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Domingo, 11 de octubre de 2026
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Tres hectáreas, dos sueldos y un sueño: la familia que revivió la chacra en Centenario

Silvana Aiello y Jorge Stelrrig se conocieron en la puerta de un colegio de Vista Alegre, descubrieron que los dos venían de familias chacareras y decidieron volver a la tierra que los vio crecer. Hoy la mantienen a pulmón, con sus sueldos de empleados y la ayuda de su hijo Lucas, que ya sueña con ser veterinario.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · · hace 1 h
Tres hectáreas, dos sueldos y un sueño: la familia que revivió la chacra en Centenario

Me junté con Silvana Aiello una mañana cualquiera en la costanera de Centenario, donde el río Neuquén le pone pausa al calendario. Llegó con las manos todavía con tierra del gallinero y una taza de mate en la mano, como si tuviera todo el tiempo del mundo. Pero no lo tiene: a las siete de la tarde tiene que volver a la chacra a cerrar los conejos y revisar la alfalfa. Después de charlar un rato, me quedó una sensación que no me saco más de la cabeza: esta es una historia de amor, sí, pero también de empecinamiento.

Un encuentro en la puerta del colegio que cambió todo

Silvana y Jorge Stelrrig se conocieron hace 19 años en la puerta de un colegio, mientras esperaban que salieran sus hijos. Bastó una conversación para descubrir algo que les cambió los planes: los dos venían de familias que habían trabajado la tierra en Centenario y en Vista Alegre, los dos Extraía, los dos habían crecido entre acequias, gallineros y mesas familiares que nunca alcanzaban. "Cuando nos dimos cuenta de que los dos queríamos lo mismo, empezamos a ahorrar materiales", cuenta ella.

Durante años fueron juntando bolsas de cemento, hierros, ladrillos y mil cosas con lo que sobraba del sueldo. Compraban cuando podían, sin apuro, como quien arma un rompecabezas sin saber cuándo va a estar la foto entera. Hace tres años dieron el paso que tenían postergado: se mudaron a las tres hectáreas que el padre de Silvana, Ricardo, le dejó al morir. La casa está sobre la calle 9, justo en el límite donde el Municipio de Centenario le toca la espalda al de Vista Alegre.

La inversión de un modelo que parece nuevo y tiene casi un siglo

Lo que más me llamó la atención cuando recorrí el campo es que la lógica de esta familia funciona al revés de como funcionaba antes en la zona. El viejo lema decía que la chacra sostenía a la familia. Acá pasa al revés: hoy son los sueldos de Silvana, secretaria de una escuela técnica hace casi veinte años, y de Jorge, empleado en el área de educación, los que mantienen viva la tierra.

“Vamos con los animales, juntamos el dinero para comprar alimento, gallinas ponedoras, pollos, y vamos buscándole la vuelta. Antes no cumplían horario. Ahora uno tiene su trabajo, cumple, y a la tarde y los fines de semana atendemos los animales. Es otro tipo de estrés.”Silvana Aiello

Lo que hoy tiene el campo: animales, alfalfa y un tractor que a veces no arranca

  • Alfalfa sembrada en parte de las tres hectáreas.
  • Gallinas ponedoras y pollos parrilleros.
  • Conejos en un galpón que armaron de a poco.
  • Una incubadora artesanal que construyó Lucas, el hijo menor, con sus propias manos.
  • Un tractor viejo que a veces arranca y a veces no, esperando una mano de obra que lo arregle.
  • Un monte de olivillo y un humedal que crecieron solos donde antes iban manzanos y perales.

Lucas tiene 17 años, estudia para técnico mecánico y ya lleva adelante su propio microemprendimiento dentro de la chacra. El año pasado crió 600 pollos parrilleros, le sumó gallinas y conejos, y armó la incubadora de manera artesanal, sin, mirando videos y probando. Cuando termine la secundaria quiere anotarse en veterinaria y quedarse trabajando la tierra. Jorge, mientras tanto, ya tiene en la cabeza el próximo paso: plantar frutales y viñas para vender la producción en el mismo campo.

La historia arranca mucho antes que ellos. El bisabuelo de Silvana llegó desde Italia con 12 años, alrededor de 1920. El abuelo fue quien empezó a armar esta chacra y la fue haciendo producir durante décadas. El padre de Silvana siguió hasta que la salud le jugó una mala pasada y la tierra quedó esperando, sin manos que la hicieran funcionar. Cuando Silvana y Jorge se mudaron, la primera escena que encontraron fue la de un monte crecido sobre lo que supo ser una quinta de manzanas y peras, y un humedal que la tierra fue formando sola cuando nadie podía trabajarla.

Un pedido al Municipio que todavía les debe una mano

Antes de despedirnos en la puerta de la casa, Silvana me pidió algo concreto, y me parece justo dejarlo por escrito en esta nota. Lo que necesitan desde el Municipio de Centenario, y también desde el de Vista Alegre porque la chacra está justo en el límite, es sencillo de decir y difícil de conseguir: una asistencia técnica seria para los pequeños productores que mantienen la tierra activa sin subsidios, sin créditos blandos y sin contratos. Que les manden un agrónomo o una veterinaria que pueda pasar por la chacra cada tanto, que los escuchen cuando dicen que el campo da trabajo pero también necesita quien los oriente. Mientras tanto, esta familia va a seguir haciendo lo que sabe: levantarse, ir a trabajar, volver, atender los animales y soñar con la vendimia que algún día quiere plantar Jorge en la misma tierra donde su suegro supo cosechar peras.

RA
Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

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