tras la muerte de ambos padres, él y Analía continuaron al frente del comercio, al que más tarde se sumó Gianluca, nieto de los fundadores, representante de la tercera generación que ya trabaja en el local. En septiembre de 2025, la Asociación de Fabricantes Artesanales de Helados y Afines (AFADHYA) le entregó a la familia un reconocimiento por las seis décadas de trayectoria ininterrumpida, un detalle que la familia valora como un respaldo institucional a un modelo de trabajo que prioriza la producción diaria y la relación directa con la clientela.

El barrio, los clientes y la mejor época para visitarlo

La clientela de Venecia refleja la continuidad generacional del propio barrio. Adrián Santa María suele recibir en el mostrador a los nietos de quienes concurrían al local junto a sus abuelos, un fenómeno que da cuenta de la estabilidad demográfica de Villa Devoto y de la vigencia de ciertas tradiciones comerciales. La familia también abrió una sucursal en las cercanías de la plaza de Devoto, una decisión que les permitió ampliar la cobertura sin resignar el perfil artesanal del producto.

Para quienes proyecten una visita, los responsables del establecimiento recomiendan especialmente el período comprendido entre la primavera y el comienzo del otoño, cuando las temperaturas de la Ciudad de Buenos Aires acompañan el consumo de helado artesanal y la ocupación de las mesas de la cafetería se extiende hacia la vereda. En ese tramo del calendario, la carta ofrece su mayor variedad de sabores y la elaboración diaria alcanza su punto más alto de producción, en lo que constituye, a juicio de la familia, la mejor manera de conocer un comercio que, contra los pronósticos de la gastronomía masiva, cumplió seis décadas en la misma dirección.

PZ
Patricia ZalazarTurismo y ambiente

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